In November 2022, OpenAI released GPT-4 in a chatbot form to the public. In just two months, it claimed 100 million users—the fastest app to ever reach this benchmark. Since then, AI has become an all-consuming topic, popping up on the news, in ads, on your messenger apps, and in conversations with friends and family. But as AI becomes ubiquitous and grows at an ever-increasing pace, what does it mean for the financial markets?
In MoneyGPT, Wall Street veteran and former advisor to the Department of Defense James Rickards paints a comprehensive picture of the danger AI poses to the global financial order, and the insidious ways in which AI will threaten national security. Rickards shows how, while AI is touted to increase efficiency and lower costs, its global implementation in the financial world will actually cause chaos, as selling begets selling and bank runs happen at lightning speed. AI further benefits malicious actors, Rickards argues, because without human empathy or instinct to intervene, threats like total nuclear war that once felt extreme are now more likely. And throughout all this, we must remain vigilant on the question of whose values will be promoted in the age of AI. As Rickards predicts, these systems will fail when we rely on them the most.
En 1577, obedeciendo el mandato de su confesor Jerónimo Gracián, Teresa de Jesús escribe su obra cumbre: Moradas. Inspirándose en su experiencia personal, ella va describiendo en este «tratado» las etapas y vicisitudes por las que atraviesa cualquier persona que es atraída por Dios a un encuentro real y transformador con Él. La frescura de su lenguaje, la fuerza de los símbolos que emplea para darse a entender y la constante referencia a sus propias vivencias convierten Moradas en una apasionante «Guía de viaje»: con ella nos adentramos en el misterio y la maravilla que supone entrar en relación con el Dios que habita en lo íntimo de nuestro ser.
En Mortal y rosa, sobrecogedora y tierna elegía de la infancia, Francisco Umbral evoca la muerte de su hijo. Desde la inhóspita revelación de la pérdida, el escritor construye un largo monólogo en que la muerte actúa como coartada maravillosa que convierte su pesadilla humana en una fuerza catártica y liberadora. Francisco Umbral procura el reencuentro en la evocación, y cada sensación es un continuo superar la existencia inerte, cada objeto, una excusa para la reflexión: «sillas de paja infantil, graves mecedoras, caballos de crin celeste me preguntan por ti, se preguntan por ti». Con «esta corporeidad mortal y rosa / donde el amor inventa su infinito» —verso de Pedro Salinas que preludia el texto—, el escritor aborda una cantata de belleza y originalidad máximas, que desborda todos los rencores, porque, como señala en una frase que bien pudiera glosar la obra, «el hijo es un relámpago de futuro que nos deslumbra. Por él, por mi hijo, he visto más allá, más adentro, y más lejos, y quizás, ay, eso basta».