Como expresión de originalidad, el libro “Los muchachos de la democracia” se estructura mediante una exposición apartada del seguimiento lineal de los procesos, propio de la historiografía académica moderna. Ahora bien, lo sustantivo en Los muchachos de la democracia, al margen de sus méritos literarios y de sus fórmulas distintivas, es que abre el conocimiento de un periodo iniciado en 1990, que por su naturaleza conspirativa quedó fuera del alcance de la generalidad de la población, con excepción de los involucrados, los escasos relacionados y las porciones reducidas de las cúpulas políticas.
Los muertos hablan en idioma forense, una obra biográfica en clave de tragicomedia negra, recopila en forma de anécdotas en extremo singulares, las dilatadas experiencias de Francisco J. Díaz (MD FCAP FASCP), Chief Medical Examiner, Office of the Chief Medical Examiner, en Washington, DC., patólogo de origen dominicano, con especialidades en patología forense y autopsias, patología anatómica y patología clínica.
Sus vivencias acumuladas desde hace más de veinte años sin dudas harán estremecer al lector, a la vez que permitirán derribar de manera jovial, con fina ironía, ciertas imágenes preconcebidas en torno a las víctimas y sus disímiles circunstancias, a la hora de conversar en silencio con quien las examina detenidamente.
Amarna está a punto de cumplir veintitrés años, le acaban de diagnosticar obesidad mórbida y diabetes, y tiene tomar una elegir entre un procedimiento invasivo como un balón o una manga gástrica o someterse a una leta algo más de ochenta libras. “En Los etres Cuerpos , Amarna encarna esa inquietud de manera casi dolorosa. Digo “encarna y no es casual: su gordura no aparece como un dato clínico ni como un defecto moral que deba corregirse. Noes cuestión de fuerza de voluntad. Tampoco de disciplina. Es una biografía que se fue depositando en el cuerpo, capa sobre capa.Cuando una niña aprende demasiado pronto que su voz incómoda, que su deseo estorba que conviene, hacerse pequeña para no molestar, algo empieza a desplazarse. El cuerpo toma la palabra. No lo hace con frases elegantes, sino con kilos, con pliegues, con esa materia que luego el bisturí intentará ordenar.
Anécdota: un joven angustiado y desesperado alzó su mirada al cielo y preguntó; «Dios, ¿dónde has estado todo este tiempo?». La repuesta del creador vino a su mente: «Hijo mío, siempre estaré ahí en el mismo lugar donde tu me posiciones y me valores. Soy la emoción de tu dolor y de tu felicidad, soy la ciencia y el conocimiento oculto en tu mente, el poder de crear y experimentar nuevas metas y dimensiones a través de ti». JRA. Quiero decirle a usted, lector, que esta obra que ha llegado a sus manos no es un mito cultural, tampoco está relacionada con las creencias religiosas; es solo un conocimiento ideológico que comparto, surgido de la colectividad mental que lo guiará a un nuevo nivel dimensional de conocimiento del mundo interno, para experimentar esa experiencia en nuestra vida externa.
En este proceso, quedan también los reflejos de la vida en continuo aprendizaje. Ha sido una transición y transformación decidirme a escribir acerca de esta experiencia que cambio mi vida, y la vida de mis hijos para siempre.
Los siete silencios. Relatos de las memorias, Ramón A. Lantigua se inscribe en la larga herencia de la tradición oral latinoamericana, aquella donde las historias, antes de ser literatura, fueron voz, gesto y transmisión. Estos relatos nacen de ese linaje: del murmullo que pasa de generación en generación y convierte la experiencia vivida en memoria compartida. Ambientados entre pueblos rurales, barrios urbanos y espacios donde lo cotidiano roza lo sobrenatural, los cuentos de este volumen recuperan la figura del héroe anónimo: hombres y mujeres comunes atravesados por presagios, pérdidas, fe, deseo, violencia histórica y el peso del tiempo. Sus aventuras no buscan la épica grandilocuente, sino dignidad de lo vivido y la persistencia de aquello que se cuenta para no desaparecer.