La historia del estallido volcánico e irrefrenable de una pasión tempestuosa.
Cuando el señor Loockwod llega a Cumbres Borrascosas para hablar con el propietario de la finca sobre otra propiedad suya que le ha alquilado, el ama de llaves, al servicio de la familia desde hace años, le cuenta la historia de estas casas y de las familias que vivieron en ellas.
En la mansión de Cumbres Borrascosas vivía antes el señor Earnshaw con dos hijos: Hindley y Catherine. Tras una ausencia de varios días, el padre regresó a la finca con un niño huérfano que había encontrado en las calles de Liverpool, al que llamaron Heathcliff y quien a partir de ese momento debía ser tratado como un miembro más de la familia. El joven Heathcliff congenió enseguida con Catherine y ambos se convirtieron en inseparables. Se pasaban todo el día solos, corriendo por los páramos, como dos criaturas salvajes.
Al morir su padre, Hindley hereda la mansión y relega a Heathcliff a la posición de sirviente, por lo que, aparte de las humillaciones constantes recibidas por parte de Hindley, Heathcliff se convierte en un joven cada vez más violento y trágico.
Mientras, con la intención de que su hermana consiga un buen matrimonio, Hindley alienta a Catherine para que se relacione con sus elegantes vecinos, Edgar e Isabella Linton, por más que ella no puede dejar de añorar a Heathcliff. Sin embargo, las atenciones del distinguido Linton, amable y bondadoso, no tardarán en halagarla, de modo que Catherine empezará a soñar con el lujo y la sofisticación de otro estilo de vida.
Cumbres Borrascosas, la historia del amor imposible entre Catherine y Heathcliff ambientada en los desolados brezales de Yorkshire, constituye una asombrosa visión metafísica del destino, la obsesión, la pasión y la venganza. En ella, Emily Brontë rompió con los cánones del decoro que se le exigían a toda novela en su tiempo, tanto en cuanto al tema como a la descripción de los personajes, pero la originalidad de su estructura narrativa y la fuerza de su lenguaje la convirtieron en una de las obras más perdurables e influyentes de la literatura inglesa.
«Nadie pondrá en duda que soy un padre afectuoso con todos los hijos de mi imaginación, y que ningún otro progenitor puede querer a su familia con tanta ternura. Pero, como muchos padres afectuosos, tengo un hijo favorito en el fondo de mi corazón. Y su nombre es David Copperfield.»
Este reconocimiento de Dickens en el prólogo a la edición de 1867 de la novela tiene el valor de venir de su propio «padre». Pero, desde su publicación por entregas entre 1849 y 1850, David Copperfield no ha dejado más que una estela de admiración, alegría y gratitud. Para Swinburne era «una obra maestra suprema». Henry James recordaba que de niño se escondía debajo de una mesa para oír a su madre leer las entregas en voz alta. Dostoievski la leyó en su prisión en Siberia. Tólstoi la consideraba el mayor hallazgo de Dickens, y el capítulo de la tempestad, el patrón por el que debería juzgarse toda obra de ficción. Fue la novela favorita de Sigmund Freud. Kafka la imitó en Amerika, y Joyce la parodió en el Ulises. Para Cesare Pavese, en estas «páginas inolvidables cada uno de nosotros (no se me ocurre elogio mayor) vuelve a encontrar su propia experiencia secreta».
Un misterioso anuncio de una sola línea en una revista culinaria, sin número de teléfono ni dirección: ¡quienes deseen visitar la taberna Kamogawa tienen que confiar en un toque de magia para llegar hasta ella! Solo los asiduos y los curiosos, guiados por el destino, encuentran el camino hasta el pequeño edificio escondido entre las callejuelas de Kioto.
La pareja formada por el padre y la hija Kamogawa ha empezado a anunciar sus servicios como «detectives de la comida»: mediante ingeniosas investigaciones, son capaces de recrear un plato del pasado de sus clientes, guisos que bien podrían contener las claves de historias olvidadas y promesas de felicidad futura. ¿Les permitirán estos sabores redescubiertos cerrar la puerta a los remordimientos y empezar de nuevo?
Javier Marías rinde homenaje en este libro a uno de los novelistas contemporáneos que más admiraba: Vladimir Nabokov. Su intención era conmemorar a un escritor con el que se sentía en deuda literaria y animar a los lectores a que lo busquen con más frecuencia.
Marías nos cuenta, por ejemplo, que un día de 1950 la mujer de Nabokov, Véra, logró detenerlo cuando se disponía a quemar los primeros capítulos de Lolita, agobiado por las dudas y las dificultades. También que le molestaba mucho que le atribuyeran influencias, fueran de Joyce, Kafka, Proust o de Dostoyevski. Y que los mayores éxtasis los experimentó a solas: cazando mariposas, creando problemas de ajedrez, traduciendo a Pushkin y escribiendo.
Durante cerca de una década, Sheila Heti registró en sus diarios más de quinientas mil palabras sobre su día a día, sus pensamientos, sus odios y sus amores, sus juicios consolidados y sus ideas efímeras. Y entonces decidió volcar todas esas oraciones en hojas de Excel, reordenarlas alfabéticamente y eliminar todas aquellas que fueran superfluas. El resultado es Diario alfabético, un inteligentísimo experimento literario en el que la autora aparece y desaparece entre sus obsesiones y sus vacíos: el número de veces que menciona a una amiga, la ausencia de determinados términos y la continua repetición de otros, aquello a lo que queda reducida una historia de amor si eliminamos el simple relato cronológico.
Hollywood, 1967-1971: años de vértigo y exceso donde artistas, estrellas de cine, músicos y camellos compartían escenarios y ambiciones. En el centro de ese torbellino, dos escritoras marcaron el pulso de una época: Eve Babitz, ahijada de Igor Stravinsky, musa insolente que posó desnuda frente a Marcel Duchamp y fue amante de Jim Morrison, y Joan Didion, un misterio tras sus gafas oscuras y su expresión impenetrable. Entre ambas se forjó una relación compleja, fascinante y peligrosa: amistad, rivalidad, espejo y abismo.
Con una prosa incisiva y vibrante, Lili Anolik reconstruye la relación entre dos mujeres que cambiaron la manera de ver Los Ángeles y de entender la escritura. El resultado es una carta de amor en forma de doble biografía. El modo más original y electrizante de acceder a los universos literarios de Didion y Babitz, y de abrir, como quien fuerza un cajón cerrado con candado, la intimidad de Didion, para revelar al fin el enigma que envuelve su figura.
Don Quijote de la Mancha narra la historia inmortal de un hidalgo pobre que enloquece tras leer demasiados libros de caballería y decide convertirse en caballero andante bajo el nombre de Don Quijote. Con una armadura vieja, un rocín flaco llamado Rocinante y la ilusión de defender la justicia, sale por los caminos de La Mancha. Convence a un labrador llamado Sancho Panza para que sea su escudero, prometiéndole una ínsula como recompensa.
Don Quijote ve el mundo a través del filtro de sus libros: molinos de viento se le aparecen como gigantes, posadas como castillos y campesinas como princesas encantadas, especialmente Dulcinea del Toboso, a quien jura lealtad. Sus aventuras están marcadas por el absurdo, los malentendidos y las palizas, pero él se mantiene firme en sus ideales caballerescos. Sancho, más práctico, lo sigue con lealtad, aunque a veces duda y otras se deja contagiar por la fantasía de su amo.
Donde el corazón te lleve es una obra narrativa exquisita: dulce remembranza de una voz que se deja llevar por los tímidos dictados del corazón.
Lo que no supimos decir nos dolerá eternamente y sólo el valor de un corazón abierto podrá liberarnos de esta congoja. Nuestros encuentros en la vida son un momento fugaz que debemos aprovechar con la verdad de la palabra y la sutileza de los sentimientos.
Viendo inminente el final de su vida, Olga decide escribir a su nieta una larga carta para dejar constancia de lo que ninguna de las dos ha sabido ni decir ni escuchar. Cuando la nieta regrese, sólo encontrará la relación de los pensamientos, sentimientos, delicadeza y esperanza, soledad y amargura que la vida ha ido tejiendo. Por la carta, se sabrá cuál fue la historia de la familia, las peleas con la hija muerta, los desencuentros y las heridas que nunca cicatrizaron.
"Hay dos cosas en esta historia, la historia de cómo Jules Verne permitió que el futuro fuese como acabó siendo, porque fue él quien desarrolló la (TRAMA), y sigan leyendo, porque descubrirán cómo lo hizo, descubrirán cómo la literatura está también, y sobre todo, (CREANDO) el (MUNDO), y de qué forma (TODO) debe imaginarse primero para poder luego (EXISTIR)". Laura Fernández (1981) es autora de seis novelas: Bienvenidos a Welcome (2008), Wendolin Kramer (2011), La Chica Zombie (2013), El Show de Grossman (2013), Connerland (2017) y La señora Potter no es exactamente Santa Claus (2021), galardonada con el premio El Ojo Crítico de Narrativa 2021. También es periodista y crítica literaria y musical. Tiene dos hijos y un montón de libros de Philip K. Dick.