Harta de la intolerancia, de que el mundo esté «manejado con los pies» y de que no haya manera de que los humanos nos pongamos de acuerdo, y convencida de que ella es tan ciudadana como la que más, Mafalda despliega lo mejor de sí misma en el análisis crítico de la realidad política y social que la circunda.
«No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio».
El mito de Sísifo es el ensayo fundacional de la filosofía del absurdo, una obra mayúscula que dio a conocer el gran talento de Albert Camus. Publicada en 1942, el mismo año que El extranjero, fue una de las primeras obras que revelaron al público la inteligencia y la sensibilidad del autor.
El título del ensayo hace referencia a un personaje de la mitología griega que enfadó a los dioses por su extraordinaria astucia y fue condenado a empujar perpetuamente una piedra enorme montaña arriba. Al llegar a la cima, la piedra volvía a caer hasta el valle, desde donde Sísifo debía volver a empujarla hasta la cumbre, y así eternamente. Por medio de esta alegoría, Camus discute la cuestión del suicidio y el valor de la vida, presentando a Sísifo como imagen del esfuerzo inútil e incesante del hombre. De este modo plantea la filosofía del absurdo, según la cual nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que creamos. Siendo el mundo tan fútil, pregunta Camus, ¿qué alternativa hay al suicidio?
Cuando nos salimos del camino marcado, las distancias con quienes nos rodean a veces son insuperables.
En abril de 1967, la autora y protagonista, por entonces joven aspirante a profesora de secundaria, supera el examen de capacitación en un liceo de Lyon para orgullo (y recelo) de su padre, antiguo obrero que, procedente del medio rural y tras trabajar duramente, ha acabado convertido en propietario de un pequeño comercio en las provincias. Para ese padre, todo eso significa otro paso adelante en su difícil ascenso social; sin embargo, poco le dura esta satisfacción, ya que fallece dos meses después. Padre e hija han traspasado sus respectivos «lugares» dentro de la sociedad. Pero se han mirado entre sí con suspicacia, y la distancia entre ambos ha ido tornándose cada vez más dolorosa.
El lugar se centra, pues, no sólo en los complejos y prejuicios, los usos y las normas de comportamiento de un segmento social de límites difusos, cuyo espejo es la culta y educada burguesía urbana, sino también en la dificultad de habitar en un espacio propio dentro de la sociedad.
Una mujer ante una sociedad en la que el aborto es un tabú (y un delito).
En octubre de 1963, cuando Annie Ernaux se halla en Ruán estudiando filología, descubre que está embarazada. Desde el primer momento no le cabe la menor duda de que no quiere tener esa criatura no deseada. En una sociedad en la que se penaliza el aborto con prisión y multa, se encuentra sola; hasta su pareja se desentiende del asunto. Además del desamparo y la discriminación por parte de una sociedad que le vuelve la espalda, queda la lucha frente al profundo horror y dolor de un aborto clandestino.
Una escena familiar, y sus consecuencias perturbadoras, diseccionadas por la autora que ha hecho de su vida materia literaria.
En 1952, cuando Annie Ernaux tenía doce años, su padre quiso matar a su madre un domingo de junio, a primera hora de la tarde. Años después, esa escena se le presenta a la autora tan diáfanamente cruel como el día en que la vivió. Como en tantas otras familias, sus padres, que se odian entre sí, adoran en cambio a la niña, por lo que, mientras pasan los días y el olvido invade el hogar, el recuerdo de aquel domingo parece convertirse en un mal sueño. Sin embargo esa escena cambió para siempre a la autora: aquella niña y su familia «habían dejado de ser gente decente», y todo había pasado a ser vergonzoso. Annie Ernaux recorre desde los códigos de conducta y las normas sociales que imperaban en su entorno, hasta las noticias del momento, las expresiones más usadas o el temor que infundían las grandes ciudades, para calibrar con exactitud hasta qué punto lo ocurrido la hicieron sentirse indigna.
En plena dictadura chilena, un angustiado hombre llega a las oficinas de una revista de oposición. Es un agente de la policía secreta. Quiero hablar, dice, y una periodista prende su grabadora para escuchar un testimonio que abrirá las puertas de una dimensión hasta entonces desconocida. Siguiendo la hebra de esta escena real, Nona Fernández activa los mecanismos de la imaginación para acceder a aquellos rincones a los que la memoria y los archivos no han podido llegar.
Confrontando su propia experiencia con los relatos del hombre que torturaba, la narradora entra en las vidas de los protagonistas de ese testimonio ominoso: un padre que es detenido mientras lleva a sus hijos al colegio, un prisionero que cree ver una nave espacial que llega a su rescate, un niño que cambia de nombres y de vidas hasta ser testigo de una masacre, entre otros.
Clarissa Dalloway se prepara para dar una fiesta. Eso es todo. Y, sin embargo, eso lo es todo. Porque en esa jornada aparentemente trivial se condensan años de renuncias, recuerdos, decisiones que marcaron destinos, ecos de guerras y vidas que se cruzan sin tocarse. Woolf construye una sinfonía de voces interiores que se entrelazan con el rumor de Londres, creando un retrato de lo humano con una belleza conmovedora y brutal. Imprescindible.
Stefan Zweig es uno de los grandes genios de la narrativa breve. En sus relatos no hay grandilocuencia ni artificio: hay humanidad. Una humanidad desnuda, contradictoria, llena de ternura, cobardía, secretos y deseos que laten bajo la superficie de lo cotidiano. Estas diez historias son una muestra impecable de su capacidad para captar lo esencial, sin aspavientos, con una economía de medios que roza lo prodigioso. Aquí encontramos a seres humildes que arrastran silencios, a mujeres y hombres que se asoman, con pudor o con desesperación, a los bordes de su propio abismo. El amor resignado, la obediencia ciega, la decepción, la esperanza efímera o la fidelidad inquebrantable surgen como chispazos, sin necesidad de explicaciones, iluminando zonas oscuras del alma con una delicadeza que desarma.
Desde la conmovedora Mendel el librero hasta el poderoso simbolismo de Los ojos del hermano eterno, pasando por piezas sutiles como La colección invisible o El amor de Erika Ewald, este volumen es un testimonio del refinamiento narrativo de un autor que nunca escribió para impresionar, sino para comprender.
Pocas veces en la historia de la literatura se ha alcanzado un nivel tan alto de penetración psicológica, delicadeza narrativa y conmoción emocional como en estas novelas breves. Este volumen reúne seis joyas inigualables; cada una de ellas es un retrato íntimo del alma humana en su momento de mayor tensión, fragilidad o revelación.
El Pack Las Mejores Obras de Stefan Zweig contiene los siguientes dos volúmenes: Las Mejores Novelas de Stefan Zweig y Los Mejores Relatos de Stefan Zweig.