En el pequeño café de Tokio, algunos lunes del mes se llenan de un aroma especial: su dueño prepara, sin previo aviso, una cata de matcha y transforma el día de quienes, sin esperalo, entran allí. Ese gesto inesperado da inicio a doce relatos a lo largo del año: una mujer que necesita cambiar, una pareja que se enfrenta a una crisis, una artista que ha perdido su propósito y una joven que lucha por liberarse de las expectativas familiares. Historias íntimas y luminosas unidas por el matcha y por un ritual compartido que, al cruzar sus vidas, les permite recuperar la calma, la claridad y la posibilidad de empezar de nuevo.
«Nuestra lengua es como el viento, una mezcla de todos los paisajes por los que hemos pasado a lo largo del camino.»
Hiruko ha visto cómo su tierra natal, un archipiélago situado entre la China meridional y la Polinesia, ha desaparecido del mapa engullida por los estragos del cambio climático. Refugiada en Dinamarca, ha inventado su propio lenguaje, el panska, un idioma flexible con el que es capaz de comunicarse en cualquier país escandinavo y que enseña a quienes, como ella, no pertenecen ya a ninguna parte. Pero en un mundo en el que las fronteras se desdibujan y los mapas se reescriben a la fuerza, ¿qué significa realmente pertenecer a un lugar?
Impulsada por la nostalgia y la sensación de pérdida tras la desaparición de su país, y acompañada por Knut, un joven lingüista danés fascinado por las relaciones entre identidad y lenguaje, Hiruko emprende un viaje por Europa en busca de antiguos compatriotas que hablen su lengua materna. En el camino, se cruzarán las historias de un elenco de personajes que, cada uno a su manera, tratan de hacer frente a sus prejuicios, a las expectativas sociales y a la constante evolución de sus distintas realidades.
Isidore-Lucien Ducasse nació el 4 de abril de 1846 en Montevideo, y falleció con solo 24 años en París el 24 de noviembre de 1870. Su impacto en la poesía y en el arte, sin embargo, fue enorme, ya que sus textos circularon entre los escritores y lectores más sagaces de la capital francesa, especialmente bajo el pseudónimo que lo hizo célebre: el conde de Lautréamont. La obra creativa de Ducasse consta solo de tres obras: "Los Cantos de Maldoror", editados también en Letras Universales, y los dos delgados tomos que recoge este volumen, titulados "Poesías I" y "Poesías II". En ellos se lleva a cabo un ejercicio radical de escritura que adelanta procedimientos que no volverán a verse hasta décadas después, cuando algunos de los autores más importantes para el surrealismo y las vanguardias lo declaren entre sus modelos.
Nobuki, el hijo mediano de la familia Niré, lleva una vida feliz con su mujer y sus dos hijas pequeñas. La noticia de que van a tener un tercer hijo alegra aún más esta dulce existencia, en la que Nobuki alterna la vida familiar con su trabajo y su afición por la guitarra clásica. Lo único que ensombrece sus días es el alzhéimer de su madre, Fujiko: el avance de la enfermedad es tal que ya no reconoce ni a su propio hijo. De pronto, un día, en el cajón de su antiguo escritorio, que guarda con cariño desde su infancia, Nobuki descubre un diario íntimo. Es de su madre. Al empezar a leerlo, comprende que ella sintió la necesidad de registrar todo lo que temía olvidar cuando vio flaquear su memoria: su día a día, sus mejores recuerdos, pero también la ira o los miedos soterrados. Nobuki descubrirá así a una mujer, su propia madre, que, ahora que ya no puede contarle de viva voz su vida, lo hará a través de la palabra escrita.
El viejo escritorio es el cuarto título de la pentalogía de Aki Shimazaki en torno a la familia Niré, que en Suzuran se centró en la hermana menor, la ceramista, en Luna llena narró la historia de la entrañable pareja que forman los padres, y en Una joven en Tokio acercó a los lectores a la hija mayor de la familia, Kyoko.
En lo pequeño y lo insignificante: ahí es donde se esconde la vida, ahí es donde construye su nido. Nuestro narrador padece un extraño síndrome: sufre de empatía patológica, es capaz de adentrarse sin permiso en los recuerdos de los demás. Así, viaja de un recuerdo a otro, desde una feria rural búlgara en 1925 ―donde conoce a un minotauro― hasta el interior de la mente de una babosa que es devorada por su propio abuelo. A partir de esa materia insólita, Gueorgui Gospodínov construye en Física de la tristeza un prodigioso laberinto donde la memoria personal se funde con la historia colectiva. En parte relato de madurez, en parte crónica familiar y en parte reflexión sobre la vida en la Europa del siglo XX, la novela salta de época en época y de identidad en identidad, trazando un mapa de pérdidas, migraciones y nostalgias.
¿De qué sirve ser joven y tener sueños si has nacido en la época equivocada?
Sicilia, 1924.
Mientras el fascismo avanza, Nardina anhela estudiar Derecho, pero termina atrapada en un matrimonio impuesto para perpetuar la dinastía de los Cangialosi. Sabedda, marcada por la pobreza, queda embarazada de un barón sin poder cuidar al hijo que espera. Un plan de tintes mafiosos entrelazará para siempre los destinos de ambas jóvenes.
Sicilia, 1960.
Carlotta, inteligente y decidida, sueña con ejercer la abogacía, pero su época la relega al archivo notarial. Allí, un documento olvidado revela una acusación dolorosa: su abuela asegura que su madre no la alumbró, sino que la compró. Ese descubrimiento la impulsa a desenterrar los secretos que unen a Nardina y Sabedda y a enfrentarse a las sombras que el fascismo dejó en su familia y en su tierra.
Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que sufre como pintor, vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando ambos llegaron de vacaciones a un pueblito francés. ¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación en el que madre e hijo por fin bajarán las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable.
«El sonido de cuerno que nos llega de Capo d’Orlando no es el olifante de un superviviente, sino una voz cuyo eco cada uno puede oír en sí mismo». Las palabras de Eugenio Montale precedieron la fortuna de los Cantos barrocos de Lucio Piccolo, que, presentados aquí junto a una amplia selección de sus poemas, cuentan ya con amplio reconocimiento en el ámbito de la poesía italiana de la segunda mitad del siglo XX. La continuidad del canto pleno y total, en que realidad y mito, naturaleza y sentimiento se funden más allá del tiempo y el espacio, los hermanan al resto de composiciones. Un regreso a la rústica Sicilia literaria, la misma de El Gatopardo de Tomasi di Lampedusa, con quien Piccolo está unido no sólo por lazos de sangre, sino también por íntimas correspondencias que tienen su origen en el ambiguo edén siciliano.
Los textos reunidos en estas páginas tienen orígenes distintos pero una voluntad común: reivindicar el ensayo literario como género en la era de la «pragmática» nonfiction. Y es que el ensayo, como nos recuerda Zagajewski, es una prueba, un eterno errar. Quizá por ello haya atraído a tantos poetas en su intento de «salvar el abismo que separa los dos principales elementos del mundo poético: lo estable y lo inestable, lo previsible y lo indómito, la literatura y la epifanía».
De los versos de Rilke, Herbert, Milosz, Szymborska y Machado a la prosa de Józef Czapski, W. G. Sebald y Hanna Malewska, Zagajewski reflexiona sobre qué significa ser poeta, los retos a los que deben enfrentarse los escritores para reconciliar la distancia artística con la obligación de participar en la vida pública y, claro está, por qué acudir a la poesía en tiempos oscuros.
-Roma, ¿no estás cansada de ser eterna?
-Sí.
"Este es el libro de todas las personas que han caído y se han levantado; de aquellas que han conseguido bailar más allá del miedo; de las que, cuando todo estaba quemándose a su alrededor, encontraron un motivo para brillar más que el fuego.
Roma ardiendo y tú bailando es el hogar de la esperanza, de los lugares de la vida en los que, a pesar de la oscuridad, se consigue mirar hacia un horizonte, hacia el túnel de salida".
Miguel Gane sorprende con una poética inédita. En estas páginas, Roma se personifica, adquiere voz y se rebela ante la destrucción de su propio ser. Roma es metáfora de un mundo que agoniza y, transformada en mujer, deja de ser musa para convertirse en artífice de su propio incendio, de su propia caída y reconstrucción. Como un ave fénix de cuyas alas surge la luz.