La pequeña indignada más famosa del mundo reflexiona sobre los grandes temas de la vida.
Mafalda se hace muchas preguntas, demasiadas preguntas que a menudo irritan y superan a los que la rodean. Nuestra pequeña indignada se cuestiona los temas universales y comparte sus reflexiones sobre el mundo.
Mafalda detesta la sopa y denuncia siempre que puede los inconvenientes que tiene sobre la salud y sobre el humor de las personas sensatas. Comer sopa va en contra de sus principios pero esta vez tiene las de perder, y tendrá que aprender a tragarse su frustración a cucharadas.
«La sopa es a la infancia lo que el comunismo a la democracia.»
«En esta familia no hay jefes, somos una cooperativa». Lo dijo Mafalda cuando un vendedor llamó a su puerta preguntando si el jefe de la casa podía salir al rellano. Evidentemente, la niña entendió que en los tiempos que corren eso era una tontería.
Rebelde, inteligente e idealista, Mafalda comprende mejor que cualquier adulto que en su casa no debería haber estereotipos. La familia sin apellido de Mafalda es algo más que una foto en el mueble-bar: quiere más. De hecho, desde la primera viñeta hasta la última, emprende un viaje para defenderse de la vulgaridad a la que parecía abocada, para salir de la monotonía, para demostrar que la normalidad no existe y que las bases de lo que significa «ser familia», en todo caso, las pondrá cada uno de ellos.