En un mundo dominado por la explotación voraz y la injusticia sistemática, la literatura se convierte en un arma arrojadiza. Takiji Kobayashi, el gran exponente de la narrativa proletaria japonesa, empuñó su pluma sin miedo para denunciar las condiciones inhumanas de los trabajadores y pagó con su vida el precio de su valentía.Esta antología reúne sus relatos más emblemáticos, encabezados por su obra maestra, El cangrejero (Kanikosen), un feroz retrato de la brutalidad capitalista a bordo de un barco factoría, donde los tripulantes son reducidos a meras piezas de una maquinaria despiadada.Con un estilo directo y una fuerza arrolladora, Kobayashi plasma la agónica desesperación de los explotados, pero también su determinación por luchar, en historias cargadas de realismo y emoción que son un testimonio conmovedor de la dignidad humana.
Entre los músicos de la Orquesta de Venus, Gauche, el violonchelista, es sin lugar a dudas el menos dotado: entra a destiempo, su instrumento desafina y no transmite ninguna emoción. Sin embargo, cuando el director se lo reprocha enfurecido, Gauche no se rinde, sino que redobla esfuerzos y comienza a practicar por las noches. Entonces, unos inesperados visitantes empiezan a acudir a sus ensayos. Juntos harán que su forma de tocar cambie por completo.
Con Trafalgar y La corte de Carlos IV, Galdós emprendió uno de los proyectos más ambiciosos de la literatura escrita en español. Nadie ha repetido la proeza de convertir en ficción cerca de un siglo de nuestra historia (los años que van de 1805 a 1880) a través de cuarenta y seis novelas de corta extensión.
Escritos entre 1873 y 1912 y agrupados en cinco series, cada episodio es un relato autónomo, pero también es posible leer cada serie como una novela larga completa, cuyo nexo es la etapa allí reflejada en personajes históricos y ficticios, que viven los sucesos cuando se producen, entremezclados con sus experiencias cotidianas. La BCRAE presenta los dos primeros episodios, en los que domina, como en toda la Primera serie, la voz de Gabriel Araceli, casi un niño en el arranque de una acción rememorada en su vejez.
La presente edición analiza a fondo las características de la escritura galdosiana y atiende a las sucesivas fases de redacción de la novela, para establecer un texto seguro y autorizado, con una anotación adecuada a la inagotable riqueza verbal, imaginativa e historicista de los Episodios, más un estudio que da cuenta en su conjunto de este colosal e inigualado esfuerzo narrativo.
Esta es la historia de su infancia en Brooklyn, un barrio habitado mayoritariamente por negros y en el que comienza a emerger una nueva clase blanca.
Esta es la historia de la América de los años setenta, cuando las decisiones más intrascendentes -qué música escuchar, qué zona ocupar en el autobús escolar, en qué bar desayunar- desataban conflictos raciales y políticos.
Esta es la historia de lo que habría pasado si dos adolescentes obsesionados con superhéroes de cómic hubieran desarrollado poderes similares a los de los personajes de ficción.
Esta es la historia que Jonathan Lethem nació para contar.
Esta es La fortaleza de la soledad.
En un pasado lejano, no la llamábamos Hiroshima, sino Ashihara. Era un amplio delta cubierto de juncos». Así comienza la descripción que la escritora Ota Yoko hace del paisaje de su ciudad natal antes de que, el amanecer del 6 de agosto de 1945, la primera bomba atómica que descendía sobre el mundo lo cambiara para siempre. En un instante, un destello de luz verde azulada dejó tras de sí cientos de miles de muertos, una cifra superior de heridos, los edificios derruidos y la tierra quemada. Apenas unos días después, Japón resolvía su rendición absoluta: la guerra había terminado, pero, como remarca la autora, la vida continuaba.
Ciudad de cadáveres es el grito agónico de una víctima apremiada por la urgencia de plasmar por escrito la devastación, el horror, la desesperación y el caos de los que ha sido testigo.
Dos de las novelas más importantes de Jane Austen reunidas en una magnífica edición estuche.
Orgullo y prejuicio
Con su amable ironía, sus diálogos chispeantes, su desenlace romántico y sus enérgicas heroínas, Orgullo y prejuicio es la novela más popular de Jane Austen. La historia de amor de Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy, que primero se rechazan, luego se desafían y al cabo se cautivan el uno al otro, es también una novela sobre la búsqueda de la felicidad y la afirmación de la identidad en un mundo de estrictas normas sociales, donde una mujer tiene que casarse bien para salir adelante.
Sentido y sensibilidad
En Sentido y sensibilidad, Jane Austen explora con sutileza e ironía las opciones de la mujer en una sociedad rígida, donde el éxito o el fracaso dependen de la elección del marido. La historia se centra en dos hermanas, Elinor y Marianne, cuyas personalidades antagónicas ejemplifican dos posibles respuestas femeninas ante la hipocresía dominante: el «sentido común» y la «sensibilidad». Sin embargo, tanto un camino como el otro entrañan sus peligros.
El duque Jean Floressas des Esseintes, último descendiente de una antiquísima familia de la aristocracia, cansado de París y de un mundo "mayormente compuesto por rufianes e imbeciles", vende su heredad, se hace con unas rentas comprando deuda del Estado y se retira en una casita en Fontenay-aux-Roses, "lejos del constante diluvio de estupidez humana". Tiene treinta años y ya se ha hartado de todo, incluso de sus propias extravagancias, como dar cenas "de duelo" con manteles negros y una orquesta que toca marchas fúnebres. En su nueva residencia solo aspira a la soledad, a vivir de noche con luz artificial, en compañía de su biblioteca de autores desdeñados de los últimos tiempos del Imperio romano, sus cuadros de Gustave Moreau y Odilon Relon, y un acuario con peces mecánicos. De la naturaleza ya solo piensa: "que monótono almacen de praderas y árboles, ¡que agencia banal de montañas y mares!".
En su recorrido de la niñez a la adolescencia, el joven Naka nos ofrece un delicioso y vívido retrato de la vida a finales del período Meiji (1912). Una crónica íntima y evocadora sobre los gustos, estilo de vida, paisajes, objetos y modales de un Japón perdido. La cuchara de plata son las memorias de la infancia más elogiadas y leídas de Japón. Kansuke Naka fue un poeta, ensayista y novelista japonés, discípulo de Soseki Natsume, quien elogió profusamente la “frescura y dignidad” de la prosa de Naka y apoyó la primera edición de este libro. La oportunidad de viajar a un Japón que ya no existe de la mano de uno de sus escritores imprescindibles, cuya prosa elegante y exquisita tiene el poder de sumergirnos en una de esas historias que perduran en la memoria mucho tiempo después de haber sido leídas. “Maravilloso, fácil de leer y lleno de información fascinante sobre la vida y la cultura japonesas” San Francisco Book Review “Su perdurable estatus como uno de los relatos más queridos de Japón sobre la vida en Tokio a principios del siglo XX se debe no sólo a los detalles históricos de Naka, sino también a que es una parábola de nuestro sentido contemporáneo del aislamiento” The Japan Times
Georges Duroy, un ex suboficial que ha servido en Argelia, malvive en París con un empleo sin futuro. Tres francos con cuarenta céntimos es lo que tiene en el bolsillo al empezar la novela, lo que equivale «a dos cenas sin almuerzo, o a dos almuerzos sin cena, a elegir». Pero un fortuito encuentro con un antiguo compañero del ejército, que ahora es redactor político de un periódico influyente, va a cambiar su vida. Iniciado por su amigo en el periodismo, ese oficio de «quienes despachan la comedia humana cobrando por líneas», se encuentra de pronto rozando los círculos del dinero y el poder. Joven y apuesto, pronto se da cuenta que a través de las mujeres «se llega más deprisa»; ve, además, que, aunque no le sobren luces ni talento, lo importante para triunfar es «el deseo de triunfar». Buen Amigo (Bel-Ami) (1885) avanza a golpes de deseo y de ambición, «vanidad halagada y sensualidad satisfecha»: bajo su férula caen amantes, matrimonios, herederas y ministros.
En la década de 1880, un geógrafo francés llamado François Élie Roudaire quiso inundar parte del desierto del Sáhara con agua del Mediterráneo, excavando un canal desde el golfo de Gabes hasta un conjunto de lagos salados norteafricanos, con la intención de modificar así el paisaje y crear un microclima propicio al desarrollo de la agricultura.