Estos poemas están escritos entre los años 2014 y 2022, en tres golpes de escritura que se extendieron a lo largo de uno o dos meses en cada caso. Quizá pueda parecer poca producción para ese intervalo de tiempo, pero como Aroa Moreno dice en el prólogo, «nunca he forzado a la poesía». Son treinta y dos poemas que tienden la mano al lector, y dan cuenta de fragmentos de la vida de una mujer que ya ha cumplido con alegría cuarenta y dos años.
Se trata de poemas que mantienen un diálogo con algunas ideas que alguna vez la autora se susurró a sí misma, que atraviesan su biografía y son un intento por sostener todo el torrente emocional por el que pasaba, y que encontró buen cauce a través de estos versos. No responden a las cuestiones que solemos considerar más importantes, tampoco pretenden ser un dogma ni un compendio, no están hechos ni de la felicidad más grande ni de los días más limpios, pero sí de aquellos momentos en los que la autora perdió el mundo de vista.
Jennifer Clement creció en Ciudad de México en los años sesenta, a apenas una puerta de distancia de la casa de Frida Kahlo y Diego Rivera. Su infancia, bohemia y muy poco ortodoxa, le permitió convivir con artistas, poetas, comunistas y revolucionarios y, más adelante, experimentar su propio despertar creativo. En los años ochenta, decidió sustituir las revoluciones de Latinoamérica por la contracultura de Nueva York, y pronto se convirtió en un referente de su escena cultural, habitando los mismos espacios que Jean-Michel Basquiat, Keith Haring, Colette Lumiere y William Burroughs, y frecuentando locales tan legendarios como The Mudd Club, Danceteria y Studio 54. La autora de La viuda Basquiat regresa con un memoir literario que es a la vez la historia de dos peligrosas, y por ello importantes, ciudades: Ciudad de México y Nueva York, y un retrato de los artistas que trabajaron en, desde y a pesar de ellas.
Tras haber huido con su familia de los estragos de una guerra que desintegró a su país y luego de vivir en Perú durante varias décadas, Vera aún conserva intacta la imagen de todo aquello que dejó atrás. Acorralada por la soledad, revive sus primeros años junto a su hermano Alex y su amiga Misha. En medio de las bombas, los tres niños, como en un juego infantil, emprenden la formación de su propio ejército con la ilusión de salvarse de una guerra mayor. ¿Qué parte de Vera se quedó en su lugar de origen? ¿Qué busca recuperar al volver la vista atrás? Su historia, como la de muchos exiliados, está signada por una mezcla de renuncias y sacrificios, pero también por una fuerza que, silenciosamente, arrastra una corriente de esperanza capaz de resurgir en el momento menos pensado.
Contada en dos tiempos que encauzan la experiencia dividida de su protagonista, Casi todo desaparece reproduce, con notable dominio narrativo, el emocionante devenir de una memoria de heridas abiertas y valientes desafíos.
La bella Marguerite desaparece repentinamente de su pequeño pueblo en el norte del estado de Nueva York,pero las causas no están del todo claras. ¿Hubo alguien más involucrado? ¿O simplemente aprovechó la oportunidad para dejar atrás su angustiosa vida? Veinte años despues, su hermana menor, Gigi, reconstruye las pistas de lo acontecido aquellos días y de la investigación posterior. Poco a poco, las revelaciones sobre las dos hermanas se vuelven claras, y se desvela que su perfecta vida hogareña no era tan placentera como parecía. Y sutilmente, con la maestría de Joyce Carol Oates para el suspense, comenzamos a vislumbrar lo acaecido.
Iola, Colorado, 1948. Victoria Nash es una joven de diecisiete años que ayuda a su familia a cultivar melocotones a orillas del río Gunnison. La vida parece sonreírle cuando conoce por casualidad a Wilson Moon, un joven vagabundo con un pasado misterioso, de piel morena y ojos negros y brillantes, si bien la chispa que se enciende entre ellos acabará desencadenando tanta pasión como desgracia. Y cuando la tragedia les golpea, Victoria decide abandonar la vida que lleva y huir a las montañas para protegerse a sí misma y el secreto que guarda en su interior. Con el paso de las estaciones, Victoria consigue hallar fuerzas para recuperarse y seguir adelante, gracias también a su amistad con mujeres tan fuertes y valientes como ella, aunque muy diferentes.
Inspirada en hechos reales, Como si fuera un río es una historia palpitante de resiliencia femenina frente a las dificultades, las prevenciones y las pérdidas, pero también sobre la capacidad del ser humano para encontrar coraje, camaradería y un hogar en las circunstancias más adversas.
Una trama familiar que alcanza un gran aliento épico para reflejar las turbulencias de la historia española y europea del siglo xx.
En el año 2018, en busca de un clima más soleado y benigno, Primi e Isabelle, un matrimonio belga de clase media, deciden comprar una casa en la Costa Brava catalana. La propiedad, en los alrededores de Tossa de Mar, está muy próxima a un antiguo hotel, Casa Johnstone, que durante la Guerra Civil fue adaptado por sus propietarios como refugio para un nutrido grupo de niños republicanos, algunos de ellos procedentes de Mequinensa, en la Franja catalano-aragonesa. Primi, que es hijo de españoles emigrados a Bélgica en los años sesenta, acaba descubriendo que entre esos niños estuvieron su propio padre y su tío.