París, 1817. En una pensión "de clase media", regentada con economía por una viuda, coinciden los desechos de la sociedad parisina y los jóvenes que sueñan con entrar en ella. En el último piso, el más barato, viven puerta por puerta un anciano que amasó una fortuna fabricando fideos y que, habiendo casado esplendidamente a sus hijas, ahora es menospreciado por ellas, y un estudiante de provincias que apenas tiene para unos guantes amarillos con los que triunfar en un baile. Un tercer huesped, el misterioso Vautrin, que detecta la ambición del estudiante, le propone un tortuoso crimen que podría enriquecerlo de la noche a la mañana.El pobre Goriot (1835), una de las novelas más justamente celebres de la historia de la literatura, enfrenta a dos hombres en los dos extremos de la vida: el anciano que la concluye en la ingratitud y la ruina y el joven que se abre a ella resistiendose a aceptar que habrá de elegir entre la virtud y la corrupción. "¡Ay, sepalo el lector, este drama no es una ficción ni una novela! & x02013;dice Balzac en las primeras páginas& x02013; ¡es tan verdadero que todos pueden reconocer los elementos que hay en el en su casa y quizá en su corazón!
El Príncipe Feliz y otros cuentos de Oscar Wilde, con ilustraciones de Walter Crane y Jacomb Hood, viene recibiendo las mejores críticas desde hace más de un siglo. Obra fascinante y magnética, que año tras año se reedita en tantas lenguas porque fue un clásico instantáneo y sigue siéndolo.
Aunque apenas se consiguen ejemplares de aquella primera edición de finales del siglo XIX, de apenas setenta y cinco ejemplares firmados por el autor y el editor, es esa joya bibliográfica la que siguió Libros del Zorro Rojo de manera fiel para la edición en castellano del 2013, que ahora reeditamos.
Además del cuento que titula la selección, esta recoge, «El ruiseñor y la rosa», «El gigante egoísta», «El amigo fiel» y «El cohete extraordinario», traducidos por Julio Gómez de la Serna.
Sherlock Holmes, el mejor detective de todos los tiempos, encontró su final junto con su archienemigo el profesor Moriarty en las cataratas de Reichenbach (Suiza). ¿O no fue así?
Durante diez años, Conan Doyle se resistió a escribir sobre este perspicaz a la vez que peculiar detective; sin embargo, la presión de sus fieles lectores le empujó a devolverle la vida. ¡Tremenda sorpresa se lleva el doctor Watson al encontrarse con su singular compañero durante la investigación de un asesinato! Trece nuevos apasionantes casos aguardan a los audaces e irrepetibles inquilinos de Baker Street.
Dorian Gray posee la juventud perfecta, el rostro de un dios antiguo y un alma aún intacta. Pero al contemplar su retrato ―un lienzo que empieza a reflejar los estragos de sus excesos―, se entrega a una vida de belleza, hedonismo y destrucción. Mientras su imagen permanece inalterable, su conciencia se marchita en secreto, entre fiestas, susurros y crímenes. El tiempo no pasa por su piel, pero deja huellas indelebles en su alma.
La única novela de Oscar Wilde, en una nueva y vibrante traducción de José Rafael Hernández Arias y con un posfacio del escritor Jorge Dioni López. Más de un siglo después, El retrato de Dorian Gray sigue interrogando nuestro culto a la imagen, al deseo y a la eterna juventud.
Joven agraciado y bellísimo, dotado de «toda la pasión del espíritu romántico y toda la perfección de lo griego», Dorian Gray es, cuando lo retrata el distinguido pintor Basil Hallward, la encarnación de la armonía vital incorrupta. Sin embargo, inevitablemente, las pasiones, la maldad, el impetuoso torrente de la vida, irrumpen en su existencia. Para su asombro, Gray descubre que es su retrato quien va asumiendo su deterioro físico y moral, protegiendo, en apariencia, su inmaculada imagen. Publicada en 1890, "El retrato de Dorian Gray" supuso el salto a la fama y la popularidad de Oscar Wilde (1854-1900), quien bajo el disfraz de una historia de atracción irresistible, desarrolla a la vez una fábula en torno al ser y la apariencia, la realidad y la imagen, la vida y el arte.
Cuando se publicó El retrato de Dorian Gray, la crítica moralizante acusó a su protagonista de ser una figura satánica, corrompida y corruptora, sin comprender que era el héroe de una novela que reflejaba la fatalidad de los románticos: Oscar Wilde (1854-1900) había querido hacer de la belleza un refinamiento de la inteligencia; y para ello sumió a su protagonista en una atmósfera de perversión dominada por el arte y los poderes de un misterio que está más allá de la realidad. Pero el autor no se conforma con la simple descripción: incrusta a su personaje en un crimen y, como Edgar Allan Poe en sus relatos, lo rodea de un misterio que la razón no puede explicar. Dorian Gray sigue siendo, más de cien años después de la muerte de su autor, una piedra angular en los debates entre la ética y la estética, en las relaciones que mantienen el bien y el mal, el alma y el cuerpo, el arte y la vida.