La Ilíada fue compuesta en verso. Fue concebida para ser recitada, y utiliza por tanto el hexámetro dactílico, un tipo de verso de seis pies en el que se alternan las sílabas largas y breves de un modo que confiere a la recitación un ritmo característico, ideal para ser acompañado con música: el inicio de una ininterrumpida tradición que ha dado lugar a los cantares de gesta, a los romances de ciego y al rap.
Pero han pasado tres mil años. Es tal la distancia temporal, tanta la diferencia de los referentes culturales entre el público que asistía entonces a la recitación y el lector actual de los textos homéricos, que es vano pretender reproducir, siquiera con una mínima aproximación, el efecto que la Ilíada pudo producir en las fechas cercanas a su creación.
Obra maestra pionera y reivindicativa de una de las escritoras más importantes de la literatura europea del siglo XIX.
En el Madrid de finales del siglo xix, Asís Taboada, joven viuda del marqués de Andrade, vive un intenso debate interno sobre la atracción y el deseo que siente hacia el cautivador Diego Pacheco durante las fiestas de San Isidro.
Con Insolación, Emilia Pardo Bazán fue más allá del naturalismo para adentrarse plenamente en la novela realista más psicológica y transgredir los rígidos preceptos de la moral imperante de la época. El resultado es una novela corta pero muy poderosa, que no solo demuestra el enorme talento de la autora gallega, sino que también representa un grito liberador ante las restricciones sociales de las mujeres en un sistema abrumadoramente patriarcal.
Complementa esta edición una selección de relatos breves que plasman la modernidad y la amplitud estilística y temática de Pardo Bazán.
Fray Luis de Granada hace en la Introducción del símbolo de la fe, escrita entre 1583 y 1585, un compendio de lo que todo cristiano debe saber, a la manera de los catecismos, a base de preguntas y respuestas. La originalidad del autor se encuentra en la extensa introducción donde explica los temas principales de la doctrina católica, como pueden ser la creación o la redención, destacando sus virtudes frente a los movimientos heréticos que se vivían entonces.
Cuán admirable cosa es que una pepita tan pequeña de una naranja tenga dentro de sí virtud para que della nazca un árbol tan hermoso como es un naranjo, tan oloroso cuando está florido, y tan vistoso cuando está cargado de fruto. Ni es menor maravilla que en un piñoncillo esté virtud para producir un tan grande árbol como es un pino. Crece aún esta maravilla ?como el Salvador declara en el Evangelio? en el granico de mostaza, el cual, siendo tan pequeño, tiene virtud para que dél nazca un árbol tan grande que se puedan asentar en sus ramas las aves del aire. ¿Quién, pues, fue poderoso para poner en cosa tan pequeña virtud tan grande? Pues desta virtud que hay en las semillas se aprovecha el Apóstol para persuadir el misterio de la resurrección.
«Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene de ellos? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores?».
Así empieza Jakob von Gunten, la tercera novela de Robert Walser, la más amada por el autor, y también la más discutida e innovadora, escrita en 1909 en Berlín, tres años después de haber dejado el centro donde se había educado. El gran protagonista de esta historia «singularmente delicada», según un juicio de Walter Benjamin, es el propio instituto: el alumno Jakob, a través de su diario, nos introduce en todos sus secretos, en sus dramas y pequeñas tragedias y en todos sus misterios, convirtiéndolo en uno de los escenarios verdaderamente memorables de la literatura del siglo XX.
Jane Eyre está considerada una de las primeras novelas feministas y hay que decir que su contenido reivindicativo sigue teniendo validez, aunque, desde luego, el papel de la mujer en la sociedad ha cambiado mucho desde los tiempos de las Brontë. La novela vio la luz en 1847, y fue recibida con un enorme éxito de público y crítica. La posibilidad de que hubiera sido escrita por una mujer ni siquiera se barajó, a pesar de que el título original podría haber dado alguna pista: Jane Eyre, una autobiografía. La autora real de la novela, Charlotte Brontë, no se supo hasta la segunda edición, que ya se publicó firmada por su creadora y dedicada, además, a William Thackeray (1811-1863), en agradecimiento a su entusiasmo.
Con Jerusalén liberada, Torquato Tasso se propuso escribir un poema épico a la altura de la Ilíada y la Eneida, pero no inspirado en la mitología, sino en un hecho histórico: la conquista cristiana de Jerusalén durante la Primera Cruzada. El sitio de la ciudad ofrecía el marco para la restauración de la epopeya clásica, pero la imaginación poética le infundió su pathos, porque Tasso jamás renunció a la voluntad de asombrar al lector ni a la convicción de que el verso era el medio para lograrlo. Mezclando verdad y ficción, armas y amores, fábula y tragedia, creó una epopeya moral sublime, reflexiva y melancólica, y no sólo cantó la gloria de los vencedores, sino que puso la poesía al servicio de los vencidos. Publicada en 1 5 8 1, la obra no tardó en convertirse en una de las más leídas y apreciadas de Europa, e inspiró a generaciones de pintores, músicos y escritores: de Tintoretto a Delacroix, de Monteverdi y Händel a Dvořák, y de Milton y Rousseau a Goethe y Byron, todos sucumbieron a los encantos de esta extraordinaria gesta que los melódicos versos de José María Micó logran verter al español con precisión y desenvoltura.