Jane Austen ocupó un lugar preminente en la literatura británica décadas antes de que las mujeres pudiesen disponer de una habitación propia en la que escribir novelas y abrió la senda que recorrerían las hermanas Brontë o Virginia Woolf. Su prosa, su ironía y, sobre todo, su perspicacia para el retrato social, convierten sus obras en una referencia ineludible de la literatura del siglo XIX. Orgullo y prejuicio, su novela más conocida, narra cómo Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy se enfrentan a sus prejuicios movidos por el amor que, contra pronóstico, surge entre ellos
La historia de Anna Karénina, junto a la de Madame Bovary, es la del adulterio más célebre de la literatura. El enamoramiento de la protagonista, casada con el alto funcionario Karénin, por el atractivo militar Vronski y el estrepitoso romance que con él vive son el eje de una novela que es mucho más que la pulida tragedia de una caída en desgracia: es un esmerado y delicado retrato de todo un tiempo y un lugar, la vivisección de una sociedad en la que la felicidad de algunos convive con la desdicha de otros.
Las heroínas son Marianne, Elizabeth, Fanny, Emma, Anne o Catherine. En sus órbitas no tardan en aparecer caballeros de dudosa estirpe como John Willoughby o de impecable fibra moral como Mr. Darcy. Diferenciarlos, sin embargo, no es tan fácil como puede pensarse. Y el verdadero amor rara vez está donde se espera.
En estas seis novelas magistrales, que funcionan con la puntualidad de comedias clásicas, las jóvenes descubren que el camino hacia el matrimonio está tan lleno de encantos como de desencantos, y que perseguir los propios ideales supone a veces desafiar a la sociedad que los ha inspirado. Con ironía y amabilidad, Jane Austen demuestra que es no solo la gran observadora de su época, sino una analista insuperable del corazón humano. Sin duda, Virginia Woolf no se equivocaba cuando la llamó «la escritora de libros inmortales»; esta cuidada edición completa ofrece la oportunidad perfecta para comprobar que siguen tan vivos como siempre.
Antonio y Cleopatra mantiene estrecha relación con otras dos obras de Shakespeare, Julio César (de composición anterior) y Coriolano (de composición posterior), denominadas las tres como «tragedias romanas». El tejido de interrelaciones de tradiciones textuales y orales que confluyen en Antonio y Cleopatra se perfila como una red compleja bajo la clave de escritura dramática. La representación de Antonio y Cleopatra como símbolos o arquetipos sobrepasa la instancia histórica o contextual y mantiene los elementos de individuación necesarios para aproximar la representación a la realidad, a la persona. Shakespeare trabaja en Antonio y Cleopatra, como también lo había hecho en Julio César, la colisión que se produce en los grandes personajes en su lucha entre las cuestiones de Estado y sus vidas
interiores. El centro de interés en Antonio y Cleopatra radica en la profundización de dos personajes legendarios, en un marco político conflictivo, que hace imposible su amor. La unión del contenido mítico de ambos personajes con sus características humanas constituye uno de los centros neurálgicos de la obra.
La infancia y la adolescencia de Edmondo De Amicis (1846-1908) coincidieron con la cristalización en Italia del poderoso movimiento de unidad nacional -en el cual colaboró activamente como oficial del ejército- que llevaría a la creación del estado italiano moderno. Autor de novelas, de libros de poesía y de viajes, así como de estudios militares y literarios, el escritor genovés debe, sin embargo, su fama universal a “Corazón”, obra publicada en 1886 que obtuvo de inmediato un enorme éxito de público. El elogio del trabajo honrado, la exhortación al patriotismo, el canto a las virtudes cívicas y la defensa de los sentimientos más nobles del ser humano alternan con relatos breves como “De los Apeninos a los Andes” y “El tamborcillo sardo”, que se proponen reforzar mediante historias ejemplares las enseñanzas de pedagogía moral y amor a la nueva Italia dirigidas a los jóvenes escolares.