En "Relatos fantásticos" el maestro del realismo ruso nos sumerge en mundos donde la frontera entre lo natural y lo sobrenatural se diluye en medio de sugestiones y enigmas que perduran después de su lectura. Iván Turguéniev es uno de los grandes nombres del realismo ruso, pero aquí el lector se sorprenderá con un Turguéniev casi desconocido. Estas historias, prácticamente desconocidas para el lector hispanoparlante, lo revelan también como uno de los grandes escritores de relatos fantásticos. En los nueve relatos que integran esta selección, el genial autor ruso logra con destreza esa condición que Todorov considera inherente al género fantástico: los personajes no sólo se desconciertan, dudan, se preguntan si aquello que viven en realidad sucede, o bien es producto del sueño o la imaginación; también contagian esa duda a quien lee. Iván Turguéniev, maestro indiscutible de la escritura elegante, amigo de Flaubert y Tolstói, es sin duda uno de los más notables autores de la fecunda literatura rusa del siglo XIX.
Aunque fraguadas sobre todo entre 1858 y 1861, las Rimas están integradas por piezas compuestas a lo largo de casi quince años, hasta el momento de la muerte de Bécquer, sin alcanzar una ordenación definitiva. Los temas dominantes son los propios de la poesía amorosa de todos los tiempos, como la melancolía y la incomunicación, modulados por toda la tradición aprendida (desde el clasicismo grecolatino hasta los romanticismos de escuela, pasando por la literatura del Siglo de Oro) y prestando atención a procedimientos propios de la literatura de consumo, como el sentimentalismo del folletín, la dramatización de la vida privada, la métrica de la zarzuela o el tono de la poesía alemana y de la balada de mediados de siglo.
A una isla desierta en la que no hay Dios ni naturaleza ni muerte -como expresó Virginia Woolf- llega un Robinson Crusoe que ha desoído los consejos de su padre y que, perseguido por su mala estrella y tras más de veinte años de rigurosa soledad, encuentra una huella humana en la arena. A partir de una realidad histórica (era costumbre en la época abandonar a un navegante en una isla desierta por razones disciplinarias), y de la experiencia real del náufrago Alexander Selkirk, nació Robinson Crusoe, lectura extremadamente popular en el siglo XIX, y que Georges Méliès llevó al cine en los inicios de este medio. Así, de la obra de Defoe, 'poeta de la paciente lucha del hombre con la materia, de la humildad, dificultad y grandeza del hacer', nació uno de los arquetipos de la historia de la literatura universal.
El Romancero constituye la manifestación más importante y longeva de la poesía popular en lengua castellana. Nacidos en la Edad Media para ser cantados y compartidos por la colectividad, que los conservaba en la memoria y los transmitía de viva voz, generación tras generación, los romances han pervivido casi hasta nuestros días, sometidos a lo largo de los siglos a una constante y fértil reelaboración. Su característica estructura métrica y su énfasis enunciativo aglutinan piezas de una diversidad poco menos que inagotable: episodios heroicos y caballerescos, lances y trances de amor, historias de inspiración bíblica y clásica, asuntos dominados por la maravilla o el misterio, noticias verídicas de un tiempo ya lejano.
Ignacio Martínez de Pisón fue niño en el Logroño de los sesenta, muchacho en la Zaragoza de los setenta y aprendiz de novelista en la Barcelona de los ochenta. La primera parte de su vida es la de un chico cualquiera, nacido en el seno de una familia feliz hasta la temprana muerte de su padre; años cruciales de los que se nutre su mundo literario.
Este es el apasionante retrato de formación de uno de los autores más sólidos de nuestra narrativa, unas memorias literarias que reflejan los profundos cambios vividos por la sociedad española, que en muy poco tiempo pasa de una rancia dictadura a una democracia consolidada que se integra en Europa.
«El lector de Ropa de casa se encontrará con el retrato de un joven más bien corriente, ni alto ni bajo, ni guapo ni feo, ni bueno ni malo, pero dotado, eso sí, del don de saber contar historias. Mi idea precisamente era aprovechar ese don para contarme. Para contarme y, sobre todo, para contar una época», Ignacio Martínez de Pisón
Pocas obras han desatado tanta controversia y fascinación como Salomé, el escandaloso drama con el que Oscar Wilde incendió los escenarios europeos y desafió los valores estéticos y morales de su tiempo. Con una escritura fulgurante, marcada por la sensualidad y una violencia contenida, esta tragedia breve se despliega como un ritual poético y perverso que roza lo sagrado y lo sacrílego al mismo tiempo. La historia, inspirada en los Evangelios pero desbordada por el genio provocador de Wilde, gira en torno al deseo prohibido, la obsesión y el poder de la mirada. Salomé, joven y enigmática, convierte su danza en un arma de seducción y condena, mientras que la belleza y el horror se abrazan en un clímax implacable que aún hoy continúa estremeciendo. Una reflexión aguda sobre la corrupción del deseo, la arbitrariedad del castigo y el arte como forma de transgresión absoluta. En sus páginas late la esencia misma del decadentismo y el espíritu estético de fin de siglo. Más de un siglo después, su lectura sigue siendo tan inquietante como imprescindible.