A cien años de la primera publicación en español de la novela Peter Pan y Wendy (Juventud, 1925), el presente volumen ofrece, en una minuciosa edición comentada, las cuatro únicas obras de James Matthew Barrie sobre el niño eterno que hasta hoy han permanecido inéditas en nuestra lengua: la versión teatral primigenia, misteriosamente titulada Anónimo: una obra (1904); las reveladoras anotaciones del dramaturgo para la conformación de la criatura, conocidas como Notas feéricas (1903); el cuento de marcados tintes autobiográficos «El borrón en Peter Pan» (1926); y, por último, el melancólico discurso de índole narrativa «El capitán Garfio en Eton o el Solitario» (1927). Rematan la selección tanto un conjunto de indicaciones para la escenificación y comprensión de una «pieza de hadas» (1904, 1908) como, a modo de anexo, dos inexploradas composiciones de Barrie sobre la sombra siniestra o doppelgänger, ligadas también en su esencia a Peter Pan: el relato de terror gótico «El cuerpo en la caja negra» (1885) y la obra en un solo acto La casa del miedo (1916).
Se contaba que Orfeo era un poeta extraordinario, capaz de conmover con su canto a animales, hombres y dioses, que descendió al Hades a rescatar a su esposa difunta y que logró convencer a los dioses infernales de que le permitieran traerla de vuelta al mundo de los vivos, si bien fracasó a última hora por no ser capaz de cumplir la condición impuesta de no volverse a mirarla. Por extraño que parezca, este personaje del mito se convirtió en autor de un heterogéneo grupo de obras que expresaban un pensamiento religioso distinto del imperante en Grecia, con analogías con el Pitagorismo y con la religiosidad eleusina, que postulaba un trato diferente a los seres humanos en el Más Allá, según su comportamiento en vida, y que proclamaba la posibilidad de que sus almas fueran castigadas a retornar al mundo encarnada en otros cuerpos hasta lograr su liberación. Los autores de estas obras sobre el origen del mundo y de los dioses, la creación de los seres humanos y la forma de lograr la salvación prefirieron atribuírselas al mítico personaje, para prestigiarlas.
Charlotte concibió la idea de una publicación conjunta de unos veinte poemas individuales de cada una. Teniendo en cuenta el prejuicio de la época, decidieron hacerlo bajo seudónimos de apariencia masculina, y así Charlotte fue “Currer”, Emily fue “Ellis” y Anne fue “Acton”, nombres formados con las iniciales de cada una. Como apellido conjunto eligieron Bell». En 1846, pagándose ellas mismas la edición, se publicó el libro Poemas de Currer, Ellis y Acton Bell. Sólo se vendieron dos ejemplares y dos fueron las únicas reseñas que recibió el libro. Pero el fracaso de sus poemas no sólo no las abatió, sino que les sirvió de acicate para las producciones literarias de cada una. Y así, al año siguiente, 1847, aparecieron las novelas Jane Eyre, de Charlotte; Cumbres borrascosas, de Emily, y Agnes Grey, de Anne.
Juan de Mena (Córdoba, 1411-Torrelaguna, 1456) fue testigo de excepción de las vicisitudes políticas y culturales en la corte castellana de Juan II y protagonizó un proceso que pocos autores han podido arrogarse: la creación de una nueva lengua poética, constituida en modelo indiscutible durante más de medio siglo, en el tránsito de la Edad Media al Renacimiento.
Esta novela inmensa, catalogada por algunos en la categoría de «novelas-mundo», imposible de situar en corriente literaria alguna, es una extensa e intensa meditación sobre el tiempo y la memoria, fundamentalmente, así como sobre el Arte, las pasiones y las relaciones humanas (como por ejemplo su descripción del proceso de los celos de Swann con Odette de Crécy, reflejo de los suyos propios con sus amantes, tanto femeninos como masculinos).
En la primera visita de cortesía que hace a sus nuevos vecinos, el joven Vladímir Petróvich, de dieciséis años, se enamora apasionadamente de la extravagante princesa Zinaída Aleksándrovna, la hija de esta familia aristocrática arruinada. Para él es la primera vez que experimenta todos los matices de este sentimiento: desde los nervios y la exultación hasta la vergüenza y la envidia. Porque no es el único que se siente atraído por la princesa: todo el vecindario ha se quedado prendado de ella y no han tardado en salirle pretendientes de todo tipo. Y entonces, en medio de agitadas tempestades internas, Vladimir experimentará una cruel revelación que cambiará para siempre la inocencia de su mirada.