El primer amor nunca se olvida. Vladímir Petróvich nunca imaginó que aquel verano cambiaría su vida. A los dieciséis años, se enamora perdidamente de Zinaída Aleksándrovna, una joven princesa tan fascinante como imprevisible. Entre juegos, confidencias y silencios cargados de emoción, el adolescente descubrirá la dulzura y la crueldad del amor, y aprenderá que crecer significa también perder algo de sí mismo. Publicada en 1860, "Primer amor" es una de las novelas más bellas y conmovedoras de Iván Turguénev. Una historia íntima y delicada que captura la esencia de la juventud y la intensidad de los sentimientos que nos marcan para siempre. Una joya de la literatura rusa que sigue conquistando corazones generación tras generación.
«Los Fusileros siempre éramos los primeros en desembarcar, porque, de hecho, siempre formábamos la vanguardia al avanzar y la retaguardia en las retiradas. Como los antiguos nativos de Kent, exigíamos por derecho el puesto de honor en el campo de batalla. [...] Ni el calor del ardiente sol, ni las largas millas, ni las pesadas mochilas, pudieron domeñar nuestro ardor.
[...] Era una visión gloriosa la de nuestras banderas desplegadas al viento en aquellos campos. Los soldados parecían invencibles: nada, pensaba yo, hubiese podido derrotarlos. Con decir que, nada más que en los Fusileros, contábamos con algunos de los hombres más duros que hubiesen luchado nunca bajo el sol ardiente en tierra enemiga. Pero viví para ver cómo las penalidades y la fatiga acababan con cientos de ellos antes de que hubiesen pasado unas pocas semanas.
[...] En la retirada de Salamanca recuerdo haber visto caer a muchos hombres. Entonces se trataba ya prácticamente de un "sálvese quien pueda". Aquellos cuyas fuerzas empezaban a fallarles no miraban ni a izquierda ni a derecha, sino que, con los ojos vidriosos, seguían adelante, tambaleándose, como buenamente podían.
[...] Tras la desastrosa retirada a La Coruña, los Fusileros habíamos quedado reducidos a una sombra enfermiza, si se me permite el término. Mi compañía, de cerca de un centenar de hombres, no contaba ya sino tres.»
Desde fábulas y apólogos de un solo párrafo hasta largos relatos en el umbral de la novela corta, las sesenta y siete piezas recogidas en este volumen componen una selección amplia y significativa de la narrativa breve de Tolstói. De 1857 a 1909, incluyendo textos ineludibles como «El prisionero del Cáucaso», «Historia de un caballo», «El padre Sergio» o «El diablo» junto a otros prácticamente desconocidos en español como los cuentos del «Nuevo abecedario», «Las memorias de un loco», «Buda» o «Divino y humano», sin olvidar «Cuánta tierra necesita un hombre» (según Joyce, el mejor cuento escrito jamás), esta antología preparada y traducida por Víctor Gallego cubre la trayectoria narrativa de Tolstói en todas sus fases y estilos cruciales.
Antón Chéjov está considerado como el representante más destacado de la escuela realista en Rusia y su obra es una de las más importantes de la dramaturgia y la narrativa de la literatura universal, considerándosele dentro del teatro ruso como el representante fundamental del naturalismo moderno. Es uno de los escritores rusos más importantes del siglo XIX, maestro en matices emocionales y en el retrato psicológico de personajes, con inclinación al enfoque crítico en textos llenos de sensibilidad y sentido del humor. Se han realizado numerosas versiones cinematográficas de sus obras.
La mayor parte de las narraciones incluidas en este volumen rememoran y dan forma a las intensas experiencias vividas por Jack London (1876-1916) durante el largo viaje que realizó entre 1907 y 1909 a Polinesia. Pese a estar recorridos siempre por una corriente de humor o de fina ironía, estos Relatos de los Mares del Sur expresan, sin embargo, las obsesiones y convicciones que dominaron la existencia del inquieto autor de Colmillo blanco, La llamada de la naturaleza o El vagabundo de las estrellas, todas ellas publicadas en esta colección: en los conflictos que se plantean en ellos la victoria nunca será de la moral, la ética o los ideales, sino de las fuerzas primigenias, del ímpetu ciego de la naturaleza o de la violencia de los hombres.
El sitio de Sevastópol, que se inició en septiembre de 1854 y se prolongaría todo un año, fue uno de los episodios decisivos de la guerra de Crimea, en la que Rusia se enfrentó a una alianza turco-anglo-francesa. Lev N. Tolstói, por entonces alférez en el Ejército ruso, llegó a Sevastópol en noviembre de 1854. Entre junio de 1855 y enero de 1856 se publicaron sus Relatos de Sevastópol, tres crónicas que la censura mutiló y no se publicarían íntegras hasta 1928. A Tolstói le interesaba la psicología de los combatientes, su reacción ante la muerte y el horror, y las complejas sutilezas de la jerarquía militar. Junto con los de William Howard Russell, estos relatos pueden considerarse los primeros reportajes de guerra modernos.