¿Quién era Capote antes de ser Capote? ¿Quién era antes de llevar la vida de un dandy en Nueva York, antes de internarse en Kansas a escribir la gran novela norteamericana de no ficción, antes de adoptar el apellido del segundo marido de su madre? Truman Streckfus Persons -tal era su verdadero nombre- tuvo una infancia de abandono y desencanto. Después del divorcio de sus padres, su madre lo mandó al campo con sus tías, en Alabama. Allí comenzó a escribir para mitigar el aislamiento. Esos relatos quedaron en el olvido durante casi ochenta años hasta que, en 2014, fueron descubiertos en la Biblioteca Pública de Nueva York por el editor suizo Peter Haag y su mujer, Anuschka Roshani. Los trece cuentos que integran esta antología revelan el talento temprano de Capote para observar lo que nadie más podía ver, para inventar historias, generar climas. Este libro ilumina nuevos aspectos del escritor que ya conocemos: un joven precoz, provocador, vivaz, conflictuado, extraño y brillante. Los primeros cuentos de Capote son una prueba del virtuosismo que lo llevó a crear sus grandes obras maestras y a convertirse en una leyenda de la literatura.
«En la tierra dorada el futuro siempre es atractivo, porque nadie recuerda el pasado.»
Joan Didion es una de las cronistas fundamentales de la segunda mitad del siglo XX. En una edición a cargo de Claudio López de Lamadrid, Los que sueñan el sueño dorado reúne por primera vez en castellano una selección de artículos y ensayos de sus libros
Arrastrarse hacia Belén, un clásico moderno sobre la vida en la Norteamérica de los años sesenta y especialmente sobre el centro de la contracultura, California; El álbum blanco, un mosaico de los años sesenta y setenta que incluye episodios vagamente autobiográficos; Después de Henry, donde Joan Didion nos advierte sobre las fantasías que los medios de comunicación construyen en torno a las víctimas de crímenes violentos; Salvador, que dibuja un retrato de los horrores cometidos en ese país y su estrecha relación con la política exterior de Estados Unidos, y Miami, donde reflexiona acerca de la inmigración y el exilio, y la pasión, la hipocresía y la violencia políticas.
Todos ellos conforman una visión crítica y literaria fundamental para entender la sociedad norteamericana actual.
Apenas unos meses antes del final de la Primera Guerra Mundial, cuatro jóvenes acaban sus estudios y se enfrentan al último verano de la adolescencia. En cuestión de semanas serán llamados a filas y enviados al frente, un frente del cual solo llegan noticias nefastas.
Así, unidos por su aversión a lo que promete ofrecerles la madurez, Tibor, Ábel, Erno y Béla crean un universo particular y juegan a desafiar todas las reglas: beben y fuman en exceso, juegan a las cartas, se inventan extravagantes historias, cometen pequeños hurtos...
Ante la ausencia de padres, tíos y hermanos mayores, realizan su propio aprendizaje de la vida libres del control familiar, hasta que la aparición de un improvisado mentor, un avieso actor que está de paso en la ciudad, hará que sus juegos, y sus vidas, se precipiten por caminos insospechados que los llevarán hacia un dramático desenlace.
Si bien William Carlos Williams debe gran parte de su reconocimiento a la poesía, en la que introdujo conceptos novedosos como el «pie variable» y con la que trató de aprehender un habla típicamente americana en contraposición al inglés europeo, destacó también de manera importante por sus relatos en prosa. Williams, que ejerció durante toda su vida como médico de cabecera y pediatra —ejercía de día y escribía de noche hasta caer rendido—, dedicó un buen número de historias a su profesión y plasmó una sentida y conmovedora semblanza de los hombres y mujeres corrientes. Tanto por su ocupación como por su penetración psicológica y su interés en el ciudadano de a pie y el campesino, a menudo se ha comparado a Williams con Antón Chéjov. Gran impulsor del uso del habla coloquial en su narrativa, sus aportaciones al diálogo interior y el flujo de conciencia lo situaron en la vanguardia literaria de la primera mitad del siglo XX. Pero hoy son el sustrato íntimo de sus personajes y la insondable honestidad de su mirada los que, unidos a su estilo conciso y sugerente, nutrido de imágenes imborrables, lo han convertido en un clásico y en un autor poderosamente vivo para los cánones contemporáneos.
En la que parece ser una mañana la mar de normal, la agencia Cavendish recibe una llamada para que envíe una secretaria a una casa que se encuentra en Wilbraham Crescent. Sin embargo, a la persona que realiza la llamada se le pasa por alto un no pequeño detalle: la joven Sheila Webb va a encontrar el cadáver de un hombre en el salón.
¿Quién ha llamado a la agencia? ¿Quién es el hombre asesinado? ¿Por qué hay relojes que la propietaria de la casa no reconoce por todas partes? Y lo más desconcertante de todo, ¿por qué todos los relojes marcan las 4:13?
Un clásico de la narrativa española del siglo XX.
La novela que ha inspirado la película.
Alice Gould es ingresada en un sanatorio mental. En su delirio, cree ser una investigadora privada a cargo de un equipo de detectives dedicados a esclarecer complicados casos. Según una carta de su médico particular, la realidad es otra: su paranoica obsesión es atentar contra la vida de su marido.