Tras el éxito de El tablero de la reina, Luis Zueco nos sumerge de nuevo en un periodo clave de la historia de España, el final del reinado de Isabel la Católica.
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Año 1496. Tras conseguir la unión de Castilla y Aragón, conquistar Granada y las Islas Canarias, Isabel la Católica se encuentra en los años finales de su vida, pero también en los que ostenta más poder. Un poder y un legado que no está dispuesta a perder, ni siquiera después su muerte.
«Luis Zueco está en el Olimpo de la novela histórica española».20 minutos
Luis Zueco, autor de El cirujano de almas y El mercader de libros, firma su novela más ambiciosa, llena de emoción e intriga, y nos sumerge en la Corte de Isabel I de Castilla, cuando la reina, tanto en el juego como en la Historia, se convirtió por primera vez en la figura más poderosa.
Año 1468. Castilla se encuentra en un momento crucial de su historia. Alfonso de Trastámara ha muerto en sospechosas circunstancias y Enrique IV se alza como rey obligando a su hermanastra Isabel, la única que podría oponerse a sus planes, a firmar la paz. Ella acepta, pues está destinada a convertirse en Isabel la Católica y sabe que las grandes partidas no se ganan en el primer movimiento.
Mientras los asuntos de la Corte mantienen al reino en vilo, el misterioso asesinato de un noble une fortuitamente a Gadea, una joven apasionada del ajedrez que esconde un oscuro pasado, y a Ruy, un cronista amante de la Historia y los libros. La peligrosa carrera a contrarreloj de ambos para descubrir al culpable se entrelaza con las conspiraciones y las guerras de la Corte de Isabel, quien bajo su mandato supo moverse como una maestra en el tablero y transformó para siempre la figura de la reina en el ajedrez.
Al pueblo ha llegado «la mala hora» de los campesinos, la hora de la desgracia. La comarca ha sido «pacificada» después de tanta guerra civil. Han ganado los conservadores, que se dedican a perseguir cruel y pertinazmente a sus adversarios liberales. Al alba de una mañana, mientras el padre Ángel se dispone a celebrar la misa, suena un disparo en el pueblo. Un comerciante de ganado, advertido de la infidelidad de su mujer por un pasquín pegado a la puerta de su casa, acaba de matar al presunto amante de ésta. Es uno más de los pasquines anónimos clavados en las puertas de las casas, que no son panfletos políticos, sino simples denuncias sobre la vida privada de los ciudadanos. Pero no revelan nada que no se supieran de antemano: son los viejos rumores que ahora se han hecho públicos, y a partir de ellos estalla la violencia subyacente a la luz tórrida, espesa, cansada y pegajosa, en una serie de escenas encadenadas de inolvidable belleza.
«El padre Ángel se incorporó con un esfuerzo solemne. Se frotó los párpados con los huesos de las manos, apartó el mosquitero de punto y permaneció sentado en la estera pelada, pensativo un instante, el tiempo indispensable para darse cuenta de que estaba vivo, y para recordar la fecha y su correspondencia en el santoral. "Martes, 4 de octubre", pensó; y dijo en voz baja: "San Francisco de Asís".»
Emir Rodríguez Monegal dijo...«En La mala hora García Márquez no sólo aporta su maestría sino una capacidad de superar el realismo por la vía de una exasperación de las situaciones y de una discreta alegorización de los motivos esenciales de la novela.»
Hay secretos de familia que merecen ser contados. Esta es la historia de uno de ellos.
Una noche de febrero de 1900, recién estrenado el siglo XX, en el pazo de Espíritu Santo llegan al mundo dos niñas, Clara y Catalina, cuyos destinos ya estaban escritos.
Sin embargo, una venganza inesperada sacudirá para siempre sus vidas y las de todos los Valdés.
Doña Inés, matriarca de la saga y fiel esposa de don Gustavo, deberá sobrevivir al desamor, al dolor del abandono y a las luchas de poder hasta convertir a su verdadera hija en heredera de todo un imperio, en una época en la que a las mujeres no se les permitía ser dueñas de sus vidas.
Las hijas de la criada es una historia mágica y realista al mismo tiempo, en una Galicia extraordinaria, sobre hombres y mujeres que se rebelan contra su propio destino en busca de la verdad.
NADIE ANTES QUE MANUEL VILAS HA EXPLORADO LA VULNERABILIDAD DE UN ESCRITOR COMO LO HACE ÉL AQUÍ.
Su novela, de clara inspiración autobiográfica, narra la historia vital de un escritor que se levanta todas las mañanas, desayuna y se va a trabajar a su oficina particular para crear el que espera que sea el mejor libro del mundo. En esta divertida, irreverente y locuaz historia, Vilas rompe el famoso techo de cristal para contar a todo el mundo quién y qué es un escritor desde un lugar distinto, en el que nunca ha sido expuesto, desde su fragilidad: el síndrome del impostor, la constante -y cómica- comparación con los demás, las decepciones, la incertidumbre, convivir con la alegría y el fracaso y así hasta sus últimos días.
Desde el corazón de su memoria, un hombre que arrastra tantos años de pasado como ilusiones de futuro, ilumina, a través de sus recuerdos, su historia, la de su generación y la de un país. Una historia que a veces duele, pero que siempre acompaña.
El éxito desbordante de su última novela embarca al protagonista en una gira por todo el mundo. Un viaje con dos caras, la pública, en la que el personaje se acerca a sus lectores, y la íntima, en la que aprovecha cada espacio de soledad para rebuscar su verdad. Una verdad que ve la luz después de la muerte de sus padres, su divorcio y su vida junto a una nueva mujer, una vida en la que sus hijos se convierten en la piedra angular sobre la que pivota la necesidad inaplazable de encontrar la felicidad.
A medio camino entre la confesión y la autoficción, el autor escribe una historia que toma impulso en el pasado y se lanza hacia lo aún no sucedido. Una búsqueda esperanzada de la alegría.
François Villon nació en París, en 1431. De su turbulenta vida nos han llegado pocos datos, la mayor parte relacionados con hechos criminales. Hombre de letras al fin y al cabo, Villon utilizó formas establecidas para sus poemas desenfadados, vitalistas y ofensivos. La frescura de su obra (comparable a la del Arcipreste de Hita o a la de Rabelais) ha perdurado intacta hasta nuestros días.
Hace treinta años la hermana gemela de la agente del FBI Atlee Pine fue secuestrada. Tenía solo siete años y, aunque todo el mundo da por hecho que fue asesinada, para Atlee es un caso que no dará por cerrado hasta descubrir qué ocurrió. Unas vacaciones forzosas la llevan de vuelta a su antiguo hogar y Atlee reúne algunas pistas con los recuerdos de personas que conocieron a la familia. Sus padres, abrumados por la culpa, se separaron tras la tragedia; el padre acabó suicidándose, y poco después la madre la abandonó. La aparición del cadáver de una mujer en plena calle cubierta con un velo de novia la obliga a dejar a un lado su investigación y a concentrarse en atrapar al asesino antes de que vuelva a actuar.
Cubrir de literatura los acontecimientos históricos y los espacios donde éstos se desarrollan para resaltar su lado cómico, absurdo, demencial, humano. He aquí el propósito de esta nueva novela de Manuel Longares. La historia aquí es la de las monarquías españolas de Austrias y Borbones, con sus cortes y cortesanos. Desde los siglos dorados del Imperio hispano hasta la centuria de contiendas civiles y asonadas militares que fue el XIX, pasando por el ilustrado Siglo de las Luces. Monarcas, casi todos los que en estas páginas se nos presentan, a los que inquietan menos la paz, la guerra o las geografías inéditas que los poderes de Dios. El espacio es ese Madrid que monarcas y cortesanos moldean a su gusto o eso creen, mientras otro Madrid arrabalero y lenguaraz, donde reina el pueblo soberano, intenta zafarse del abrazo del poder. Y, omnipresente, el río de Madrid que tan a menudo baja desganado y trae de todo menos agua, pero «es el nuestro», metáfora de que se quiere tener todo aunque no haya nada. Con ello, Manuel Longares nos ofrece la que es sin duda una de sus mejores novelas, en la que muestra una comprensión profunda del ser humano, ocupe el lugar que ocupe en la escala social. Un festín literario elaborado con uno de los castellanos más ricos que hoy se escriben y con un depurado sentido del humor y del esperpento que dibujará en el rostro del lector una sonrisa permanente y más de una carcajada.