ÉL VIVÍA EN EL CAOS.
ELLA BUSCABA EL ORDEN.
JUNTOS ERAN PASIÓN Y SORTILEGIO, SUEÑO Y REALIDAD.
Ella quería el cuento de hadas, no la locura. Pero ¿y si la locura fuese el verdadero cuento de hadas?
Recién llegada a Nueva York para tratar de recomponer la relación con su padre, Selene va a parar a una mansión de sueño con él, su nueva compañera y los hijos de esta. El mayor es Neil, un chico fascinante y enigmático en lucha permanente contra un pasado oscuro que no le da tregua. Como una palomilla atraída por la luz, Selene se siente cautivada por Neil. En un crescendo de eros y pasión, la chica demuestra estar dispuesta a todo con tal de entrar en la prisión de cristal donde él se ha encerrado para protegerse del mundo. Pero Neil no está dispuesto a abrirse a nadie, ni siquiera a Selene. Por más que se sienta atraído por ella, no quiere comprometerse. Sobre todo cuando en su vida irrumpe Player 2511, un desequilibrado en busca de venganza que la tiene tomada con él y su familia. Con sus enigmas, sus amenazas y sus ataques, el despiadado desconocido arrastra a Neil en un juego perverso y peligroso que tratará de ganar a toda costa, desatando una lucha sin cuartel. A merced de Player 2511, ¿logrará Neil no perderlo todo, incluso a Selene?
«[...] Nunca había estado Ursúa en mejores condiciones para emprender una aventura, más vigoroso, más dueño de su voluntad y de su lenguaje, y nunca, sin embargo, empezó a sentirse tan lejos del deseo de viajar, de iniciar campañas guerreras, de cabalgar persiguiendo sueños tras las montañas. [...] Cuando ya se sentía a las puertas del tesoro soñado por años, un tesoro más inmediato y deleitable lo había envuelto en sus redes, y si estuviera todavía a su lado Juan de Castellanos, tal vez el poeta habría dicho que la guerra y el amor se estaban disputando el corazón de Ursúa, y que siendo divinidades igualmente poderosas, era comprensible que el resultado fuera una invencible inmovilidad.»
«Era el año del Señor de 1989. La gente oía hablar de guerras y de revueltas, pero no se asustaban, pues esas cosas tenían que suceder.» El ala derecha es el volumen que cierra la monumental trilogía «Cegador». Estamos en 1989 («el último año del hombre en la Tierra», y también el año de la Revolución). La aciaga dictadura de Ceaușescu experimenta sus últimos estertores. En los circos del hambre, largas colas de mujeres esperan la comida que no llega, vigiladas de cerca por los agentes de la Securitate. Bucarest es un mausoleo, una ciudad de muertos y de noche, de ruinas y de miseria. El joven Mircea se debate entre la realidad punzante y las visiones alucinadas de un lugar que se asoma al fin del mundo, embarcado en una disección salvaje y mística de la primera infancia, en un viaje onírico por el laberinto de la genealogía familiar, en el que todo converge y todo acaba, en una plenitud tan fugaz como el latido de las alas de una mariposa.
En 1923 vieron la luz las Elegías de Duino, uno de los ciclos poéticos más influyentes del siglo XX. Rainer Maria Rilke había empezado a escribirlo diez años antes, una década en la que el mundo cambió de forma vertiginosa. Las elegías dan vueltas a todo lo que estaba desapareciendo en un entorno cada vez más tecnificado: el sentido de la trascendencia, el amor más profundo y radical, la condición efímera del ser humano. Este volumen incluye, además de una nueva traducción a cargo de Adan Kovacsics y Andreu Jaume, los poemas que Rilke escribió en aquella época sobre la misma temática y una selección de cartas sobre la gestación de la obra. Todo esto la convierte en la edición más completa, ambiciosa y rigurosa que se ha hecho en castellano de este clásico de las letras europeas.
En 1992, la ya anciana Chiyo Uno publicó la historia de Kazúe, una muchacha que, tras protagonizar una indiscreción amorosa, acaba escapando de su hogar. La narradora la sigue hasta Tokio, describe su vida hasta pasados los treinta y cinco años y se pregunta, en una suerte de hipnótico vaivén, las razones por las que Kazúe obró, decidió y sintió. El efecto es de una fuerza sorprendente y las frases cortas, sincopadas y estrictas parecen intentos de respuesta, siempre provisionales, a esa incesante inquisición.
Lamida por mansas olas nocturnas en una playa del Pacífico, la cabeza cortada de Josué Nadal cuenta, recuerda, divaga. Sabe que es la número mil en lo que va de año y que gobierna la delincuencia (traficante o corporativa) con tal cinismo que incluso se celebra el mal como si fuera el bien de la voluntad y la fortuna. En México no hay tragedia: todo se vuelve telenovela.
Josué aspiró a entender el mundo en tanto Jericó, su amigo entrañable, llegó a admirar a Caín. Ambas voluntades chocan tras recabar agravantes en la premeditación y alevosía de Asunta Jordán, mujer indómita. En cambio, Lucha Zapata representa el peligro de la generosidad y el amor. El vasto reparto de esta obra incluye Filopáter, el cura rebelde; el magnate Max Monroy; el abogado Antonio Sanginés, intermediario entre estado y empresa; Miguel Aparecido, encarcelado por propia voluntad, y por encima (o por debajo) la matriarca, la Antigua Concepción.
¿Por qué si hay cinco tigres en una jaula cuatro se alían para matar a uno? Esta novela iniciática, espesa como el corazón de las tinieblas, propone algunas respuestas.
Un corazón dibujado con rouge, cruzado por un «te quiero» y firmado «Tuya» le revela a Inés que su marido la engaña. A partir de ahí, una original novela de suspense, un ama de casa dispuesta a todo con tal de conservar su matrimonio y las buenas apariencias.
Claudia Piñeiro combina con brillantez los mejores ingredientes del género negro con un lenguaje inteligente, sutil, cargado de realismo y segundas intenciones. Tuya no es sólo un thriller vertiginoso desde sus primeras líneas, sino un relato devastador e implacable sobre la intimidad más cruda de la clase media.
«En ese sofá quedó tendido, desconcertado y exánime uno de los hombres que no fui».
Un remate de antigüedades en una vivienda donde el narrador residió hace veinte años le da pie a encontrarse de nuevo con las personas cruciales de su vida. A través de lo que pasó y lo que pudo pasar, el narrador de Los hombres que no fui se enfrenta a su memoria, a sus decisiones y a las derivas que ha ido tomando su vida, dando paso al retrato de «un mundo de formas bellas, tiránicas e infructuosas, de reglas inculcadas que podían llegar a ser mortales». Con una mirada esclarecedora, conjugando melancolía y liberación, Pablo Simonetti escribe sobre las vidas posibles que vamos abandonando con cada una de nuestras decisiones, sobre la pertenencia y la exclusión, con el trasfondo de un Santiago de Chile en llamas que le permitirá al protagonista dejar el pasado definitivamente atrás.
¿Quien o que mutila y mata a los niños de un pequeño pueblo norteamericano?
¿Por que llega cíclicamente el horror a Derry en forma de un payaso siniestro que va sembrando la destrucción a su paso?
Esto es lo que se proponen averiguar los protagonistas de esta novela. Tras veintisiete años de tranquilidad y lejanía, una antigua promesa infantil les hace volver al lugar en el que vivieron su infancia y juventud como una terrible pesadilla. Regresan a Derry para enfrentarse con su pasado y enterrar definitivamente la amenaza que los amargó durante su niñez.
Saben que pueden morir, pero son conscientes de que no conocerán la paz hasta que aquella cosa sea destruida para siempre.