Bestiario atípico y sorprendente libro de fábulas en el que la poesía, el humor y la crítica social confluyen para hacer de El Gran Zoo una de las obras cumbre de la poesía latinoamericana.
En esta nueva edición en rústica y mayor tamaño se recogen estos poemas en los que Guillén se torna jovial, irónico y mordaz con la finalidad de construir un zoo como metáfora del mundo.
Arnal Ballester ha sabido establecer un diálogo profundo con la palabra viva del gran poeta cubano a través de unas imágenes cargadas de fuerza y expresividad.
El soldado ha visto mucho: motines terroristas, punas inhóspitas, fronteras sinuosas. En esta experiencia descubre el motivo para convertirseen escritor. Tiempo después, recibe el mensaje de un desconocido, Aquiles, quien le pide que lo escuche. Aquiles era un niñocuando fue secuestrado por Sendero Luminoso. Vivía en una pequeña comunidad en el río Perené de la cual fue arrancado e incorporadoa la gran masa. Durante años será empleado como fuerza de trabajo, sometido a abusos y humillaciones, aislado, adoctrinado,deshumanizadoy transformado en parte de una maquinaria de violencia ideológica.En medio de la pesadilla de su vida, Aquiles se aferra a un sueño de fuga: huir de sus captores, hallar a su familia, ser libre.
El miedo del lobo es una historia real. Los años de sujeción del protagonista reproducen, a escala mayor, la violencia a la quefue sometido todo un país, sumido aún en tensas disputas internas.Raptos,saqueos, vejaciones, crímenes, hambre, soledad, desesperanza. ¿Se puede atravesar el infierno y salir con el alma limpia?
José María Fonollosa no es tanto un poeta marginado por la época como un poeta que decide marginarse de una época con la que no comulga. Cantó a las ciudades que lo conocieron, como si el enjambre de calles fuera el silencioso testigo de su paso por el mundo: Barcelona, La Habana, Nueva York. Y su canto no habla de la agustiniana ciudad de dios, sino del ser humano: del hombre que no encuentra su lugar en el mundo y menos entre otros hombres. Es, en definitiva, la suya una voz libre y cercana, un poeta que dice lo que piensa y que ofrece en sus versos un retrato acerado y valiente de las fobias, las ilusiones y los fracasos del hombre contemporáneo.
Lo que no vi se hará palabra por palabra tímido tremor entre los versos. Lo que no sentí se hará número en la estrofa: el nudo ligero de tus manos el sitio de delicias escondido donde el tobillo ataja el cuerpo el lugar más oscuro de los muslos la dulce dureza de tus nubes. Dos minutos quedan decías de salida Ernesto en las quebradas. Como los primeros fuiste el último sudor, niño, pájaro de vuelta. Buscaré en mi boca, lejos el azoro de tu humedad multiplicante cuando esté seca buscaré, la noche ya llegada la apurada claridad de tu simiente.
El quebrantahuesos omite la carne lo suyo es el hueso el puro hueso, es el estercolero de su especie, lo sabe y eso no lo inquieta. Está en la cima a su manera como a la muerte poco le vale la bullente variedad de las formas sabe que en todo animal se oculta la médula el hueso y acecha.
Floresta de Prosa y Verso fue publicada como serie cerrada coleccionable entre enero y junio de 1936 por un grupo de jóvenes estudiantes de la entonces innovadora Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Reunió en sus páginas la creación primeriza de un numeroso grupo de jóvenes escritores junto a la colaboración de maestros y autores consagrados que presidió cada uno de los números: Juan Ramón Jiménez en dos ocasiones, Azorín, Lorca, Aleixandre. El resultado fue un conjunto misceláneo y muy representativo de la diversidad y complejidad del panorama literario del momento. Revista de espíritu abierto e integrador, colaboraron en ella jóvenes republicanos, liberales y progresistas, junto a conservadores, monárquicos y falangistas de primera hora. Entre los que sobrevivieron y mantuvieron tras la guerra su actividad literaria, se hallan figuras destacadas del exilio, como Francisco Giner de los Ríos o Joaquín Díez-Canedo –que dirigieron en México a partir de 1945 la colección de poesía Nueva Floresta,