Marina Tsvietáieva escribió este relato autobiográfico durante el exilio en Francia y lo publicó en ruso, en 1933, en distintas revistas de París; tres años más tarde, en 1936, tratando de acercarse a los lectores franceses, reelaboró sus recuerdos de infancia en frances, un conjunto de cinco capítulos al que dio por título Mi padre y su museo y que, no obstante, jamás llegó a publicar en vida. En ambas versiones reunidas en este volumen la autora ofrece una evocación emotiva y lírica de la figura de su padre, Iván Tsvietáiev, profesor universitario que consagró su vida a la fundación del museo de bellas artes de Moscú, el actual museo Pushkin. A menudo lacónico y fragmentario pero de una extraordinaria fuerza poetica, este maravilloso texto, vibrante y conmovedor, nos acerca como pocos a la intimidad de una poeta inimitable.
La belleza fue su condena y el amor, su salvación.
1942. Cilka Klein tiene sólo dieciséis años cuando es trasladada a Auschwitz-Birkenau, donde enseguida llama la atención del comandante Schwarzhuber. Pronto aprenderá que el poder no deseado ayuda a seguir con vida. Pero tras la liberación es acusada por la brutal policía soviética de colaborar con los nazis y será duramente castigada por ello con una condena de quince años de trabajos forzados en Siberia. Así, por segunda vez en tres años, Cilka se encuentra de nuevo hacinada en un tren de ganado que la transportará al gulag de Vorkutá, donde se enfrentará a obstáculos nuevos y a otros que le son horriblemente familiares, haciendo del día a día una lucha por sobrevivir. Basada en la historia real de Cilka Klein, esta novela es un poderoso testimonio sobre el triunfo de la voluntad humana, la importancia de la amistad y el valor que tienen la esperanza y el amor como armas para la supervivencia.
Marianne Moore fue una figura esencial de la poesía norteamericana, clave en las renovaciones que se produjeron en la primera mitad del siglo XX. En esta selección, descubrimos a una de las poetas más libres e innovadoras, alguien que supo encontrar su independencia estética dentro del modernismo estadounidense.
Sus poemas destacan por una precisión exquisita del lenguaje y por la elocuencia de las imágenes que evocan, y son capaces de desvelar en lo cotidiano una nueva realidad; pues, como dijo William Carlos Williams sobre ella: «Esto es lo asombroso de un buen escritor, parece hacer que el mundo venga hacia él para rozar las espinas de su arbusto. De modo que, al mirar un objeto aparentemente pequeño, uno siente el torbellino de grandes acontecimientos».
Al mismo tiempo que ejercía su profesión de médico, William Carlos Williams se consolidó como un autor fundamental para entender la poesía norteamericana. Innovador y experimental, trascendió los límites de las corrientes a las que se le vinculó: el modernismo y el imagismo; creando un auténtico «idioma americano».
Un poeta que se atrevió a mirar las cosas mundanas y el día a día de una forma radicalmente nueva, cuyos poemas se centraron en la vida cotidiana de la gente de a pie y defendían un uso poético del lenguaje coloquial. Un poeta como él mismo lo entendía: alguien «cuyas palabras mordisquean el camino a casa».
Eliza quiere escribir poesía. Ann sueña con convertirse en cocinera. Sus caminos no deberían haberse cruzado, pero juntas crearán el libro de cocina que revolucionará el siglo XIX.
Inglaterra, 1837. El Londres victoriano está en pleno cambio y a las cocinas de todos sus hogares empiezan a llegar especias, frutas y alimentos exóticos, pero las damas inglesas los han puesto en manos de cocineras y chefs extranjeros. Allí vive la señorita Elizabeth Acton, cuya mayor ilusión es publicar su segundo poemario en una prestigiosa editorial. En lugar de un nuevo contrato, recibe de su editor la extravagante sugerencia de escribir un libro de recetas, algo que ella se niega siquiera a considerar. Sin embargo, cuando su padre se ve obligado a huir del país acosado por las deudas y su familia se ve desprestigiada y sin un céntimo, Eliza reconsidera su decisión: junto con Ann Kirby, una joven de familia humilde, se pondrán manos a la obra y, a pesar de la diferencia de clases, darán forma a un libro de cocina que pasará a la historia.
Espejo Viejo es el título de este libro que nos propone 21 Miguel Ángel Medina Fernández, como parte de ese “manojo de experiencias”, que es su octogenaria vida; y al leerlo, resulta imposible no retener algo que podamos usar a nuestro favor, o bien ajustarlo a nuestra propia realidad, Cada composición emerge en un ambiente donde confluyen la humanidad y la naturaleza, para formar una asociación donde la una toma ejemplo de la otra, El amor a la Patria, a sus héroes y símbolos, a la familia, los hijos, la mujer, la tierra y cada ser que acompaña este viaje que significa la existencia. Miguel Ángel Medina ofrece con sencillez y belleza una imagen que no miente y que se vuelve cada vez más cercana e infinita.