«A vos que me leés, ¿no te habrá pasado eso que empieza en un sueño y vuelve en muchos sueños pero no es eso, no es solamente un sueño? Algo que está ahí pero dónde, cómo».
Cuando Cortázar parecía haber alcanzado la perfección en el género, Octaedro (1974) aportó novedades en su maestría incomparable a la hora de escribir cuentos.
Los ocho relatos que componen Octaedro —una figura tan geométrica como misteriosa, tan perfecta como reticente— entremezclan cierto contenido social y político que Cortázar había abordado en Libro de Manuel (1973) con sus temáticas más recurrentes: el amor, el sueño, la enfermedad, la muerte, el umbral entre lo cotidiano y lo fantástico. Pero, además, estos relatos funcionan como caras que, en su conjunto, van completando el sentido de la figura total: así, quien relata su propia muerte en «Liliana llorando» tendrá su contracara en «Las fases de Severo». Cada una de las tramas encuentra a lo largo de este libro continuaciones alternativas, extrañas formas de resonancia.
Compacto y, al mismo tiempo, ilimitado; preciso y también impredecible, si a un libro de cuentos le cabe el atributo de novela encubierta, no hay dudas de que es a Octaedro.
1969. Albert Speer, el arquitecto favorito y ministro de Armamentos de Hitler, publica sus Memorias. Al revisar su pasado, desde sus escenografías para los congresos nazis hasta la caída del Reich, pone el punto final a su metamorfosis definitiva, la misma que le permitió salvar la cabeza en los juicios de Núremberg y que ahora va a convertirlo en la estrella de la culpabilidad alemana. Tras afirmar que nunca supo nada de la Solución Final, se declara «responsable, pero no culpable». Aunque los historiadores consigan demostrar que ha mentido, es su versión de sí mismo la que se impondrá en adelante.
¿Cómo escribir acerca de un hombre que ha logrado que la ficción resulte más atractiva que la verdad?
En tiempos de las fake news y la guerra de relatos, he aquí una novela sobre una de las mayores mentiras de la Historia. Rastreando las escenas de la vida de Speer, cuestionando su verosimilitud, iluminando ciertos aspectos oscuros, yendo más allá de donde él se detiene y convocando a algunos personajes claves de la posguerra (en particular, la historiadora Gitta Sereny), el autor nos ofrece una imagen vertiginosa del hombre a quien uno de sus colaboradores llegó definir así: «¿Sabe lo que es usted? Usted es el desdichado amor del Führer».
Sadie Smith, una seductora y astuta espía estadounidense, ha sido enviada por sus misteriosos y poderosos empleadores a un remoto rincón de Francia.
Su misión: infiltrarse en una comuna de activistas eco-radicales, influenciados por las creencias de un enigmático anciano, Bruno Lacombe, que ha rechazado la civilización, vive en una cueva neandertal y defiende que el camino hacia la iluminación es un regreso al primitivismo.
Sadie, con su mirada cínica, observa esta región de antiguas granjas y pueblos adormecidos y se burla del idealismo de Bruno. Pero, justo cuando está convencida de que es la seductora y titiritera de todos a los que vigila, Bruno Lacombe comienza a seducirla a ella con sus ingeniosas contra-historias, sus lamentos llenos de arte y su propia historia trágica.
Bajo esta deslumbrante y tensa trama de espionaje e intriga, se esconde la historia de una mujer atrapada en el fuego cruzado entre el pasado y el futuro, y una profunda reflexión sobre la historia de la humanidad.
El asesinato nos unió.
Solo la Muerte puede separarnos.
El Cazador:
Calista me pertenece. pero ella no lo sabe.
Cuando nos conocimos, la deseé.
Cuando nos volvimos a ver, me obsesioné.
La vigilé.
La seguí.
Esto no hizo más que aumentar mi necesidad de poseerla.
Cuando sea mía, no la dejaré marchar jamás.
La Víctima:
Hayden Bennett es un monstruo, dentro y fuera del juzgado.
Por desgracia, necesito su ayuda.
Lo que iba a ser una simple transacción se convirtió en algo más.
En algo intenso.
Siempre está ahí cuando lo necesito,
Pero no sé si confiar en él es una buena idea.
Cuando seas mía es la primera entrega de la bilogía Posesión y acaba con un cliffhanger. Está protagonizado por un héroe moralmente gris que es celoso y posesivo. Es un acosador que se enamora primero, tiene energía de Tócala y te mato y está dispuesto a hacer lo que sea por poseerla.
¿Qué sucede cuando Tertuliano Máximo Afonso descubre a los treinta y ocho años que en su ciudad vive un individuo que es su copia exacta y con el que no le une ningún vínculo de sangre? Ése es el interrogante que Saramago, explorando de nuevo las profundidades del alma, plantea en El hombre duplicado.
¿Cómo saber quiénes somos? ¿En qué consiste la identidad? ¿Qué nos define como personas individuales y únicas? ¿Podemos asumir que nuestra voz, nuestros rasgos, hasta la mínima marca distintiva, se repitan en otra persona? ¿Podríamos intercambiarnos con nuestro doble sin que nuestros allegados lo percibiesen?
Al encontrarlo todo, supe que todo se había perdido». Ya con la publicación de su primera novela, «La mirada del ángel», Thomas Wolfe alcanzó una fama tan grande como escritor que su nombre empezó a sonar inmediatamente para el Nobel de Literatura, pero aún así su madre siempre sostuvo que, de todos sus hijos, el mejor, el más inteligente, el más extraordinario, el más brillante, no había sido Thomas, sino Grover, el chico que perdieron en 1904 cuando solo tenía doce años… Wolfe tenía apenas cuatro años cuando ocurrió la tragedia, pero, como toda la familia, siempre tuvo muy presente a su hermano. En la primavera de 1937, poco antes de morir, concluyó «El chico perdido», un relato hermoso y desgarrador que coge a Grover de la mano para adentrarse con él en la resplandeciente pureza del mundo de la infancia y en la insondable oscuridad de la pérdida y la ausencia. «Wolfe es el mayor talento de su generación; se atrevió a apuntar mucho más alto que cualquier otro escritor».