Pablo trabaja en Recursos Humanos. Victoria vende billetes en la estación de Atocha. Ambos van a enfrentarse a la peor entrevista de trabajo de sus vidas. Y van a descubrir que enamorarse no es tan fácil como cambiar de zapatos.
Pablo, empleado en Recursos Humanos, busca cubrir un puesto vacante. Entre los candidatos se encuentra Victoria, que vende billetes en la estación de Atocha y sueña con trabajar en algo relacionado con lo que estudió: Periodismo. Pero la entrevista es un desastre. Victoria siente que ha hablado demasiado y que ha estropeado su oportunidad cuando ha contado cómo su madre entró un día en casa enrollada en una alfombra. Unos días despues, Pablo descubre en una cena con su jefe que Victoria no es la única persona cuya madre ha aparecido envuelta en una alfombra, por lo que decide ponerse en contacto con ella. Comienza así una curiosa investigación que los llevará a descubrir algo que ninguno de los dos contemplaba: el amor.
Begoña Oro, una de las grandes autoras de literatura infantil y juvenil, reciente ganadora del Premio Cervantes Chico y con un millón de ejemplares vendidos de toda su obra, se estrena en la novela para adultos con una comedia romántica deliciosamente original .
No son en realidad cien relatos (uno para cada año) los que componen el libro, sino más bien cien viñetas, cien escenas, cien grabaciones que reflejan, cada una, un momento histórico determinado.
En esta supuesta transcripción de múltiples voces que recorren escalas sociales y geografías diversas, no hay nada de moralizador, aunque se advierta siempre detrás un pensamiento crítico y una ironía. «Yo, intercambiado conmigo, estuve presente año tras año», es el comienzo significativo.
Como de costumbre, Grass confía en sus lectores y no cree necesario explicarles cada personaje ni decirles en qué contexto han de situar cada frase, sabiendo que su libro podrá leerse a distintos niveles de conocimientos históricos y experiencia política.
La novela más bestial, conmovedora e hilarante que se ha escrito sobre el despertar sexual de un adolescente.
Dick Loveman es un galán espaciotemporal que vive todo tipo de peripecias lujuriosas a través de los siglos. Por desgracia, Dick solo existe en la cabeza de Franki Prats, un quinceañero católico, virgen y erotizado, a quien atormentan la propia imaginación y los «placeres solitarios». Durante cuatro meses de su vida, Franki, ayudado por su mejor ―único― amigo Bruno Berniola, alias el sexperto, atravesará una variopinta serie de pruebas eróticas (oníricas, familiares, amicales, incluso zoológicas) mientras lucha contra los traumas del pasado y la escuálida realidad de su pueblo natal.
4 de agosto de 1962. Los Ángeles está que hierve, en medio de una intensa ola de calor. Una estrella de cine B ha sido secuestrada en extrañas circunstancias. Y acaban de encontrar el cuerpo sin vida de Marilyn Monroe. ¿Sobredosis, suicidio, asesinato? El jefe de policía William H. Parker pone sobre la pista a Freddy Otash, expolicía corrupto y extorsionador, que no tardará en intuir que ambos casos están relacionados. Pero, si quiere salvar su propio pellejo no puede limitarse a descubrir la verdad: deberá encontrar pruebas que alejen a los Kennedy de los rumores de asesinato.
Los Esterházy, una pareja excéntrica sin un pasado claro, llegan a un pueblo de la costa argentina y comienzan a regentar un antiguo hotel. Estos dos seres (y sus dos hijos, una niña y un niño más inquietantes y enigmáticos que ellos) producen el efecto de una partícula enfermiza que se introduce en las grietas de una sociedad pequeña y arrasa con su dinámica cotidiana, aparentemente calma. La pareja resulta ser un amplificador de los prejuicios, los deseos ocultos, las supersticiones, los temores y la violencia larvada en muchos de los habitantes del pueblo.
Arderá el viento es la historia de una degradación, de un descascaramiento agónico que poco a poco deja a la vista las miserias del cuerpo social. Expuesta al influjo de los Esterházy, la extraña villa costera deja aflorar la oscuridad que circula por sus zonas subterráneas, como si los visitantes fueran una piedra de toque maligna que lograra sacar a la luz la verdadera naturaleza de los personajes.
Escrita en un estilo parco y de una rara intensidad, la novela es la cuidadosa construcción de un deterioro que, aunque transcurra en un país específico, acaba por ser una metáfora distorsionada del espíritu de nuestro tiempo.
Tara Selter y su marido Thomas viven en Clairon-sous-Bois y son libreros anticuarios especializados en libros ilustrados del siglo XVIII. El 17 de noviembre Tara se despide de su esposo y viaja a Burdeos para asistir a una subasta. A última hora de la tarde toma un tren de Burdeos a París y se aloja en el hotel de siempre, situado en la rue Almageste, donde hay muchas librerías anticuarias. Su plan es dedicar los dos días siguientes a visitar a colegas y realizar más compras para su negocio. El 18 de noviembre va a una de esas librerías y se quema la mano con una estufa de gas. De vuelta en el hotel se lo cuenta a Thomas por teléfono y se acuesta.
Y entonces sucede algo inaudito: al despertarse por la mañana en el hotel, no tarda en descubrir que continúa en el 18 de noviembre. Su marido no es consciente de ese bucle temporal y es inútil intentar explicárselo. Solo ella parece percatarse de que están atrapados en un día que se repite hasta el infinito. Y solo ella parece sometida al paso del tiempo: su quemadura sana, lo cual quiere decir que −a diferencia de los demás− ella sí envejece. Y Tara, que es la angustiada narradora de su propia historia, se va quedando cada vez más aislada en un tiempo sin tiempo…