Zanzíbar, años noventa. Karim, Fauzia y Badar, tres muchachos que han crecido en entornos muy distintos, sueñan con las enormes posibilidades de su naciente país. Karim regresa a su tranquila ciudad natal con nuevos bríos y ambiciones tras sus estudios universitarios. Fauzia, apasionada por la escuela y con el sueño de ser maestra, ve en él una oportunidad para escapar de una educación asfixiante. Para Badar, en cambio, un sirviente sin estudios que nunca conoció a sus padres, parece que todas las puertas están cerradas. Empleado en una gran residencia de Dar es-Salam, Badar encuentra allí su primer verdadero hogar y, sobre todo, la amistad de Karim, el heredero de la casa. Incluso cuando una acusación de robo lo obliga a marcharse, Karim y Fauzia se niegan a abandonar a su amigo. Un vínculo que se pone a prueba a medida que los tres enfrentan sus primeros pasos en el amor, el trabajo y la paternidad.
Sutil y poderosa, con una prosa íntima pero contenida, Un largo camino despliega un drama familiar donde los personajes laten con una autenticidad conmovedora. Abdulrazak Gurnah capta con gran destreza los matices de las emociones humanas y construye una historia cargada de verdad y humanidad.
«Algunas tristezas nunca se pasan y algunas personas nunca se olvidan», recuerda al comienzo del artículo que da título a este libro, en el que rememora a su amigo Juan Benet, y afirma que prolongamos la vida de aquellos que nos marcaron «a base de preguntarnos qué habrían pensado de lo que hoy sucede».
Los lectores de Marías se plantean hoy, igual que hace él, qué habría escrito respecto a muchos de los sucesos ocurridos en el mundo desde que ya no está. Sí, nos falta su mirada sobre los hechos del presente.
El tono grave y la guasa conviven cuando trata temas como la ineptitud de los políticos, la maledicencia en las redes sociales, las actitudes irresponsables en pandemia, el deterioro en el uso de la lengua castellana, los smartphones como «instrumentos de vigilancia y control»… A estas piezas se suman otras sobre aspectos más personales y sus pasiones: el fútbol, el cine y las series, los libros, la música. Y los desternillantes cuentos que intercaló, protagonizados por personajes peculiares. Aunque sus aventuras quedaron inacabadas, gracias a la prosa magistral del autor dejan poso en la memoria del lector y no se olvidan.
¿Quién mata al verdugo? Esa es la pregunta vertiginosa.
Abismo es un dios cruel, de cuyo capricho dependen la vida o la muerte, y Misericordia Dagger, verdugo metódico e inflexible, trabaja incondicionalmente bajo sus órdenes. Pero su obediencia se ve puesta a prueba cuando se enamora de la nieta de su próxima víctima.
Esta novela es una extraordinaria parodia de los fieros tiempos actuales, marcados por el delirio de gobernantes autoritarios, irracionales y criminales. Tragicomedia universal, teatraliza cíclicas épocas de terror que anuncian el caos definitivo, o tal vez presagian un mundo nuevo.
El protagonista, cortacabezas con visos deliciosamente humanos, cuenta sus propias vicisitudes, utilizando un ágil tono de novela gráfica e inaugurando un género literario radical, el brutal noir, entre lo histórico y lo mitológico, lo real y lo alucinado.
Personaje inolvidable, Misericordia Dagger se debate con un aprendiz adolescente, el impredecible e hiperviolento Príncipe Sangre, a quien quiere legarle su conocimiento del oficio y su amada daga, «afilada como el hambre e insospechada como una mujer». Además, lleva tatuada con fuego en la espalda la imagen mítica del enigmático Acéfalo.
«No convoques a Acéfalo, solo vendrá cuando él quiera. Aparecerá y creeremos».
Harper Lee se convirtió en una de las escritoras más emblemáticas del canon estadounidense gracias a Scout, Atticus Finch y otros inolvidables personajes de Matar a un ruiseñor, la novela ganadora del Premio Pulitzer con la que alcanzó la inmortalidad. Pero antes de escribir su mítica novela ya era una joven y tenaz escritora que, instalada en Nueva York, donde trabajaba en una compañía aérea, enviaba relatos a revistas como Harper s Bazaar o The New Yorker con la esperanza de verlos publicados. Unos cuentos que poseen ya su inconfundible voz y que narran, con un humor, un ritmo y una cotidianidad inimitables, diferentes episodios de la vida de Jean Louise Finch, desde su niñez en el colegio de Maycomb, Alabama, hasta la juventud en los restaurantes y cines del Manhattan de los años cincuenta.
La tierra del dulce porvenir reúne todos esos cuentos inéditos, que durante décadas estudiosos de su obra y biógrafos daban por perdidos y que aparecieron en su apartamento tras su muerte, así como los breves ensayos que Lee escribió y que incluyen desde reflexiones sobre la necesidad de una enseñanza responsable hasta retratos de Gregory Peck y Truman Capote. Una visión sin precedentes sobre el origen de una voz irrepetible, unos personajes y unos temas que siguen siendo vitales, con la que se cierra el círculo sobre una de nuestras escritoras más queridas y enigmáticas.
Samuel vive con su tía Isadora y le ayuda a llevar su librería. Pero, un día, ella empieza a perder la memoria de forma repentina y extraña. Buscando respuestas, Samuel encuentra un antiguo diario que lo guía hasta una grieta en el mundo: una puerta al Más Allá.
Allí conoce a Taro, un Guardián de Almas que debería expulsarlo por estar donde no debe, aunque hay algo en Samuel que le hace dudar. En lugar de denunciarlo, decide ayudarlo. Pero lo que ninguno de los dos espera es que su encuentro lo vaya a cambiar todo.
Samuel busca respuestas. Taro, algo en lo que creer. El vínculo que los une podría romper el equilibrio entre ambos mundos.
«Dos años de tareas dominicales que prueban mi nula disposición a santificar las fiestas... Al releer estos artículos seguidos, me parece que he opinado demasiado». Estas palabras sirven de introducción a un Javier Marías insólito, cotidiano, atento a lo que ocurre a su alrededor y que atraviesa todos los estados de ánimo imaginables: lo vemos evocativo e indignado, a menudo pertido y bromista, pero también atribulado por la saña española que aún tiñe nuestro tiempo; melancólico, risueño, grave, irónico, compasivo o desengañado, siempre logra contagiarnos y no nos deja indiferentes con su Mano de sombra.