Fruto de más de medio siglo de dedicación a la poesía, este volumen reúne la obra en verso de Álvaro Salvador, uno de los autores más sólidos y coherentes de su generación. Editada e introducida por Gracia Morales, que recorre en su texto preliminar el itinerario y las claves de su poética, la recopilación incluye una selección de sus primeros libros y los ocho publicados entre Las cortezas del fruto (1980) y Un cielo sin salida (2020), a los que se añade el hasta ahora inédito Aguaparra, un poemario donde se conjugan magistralmente la más afilada actualidad con el ejercicio pausado de la memoria. Como escribió Ángel González, «la poesía de Álvaro Salvador no se limita a ser relato, inventario o recuento de la vida. En ella el recuento es más bien reencuentro, recapitulación –ordenación y valoración– de todas esas cosas, actividad imaginativa de la memoria que hace del inventario una invención equivalente a un descubrimiento.
Felipe II, el "Defensor de la Fe", es el soberano más poderoso del orbe. Largos años ha luchado contra judíos, musulmanes y protestantes, y sus súbditos han sufrido excesivos impuestos, pestes, intolerancia... Su reinado agoniza en tanto nace un mundo diferente: los castillos son sustituidos por las urbes, los campesinos por los villanos, los príncipes y reyes por los burgueses; falsos profetas dominan los caminos y hablan de un renacimiento. Felipe está cansado y enfermo; el arrepentimiento de sus excesos lo lleva a recluirse en el lugar que ha mandado construir para ser su última morada: El Escorial.
Cuando la Western Rider Cup les ofrece la oportunidad de ganar una recompensa que puede cambiarles la vida, ambos deben decidir si aliarse vale la pena. Unir fuerzas debería ser fácil. siempre y cuando dejen sus diferencias a un lado. El problema es que volver a pasar tiempo juntos puede despertar viejos sentimientos a los que ninguno de los dos quiere hacer frente.
Gia y Seth están decididos a ganar. Pero quizá no están preparados para dejar atrás el resentimiento y enfrentarse a su mayor obstáculo: ellos mismos.
¿Serán capaces de firmar una tregua y alcanzar juntos la victoria en las carreras y en el amor?
Los cuentos de John Cheever son el testimonio literario esencial de la clase media estadounidense de los años cincuenta y sesenta. Conocido como «el Chéjov de los suburbios», retrató con maestría la vida en las zonas residenciales a las afueras de las grandes ciudades. En ese escenario de aparente éxito y felicidad, supo descubrir la belleza y el drama cotidiano de familias marcadas por la frustración, el deseo y el tedio, componiendo un retrato profundo del alma humana que trasciende el tiempo y las fronteras.
Maine, 1789. Cuando el río Kennebec se congela y un hombre aparece sepultado bajo el hielo, buscan a Martha Ballard para examinar el cadáver y determinar la causa de la muerte. Como partera y curandera, es testigo de lo que sucede a puerta cerrada en Hallowell. Su diario es un registro de cada nacimiento, defunción, delito y debacle que transcurre en el pueblo, así como de muchos de los secretos de sus vecinos. Hace unos meses, Martha registró los detalles de una presunta violación cometida por dos de los hombres más respetados del pueblo; ahora han hallado el cuerpo de uno de ellos en el río. Sin embargo, cuando un médico local pone la conclusión de Martha en tela de juicio y declara que la muerte ha sido solo un accidente, ella se ve obligada a investigar el asesinato por su cuenta.
A medida que el juicio se acerca y que los rumores y los prejuicios se intensifican, Martha persigue la verdad sin descanso. Pero su diario no tarda en salir a la luz, convirtiéndose en el epicentro del escándalo y arrastrando consigo a sus seres queridos, por lo que se verá obligada a decidir con quién yace su lealtad.
Se suponía que este compromiso era falso... Y, sin embargo, aquí estoy, volviéndome loca por mi prometido de mentira.
Beau Eaton es el príncipe del pueblo, un héroe militar tan atractivo como atormentado.
Yo, en cambio, soy la camarera invisible, la chica tímida con el apellido equivocado.
Él tiene treinta y cinco años y es pura masculinidad. Yo tengo veintidós... y sigo siendo virgen.
Ah, y también es mi prometido. O mejor dicho, mi prometido de mentira.
Todo ha empezado con una apuesta. Él no se cree que la gente me juzgue por mi apellido, así que me ha ofrecido el suyo para demostrar que tiene razón.
Los dos salimos ganando con ese trato: él consigue que su familia le deje respirar y yo me quito de encima el estigma de la mía mientras ahorro lo suficiente para largarme de este pueblo.
Según él, lo único que tengo que hacer es ponerme su anillo, seguirle el juego y actuar como si no pudiera quitarle las manos de encima cuando hay gente delante.
Pero lo que pasa entre nosotros en la intimidad está empezando a borrar todos los límites que creíamos tener claros.
Lo que ocurre a puerta cerrada ya no parece fingido, sino real. Muy real.