Los mitos literarios y el dinamismo intelectual en Francia sedujeron a Vargas Llosa en los inicios de su carrera hasta el punto de que llegó a creer que sólo se convertiría en escritor si llegaba a París y lograba aclimatarse a un ambiente que concedía a las artes y al pensamiento un lugar privilegiado. Las novelas de Dumas y Flaubert le abrieron la imaginación y lo inclinaron hacia el realismo, y las ideas de Sartre, Camus, Bataille, Aron y Revel le mostraron cómo debía ser un intelectual público.
Según indica Carlos Granés en el prólogo de este libro, «su formación intelectual y cultural le dio la certeza de que cualquier escritor latinoamericano, incluso uno nacido en la provincia peruana (un bárbaro), podía participar en todos los asuntos políticos, culturales y sociales de su época si se nutría de sólidas tradiciones literarias y filosóficas.
García Márquez construyó, en El otoño del patriarca, una maquinaria narrativa perfecta que desgrana una historia universal -la agonía y muerte de un dictador- en forma cíclica, experimental y real al mismo tiempo, en seis bloques narrativos sin diálogos, sin puntos y aparte, repitiendo una anécdota siempre igual y siempre distinta, acumulando hechos y descripciones deslumbrantes.
Novela escrita en Barcelona entre 1968 y 1975, El otoño del patriarcadeja asomar en su trasfondo el acontecimiento más importante de la historia española de aquellos años, la muerte del general Franco, aunque su contexto y estilo sean, como siempre con García Márquez, el de la asombrosa realidad latinoamericana, que el autor ha elevado una vez más a la dignidad del mito.
La manipuladora:
Puedo manipular las emociones de cualquiera que me lo permita.
Les hago sufrir, les hago llorar, les hago reír y suspirar.
Pero a él mis palabras no le afectan. Sobre todo cuando le suplico que se vaya.
Siempre está ahí, observándome y esperando.
Y yo no soy capaz de apartar la mirada.
Especialmente cuando lo único que deseo es que se acerque.
La sombra:
No pretendía enamorarme.
Pero, ahora que ha ocurrido, no puedo mantenerme lejos de ella.
Me fascinan su sonrisa, sus ojos, cómo se mueve…
Cómo se desnuda...
Continuaré observándola y esperando. Hasta que caiga en mis redes.
Y, cuando lo consiga, no la soltaré nunca.
París, 1940. En plena ocupación alemana, el arte, la cultura y el jazz se han convertido en actos de desafío. También lo es el romance prohibido entre Annette Zelman, una judía estudiante de Bellas Artes, y el joven poeta católico Jean Jausion, tras conocerse en el famoso Café de Flore, entre cuyos clientes desfilan personajes como Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Pablo Picasso o Django Reinhardt.
Durante un tiempo, Annette y Jean creen eludir a los nazis, así como la vigilancia y las amenazas de sus familias, pero el destino juega en su contra. Una impresionante historia real de belleza, arte y liberación contra los horrores del Holocausto, en la que el poder transformador del amor resuena como un poema de devoción eterna.
Si Romeo y Julieta hubieran vivido en el París ocupado por los nazis, se habrían llamado Jean y Annette.
Florencia, mediados del siglo XVI. Lucrezia, tercera hija del gran duque Cosimo de’ Medici, es una niña callada y perspicaz, con un singular talento para el dibujo, que disfruta de su discreto y tranquilo lugar en el palazzo. Pero cuando muere su hermana Maria, justo antes de casarse con Alfonso d’Este, primogénito del duque de Ferrara, Lucrezia se convierte inesperadamente en el centro de atención: el duque se apresura a pedir su mano, y su padre a aceptarla. Poco después, con solo quince años, se traslada a la corte de Ferrara, donde es recibida con recelo. Su marido, doce años mayor, es un enigma: ¿es en realidad el hombre sensible y comprensivo que le pareció al principio o un déspota implacable al que todos temen? Lo único que está claro es lo que se espera de ella: que proporcione cuanto antes un heredero que asegure la continuidad del título.
Nora Stephens se ha pasado la vida entre libros; es una dura agente literaria que pelea por las obras y los contratos de cada uno de sus clientes. Solo hay una cosa que esté por encima de su trabajo: su hermana pequeña Libby, a la que lleva cuidando desde que su madre falleció. Por eso decide acceder a su petición e ir con ella a Sunshine Falls, el lugar en el que se ambienta su libro favorito. Allí, Libby pretende realizar un viaje de transformación en el que recrear las escenas de sus novelas favoritas hasta lograr que Nora sea la protagonista de su propia novela.
Con lo que ninguna de las dos cuenta es con toparse con Charlie Lastra, un editor con el que Nora ya había tenido un encontronazo en Nueva York y que amenaza con convertirse en una presencia constante en sus vacaciones. A veces, ni siquiera una agente literaria y un editor son capaces de escribir su propia historia.