El nombre del mundo narra la aventura personal de Michael Reed, un profesor universitario que intenta reponerse de la muerte de su mujer y su hija en un accidente de coche, emprendiendo una existencia errática que lo llevará a un destino muy especial.
La novela arranca con un tono apacible que se va enturbiando a medida que el protagonista desciende a su infierno personal; Michael Reed, viudo sin rumbo, deambula por la facultad cuando conoce a una joven estudiante y artista de performances que se convierte en la combinación perfecta de conquista sexual y recuperación de su hija fallecida.
Como muchos de los héroes de Johnson, Reed se mueve en el territorio de la paranoia y la pérdida del sentido de la vida, que Johnson retrata con agudeza, sin dejar de lado el aspecto humorístico presente hasta en los temas más macabros.
Algo pasa entre la estrella de Hollywood Rio McQuoid y Ferne Resnik, la discreta becaria del estudio, convertida sin proponérselo—como una cenicienta moderna—en protagonista de la próxima sensación de Netflix.
Él es tremendamente atractivo, engreído y atormentado, pero también tierno. Ella, auténtica y creativa, con personalidad e ideas claras, ¿o no?
La tensión sexual entre ellos es altísima, pero nada es fácil en la vida de un divo del cine… ¿Conseguirán Ferne y Rio superar las dificultades? ¿O lo suyo no llegará ni a romance pasajero?
Yuko tiene una sensibilidad poco común: es capaz de ver cosas que otros no pueden ver, y también de adivinar los deseos y pensamientos de quienes la rodean. Cuando cumple catorce años, esa sensibilidad se agudiza y todo parece adquirir matices misteriosos. En una academia de pintura, Yuko está aprendiendo a asignar un color a cada estado de ánimo y emoción; Kyu, su profesor, mayor que ella, le enseña. Y, cierto día, sólo él verá, al igual que ella, cómo un extraño hombrecito verde emerge del tallo de una planta que hay en el aula. Así comienzan lo que serán unos meses cruciales para la joven adolescente, quien, suspendida entre lo real y lo imaginario, afronta el día a día y descubre poco a poco la agitación del corazón, la ternura de los sentimientos y las dificultades de convertirse en adulta.
Publicada con motivo del centenario del nacimiento de Julia Uceda, una de las autoras más importantes de su generación y de la poesía española contemporánea, esta antología es fruto de la colaboración entre la poeta, que trabajó en ella hasta poco antes de su muerte en 2024, y su sobrino el artista Francisco Uceda. A todo lo que pase y se borre y se pierda recoge poemas de sus diez libros publicados, desde Mariposa en cenizas (1959) hasta Escritos en la corteza de los árboles (2013), y los acompaña de ilustraciones expresamente realizadas para la ocasión, en una hermosa edición que rinde homenaje a la memoria de Julia Uceda y reivindica tanto su perdurable ejemplo moral como la fuerza y la singularidad de su poesía.
Una distopía ligera, adictiva y original, con personajes que abrazan la diversidad y un fondo reflexivo que recoge inquietudes muy actuales.
En Anavrin los cuerpos son meros continentes. La conciencia de los anavrianos salta de uno a otro cada cierto tiempo para garantizar la estabilidad de esta ciudad, la única existente en el nuevo mundo. Alma es una anavriana ejemplar, pero se hace a menudo una pregunta: quiere saber por qué brilla el cielo cuando es de noche. La necesidad de respuesta aumenta cuando conoce a Marlen, que le llama la atención por su sonrisa. Marlen despierta en Alma una curiosidad que podría considerarse ilegal y eso hace que sienta miedo a despertar en otro cuerpo y en otro lugar, lejos de ella. Más allá del núcleo, en la periferia, la vida es muy distinta, y fuera de la muralla, de donde vienen los visitantes, está el territorio secreto de Tressed, un lugar en medio del desierto donde los saltos no existen. Hasta allí llegará la protagonista de esta distopía adictiva y original, con una trama absorbente, personajes que abrazan la diversidad y un fondo reflexivo que recoge inquietudes muy actuales.
Ella solo quería su beca. Él, dejar de ser «el hijo de». Lo que ninguno esperaba era convertirse en la presa del otro.
Sierra O’Brien lleva años luchando por su sueño: una beca para las prácticas universitarias en el santuario de animales más importante del país, el Imugi. Nada ni nadie va a desviarla de su objetivo. Ni siquiera Kang ni su sonrisa arrogante, sus botas Dr. Martens o su molesto historial compartido.
Kang es el hijo del dueño y fundador del Imugi, ese al que todos acusan de nepotismo. Está harto de que todos lo traten como «el hijo de», incluida la insolente pelirroja con la que ha compartido toda la carrera. Pero él tiene claros sus objetivos: demostrar su valía, conseguir un puesto… y superar su obsesión por las pecas de O’Brien.
Lo que ninguno de los dos esperaba es que, entre voluntariados, capibaras delincuentes y algún misterio, también haya espacio para una atracción imposible de ignorar.