Encontré a la muerte y al amor colgados como perros en mi huerto no tenía ni escoba ni agua fría sólo un arado y un pony ambos brillaban como un espejo de doble o nada así que les dije fuera de mis siembras lo que realmente quise decir fue qué quieren encontré a la muerte y al amor en mi huerto lecciones en el paraíso “Joven arriero”, de Frank Stanford Frank Stanford fue un prolífico poeta estadounidense conocido por su originalidad, imaginería cargada de sensualidad y cruda seriedad emocional. Creció en los estados de Mississippi, Tennessee y luego en Arkansas, donde vivió la mayor parte de su vida y escribió su poesía.
Un libro lleno de sensaciones, reflexión y gran belleza, RTL.
Barbery disecciona a través de un grupo de personajes la amistad como una conversación que continúa más allá del tiempo y las fronteras, Harper's Bazaar.
Cautivador de principio a fin, Marie France.
Una emocionante meditación sobre lo que separa y une a los vivos y a los muertos, el amor y la amistad, la inocencia y la corrupción, la magia de los lugares que habitamos…, Madame Figaro.
Muriel Barbery busca y encuentra la armonía, Le Monde des Livres
Margaux se presenta en el entierro de un amigo de la infancia, Thomas Helder, años después de abandonar a los suyos sin explicación. En la casa familiar de Thomas, en plena campiña occitana, resurgen con fuerza los recuerdos de su pasado en Ámsterdam y de ese rincón de Francia en el que crecieron, se amaron y, a veces, se mintieron.
El hombre que inventó Manhattan se llamaba en realidad Gerald Ulsrak, estaba casado y tenía dos hijas. O quizá sólo una. Había nacido en un pequeño pueblo en las montañas de Rumania y siempre había soñado con un sitio mejor, Manhattan, y un nombre distinto, Charlie. Trabajaba en el mantenimiento de un bloque de apartamentos y se repetía noche tras noche como un mantra que el siguiente sería un buen día. La mañana de Año Nuevo de 2002 amaneció colgado de una viga del techo.
Su suicidio pone en marcha la recreación por parte del narrador un inquilino del inmueble de un mundo en el que se mezclan la realidad y la ficción. A través de historias cortas, agudas como flechas, marcadas por los juegos de identidades, el humor irónico y unos personajes inolvidables, se erige una ciudad mítica: un Manhattan personal, exacto y al tiempo imaginado, teñido por toda la literatura y el cine que reflejan la ciudad de Nueva York.
Ser hija es andar en sentido contrario; es huir en dirección contraria al destino sin saber que con nuestra huida estamos dando cumplimiento al vaticinio. La protagonista de esta novela regresa a casa después de mucho tiempo y descubre que su madre ya no volvió en sí tras una cirugía. Ante la imposibilidad de una reconciliación, debe confrontar consigo misma los silencios que se tejieron entre ambas y restaurar por medio de la escritura el vínculo deteriorado por sus ausencias. Este relato íntimo y conmovedor analiza con profundidad la compleja relación de una hija con su madre, el amor, los desencuentros y las tensiones que desbordan el lenguaje. Un auténtico viaje al interior de la ballena mítica que, como en el relato de Jonás, devora a la protagonista en su huida para llevarla a los abismos de la muerte, el duelo y el desasosiego, donde se pone de manifiesto que en ocasiones es necesario desobedecer los mandatos para elegir un camino distinto al establecido.
En esta obra autobiográfica Thomas Mann relata los acontecimientos más relevantes de su vida, su ansia de independencia y libertad, detalles sobre la construcción de sus obras y las fuentes en las que se inspiró. Además, escribe acerca de las similitudes entre su propia vida y la de sus personajes, claramente visibles, por ejemplo, en su gran novela Los Buddenbrook; la singular experiencia sobre el tiempo que pasó su mujer Katia en Suiza, cuando ésta enfermó de los pulmones, tal como la describió en La montaña mágica, y otras influencias menos estudiadas, como la inspiración para los personajes del ciclo novelístico de corte bíblico José y sus hermanos, según apunta Andrés Sánchez en su esclarecedor ensayo final sobre la vida del escritor.
Ataviado con sombrero de fieltro y una pipa entre los dientes, el Dante de Seymour Chwast no puede ser más actual. Si La divina comedia se ha convertido en un clásico, quizá se deba a cuán poco se parece a la obra de los contemporáneos del autor, que no solo inventó un mundo como lo han hecho muy pocos, sino que es el gran pionero de la autoficción. Podría deberse también al atrevimiento de Dante de escribir como hablaba realmente la gente de su tiempo y su lugar, la Toscana, y no en latín, según se había esperado de un literato. Chwast, un héroe de la ilustración y el diseño, ya casi centenario, condensa de una manera tan audaz como efectiva toda la complejidad de un clásico que no siempre se animan los lectores a abordar. Y en la estela de Dante, convierte la poesía del original en una obra alejada de la convención del arte secuencial en favor de páginas sorprendentes. Por su forma singular de reimaginar el clásico medieval, Chwast es fiel y digno heredero de un autor al que se considera el padre de la lengua italiana. Como en el poema original, el Dante de Chwast recorre junto a su maestro Virgilio los círculos del Infierno. Juntos atraviesan el Purgatorio y llegan hasta el Paraíso, donde encuentran a Beatriz, la difunta amada de Dante, porque la Comedia acaba bien y recuerda, a quien quiera saberlo, que existe una luz divina. Pero no hacemos spoilers, lo que importa es cómo transcurre el viaje y cómo se cuenta. La serie de personajes que van encontrando a lo largo del viaje.