Tras la muerte de su padre, el prestigioso empresario alemán Eric Zimmerman decide viajar a España para supervisar las delegaciones de la empresa Müller. En la oficina central de Madrid conoce a Judith, una joven ingeniosa y simpática de la que se encapricha de inmediato. Judith sucumbe a la atracción que el alemán ejerce sobre ella y acepta formar parte de sus juegos sexuales, repletos de fantasías y erotismo. Junto a él aprenderá que todos llevamos dentro un voyeur, y que las personas se dividen en sumisas y dominantes... Pero el tiempo pasa, la relación se intensifica y Eric empieza a temer que se descubra su secreto, algo que podría marcar el principio o el fin de la relación.
Ella es una joven gitana que huye de su familia para escapar de un matrimonio concertado; el, un relojero que acampa en la frontera y la acoge en su tienda. El encuentro inaugura un entendimiento hecho de diálogos nocturnos, un intercambio de saberes y visiones: ella, que cree en el destino, en las señales, en el dios de las cosas; el, que se siente un engranaje de la máquina del mundo y que interpreta ese mundo según las reglas del juego del Mikado, como si jugar fuera una forma de poner orden en el caos. Un entendimiento que durará toda una vida, incluso en la distancia, y que tendrá consecuencias que reverberarán a lo largo del tiempo: ambos tomarán decisiones inevitables que cambiarán el destino del otro.
Mina Índigo es la médium más solicitada de Barcelona. En su palacete del céntrico pasaje de Permanyer organiza sesiones espiritistas para ricas damas de la alta sociedad, pero, en realidad, es una experta investigadora que usa sus contactos para obtener información comprometedora de sus clientes.
En la Barcelona de 1888, a las puertas de la celebración de la Exposición Universal, Mina y el nuevo patólogo forense, el británico doctor Ellis, se verán implicados en la investigación de un crimen que conmocionará a la ciudad. Tendrán que resolverlo, moviéndose entre lujosas fiestas en el Liceo y tortuosos callejones del Raval, antes de que el escándalo y la sangre salpiquen las calles, mientras entre ellos surge una pasión inesperada.
Su protagonista, Christopher Boone, es uno de los más originales que han surgido en el panorama de la narrativa internacional en los últimos años, y está destinado a convertirse en un héroe literario universal de la talla de Oliver Twist y Holden Caulfield. A sus quince años, Christopher conoce las capitales de todos los países del mundo, puede explicar la teoría de la relatividad y recitar los números primos hasta el 7.507, pero le cuesta relacionarse con otros seres humanos. Le gustan las listas, los esquemas y la verdad, pero odia el amarillo, el marrón y el contacto físico. Si bien nunca ha ido solo más allá de la tienda de la esquina, la noche que el perro de una vecina aparece atravesado por un horcón, Christopher decide iniciar la búsqueda del culpable.
Melissa, una abogada convertida en una exitosa presentadora de pódcasts, se ha casado recientemente con un hombre cuya primera esposa murió trágicamente, dejándole a él y a su pequeña hija, Riley, atrás. Mientras Melissa y su hermano Mike ayudan a su madre Nancy a trasladarse de Cape Cod a los idílicos Hamptons, la nueva hijastra de Melissa desaparece. Basándose en la experiencia de su propio secuestro, Melissa y Mike se apresuran a encontrar a Riley para salvarla del trauma con el que todavía luchan, o algo peor.
Agatha Raisin se lía la manta a la cabeza y decide marcharse de Londres para saborear las mieles de una jubilación anticipada en un tranquilo pueblo de los Cotswolds, donde no tarda en aburrirse como una ostra. Desplegar su talento para la alta cocina en el concurso gastronómico de la parroquia tendría que convertirla, por fuerza, en una celebridad. Sin embargo, al primer bocado de su exquisita quiche, el juez del concurso cae desplomado y Agatha se ve obligada a confesar la amarga verdad: la quiche letal era comprada. No hay más que una solución para que la perdonen: meterse en harina y desenmascarar ella misma al asesino.