Orikuchi Shinobu fue un lingüista, etnólogo, folclorista, novelista y poeta japonés. Referente de la crítica literaria nacional y de los estudios del folclore en las primeras décadas del siglo xx, este personaje no estuvo exento de polémica por su asociación con el militarismo japonés, su adicción a la cocaína y su homosexualidad declarada. El presente volumen recoge la primera recopilación del trabajo de estudio y traducción sobre la figura de Orikuchi Shinobu con una serie de ensayos y traducciones publicados por primera vez en español, algunos de ellos sin referente en otras lenguas europeas. Esta obra pretende no solo cubrir un hueco de conocimiento necesario en la niponología hispana, sino también reevaluar la obra, la figura y el legado de este autor.
Ocho relatos sobre la vida cotidiana en México En una tlapalería de la ciudad se oye, se ve, se huele el alegre ajetreo de los barrios, pero también la insidia y los dimes y diretes que le dan color a las historias que regocijan nuestra imaginación. Elena Poniatowska Amor muestra sus dotes de gran narradora y ofrece un inventario de personajes y lugares que reflejan el potencial que esconde lo cotidiano para cautivarnos. La Biblioteca Elena Poniatowska reúne la obra narrativa, ensayística y periodística de la autora que ha trascendido fronteras y se ha convertido en un referente por su amor hacia lo popular y sus ritos. Tlapalería es una florida galería de las situaciones, tanto alegres como tristes, que les dan su carácter extraordinario a las vivencias de todos los días.
Este volumen, el segundo de la serie que compila los distintos relatos que Andrea Camilleri ambientó en la imaginada e inconfundible Vigàta, ofrece, al igual que el primero, ocho historias con el sello característico de su autor: un humor inteligente y mordaz, ritmo, intrigas y enredos, y la mirada particularísima a un mundo y una humanidad llenos de contradicciones, de miserias y de bondad, y concentrados en el discurrir de la vida en un pequeño pueblo siciliano entre finales del siglo XIX y mediados del XX.
El corredor es un alarido de metal y literatura cuya virtud primordial es llevar al lector a un paroxismo, a esa exaltación propia de los derviches y pilotos cuyos bólidos están avizorando, en fracciones de segundo, la pared donde habrán de estrellarse, el fuego donde serán desgarrados por engranajes y ángulos enfurecidos. Alejandro Vázquez Ortiz ha logrado escribir un mecanismo narrativo cromado, con varias capas de pintura, donde conviven la violencia y la desesperación, donde el vértigo y el vacío son las únicas certezas. Aceite quemado, autopistas interminables que brillan en el desierto como pistones al rojo vivo, un terraplén de grava y concreto habitados por automóviles, sangre y dolor. Esta novela no es ajena a un fetichismo, no es ajena a nosotros, humanos al borde de todo. Y eso es lo que la vuelve memorable.
En este libro crudo y tierno, entre la emoción y la dureza, los recuerdos se ligan a los ritmos de las rondas infantiles. Llega el momento en la vida en que los juegos y cantos pierden su inocencia. Una muchacha educada, pero también traviesa, que toca el piano, practica esgrima y se pelea con su hermana, transita la traumática experiencia que separa la niñez de la adolescencia. El despertar del cuerpo y el encanto por lo prohibido pautan las rondas de una niña que se quiere comer y «amanecer al mundo / desflorada a besos». La Biblioteca Elena Poniatowska reúne la obra narrativa, ensayística y periodística de la autora que ha explorado con maestría el género que ha tenido enfrente. En Rondas de la niña mala la poesía evoca los fogosos años de la juventud y el descubrimiento de la sensualidad y sus delirios.
David Galán, conocido como REDRY, es uno de los poetas urbanos más queridos. En esta ocasión, además de los textos que hacen honor a su poética habitual y tan apreciada por su audiencia, se enfrenta a un diálogo lírico, creativo y novedoso con sus escritores de cabecera.
El libro está organizado como una travesía habitual de avión, por lo que el vuelo supone la columna vertebral del poemario, en el que cada apartado supone un destino "aéreo" puntual de interlocución poética, en el que Redry se sumerge en la palabra de Benedetti, Chacel, Lorca, Pizarnik, Mistral, Whitman, Machado, Delibes, etc., entre otros muchos creadores, dando "vuelo" a sus propios poemas, inquietudes y emociones.