En un futuro cercano, nada imprevisible ha ocurrido. Al contrario, todo es un poco más frío, más distante. Los ancianos, los sentimientos o la vida de los outsiders valen menos y las fronteras, más.
Esta es la historia de Shasta, hija de un disidente y locutor furtivo de relatos. Ambos construyen emisoras de radio en un taller secreto de su casa. Con ellas realizan incursiones nocturnas y narran historias que forman parte de un plan cuyo propósito completo Shasta desconoce. También es la historia de Matt Scott, director del cuerpo de seguridad de fronteras, el peor enemigo de los disidentes y vecino de Shasta. La trama los unirá en un duelo psicológico de mutuos intereses escondidos en conversaciones íntimas que ninguno elude. La intuición y la inteligencia serán las únicas armas de un juego que poco a poco se intuye fatal.
Disidentes se plantea con todo el suspense de un thriller de ciencia ficción. No obstante, la tensión argumental de esta novela no es su máximo valor, el diseño de su arquitectura permite que asome en la novela una nueva capa más profunda, más vital.
Disidentes está construida por una historia trasversal la cual se ve atravesada por la narración furtiva de diez relatos. Diez relatos de gran fuerza visual, cosidos sobre ella de tal forma que cada uno aporta un eco importante a su paso. En cada narración, el suspense del thriller deja lugar a materias más íntimas. El amor, la vejez, los recuerdos, el concepto del tiempo o del mal flotan en la trama de cada relato y, gracias a ellos, la historia trasversal consigue revelarse en todas sus dimensiones llegando a tomar una entidad y un calado inesperados.
Durante el transcurso de una noche, Kristóf asumirá el doble papel de acusado y testigo de la confesión de Greiner, que al desgranar la historia de su matrimonio evidenciará el abismo que separa a los dos hombres: por un lado, el burgués que renunció a la emoción de lo desconocido para perpetuar los sólidos valores de una clase social asentada y autocomplaciente, y por otro, el joven advenedizo que, por conquistar a una mujer que le estaba vedada, se entregó a una existencia erigida sobre la impostura y encorsetada en unos cánones ajenos a su persona.
Mediante extensos monólogos de los personajes,Márai vuelve una vez más a sumergirse en el vacío y la soledad del alma humana, confrontándola con una sociedad que se moderniza ytoma un rumbo incómodo para las clases burguesas europeas.
El último expediente llegado al escritorio de Kristóf Kömives, juez en la Budapest de entreguerras, es el divorcio de los Greiner. Un caso más, excepto que el nombre de soltera de la mujer, Anna Fazekas, hace perder al magistrado su inmutable serenidad. El alegre desparpajo de la juventud, un paseo por el lago, una mirada arrebatadora: la evocación de aquellos instantes fugaces basta para perturbar, tantos años después, el sosiego de su intachable vida burguesa.
Irreales, inquietantes, tocados con el hálito de lo fatal, estos doce relatos son un viaje por diversas ciudades de un mundo que se ve trastocado por la nostalgia, el desarraigo del exiliado o la simple presencia de lo insólito. Un presidente que planea el regreso al país que lo derrocó, un castillo cuyo dueño se niega a abandonarlo a pesar de no encontrarse ya entre los vivos, una intérprete de sueños, una prostituta que se prepara para morir sin saber que la vida todavía le tiene sorpresas, entre otros personajes únicos, desfilan en estas páginas inolvidables.
En Barcelona, una prostituta que va entrando en la vejez entrena a su perro para llorar ante la tumba que ha escogido para sí misma. En Viena, una mujer se vale de su don de ver el futuro para convertirse en la adivina de una familia rica. En Ginebra, el conductor de una ambulancia y su esposa acogen al abandonado y aparentemente moribundo ex presidente de un país caribeño, solo para descubrir que sus ambiciones políticas siguen intactas. En estos doce relatos magistrales acerca de las vidas de latinoamericanos en Europa, García Márquez transmite la melancolía, tenacidad, pena y ambición que forma la experiencia del emigrante.
Bajo el título de “Doce lunas”, un poema de la primera época de Eduardo Jordá que sirve para definir una vida de poesía, este volumen ofrece una antología personal en la que cada poema es acompañado por un relato homónimo donde el autor evoca el momento que hizo posible la escritura. No son comentarios ni análisis, sino relatos autónomos que iluminan la gestación del poema y ensanchan su sentido, al revelar la circunstancia de la que partió el poeta. “Un poema ocurre, de repente, sin previo aviso. Vemos algo, o sentimos algo –sin que sepamos muy bien qué es–, y sabemos que ahí hay un poema, que se manifiesta en forma de revelación o epifanía”, escribe Jordá, convencido de que cada poema encierra su propia historia y de que esa historia merece ser contada en una especie de making of. Formada por 55 composiciones en verso y otros tantos relatos asociados, que ven aquí la luz por primera vez, la selección incluye varios poemas inéditos y otros que no han aparecido en volumen exento, sino en revistas y publicaciones sueltas. La relación no sigue un orden cronológico según la fecha de composición o publicación, sino que se estructura según su propia “vida interior”, de acuerdo con el esquema de las doce lunas que da título al libro; dicho de otro modo, los poemas se han agrupado siguiendo la pauta de un ciclo –los meses del año, las fases de la vida– que ya se acerca al final. En realidad, podría decirse que Doce lunas es la autobiografía poética de un autor que no tiene ninguna intención de escribir una autobiografía.