Los monstruos existen, pero no como los imaginamos. Se camuflan entre la gente utilizando la ropa y el maquillaje para ocultar su naturaleza. El narrador de este libro es uno de ellos. Sufre una grave enfermedad de la piel que le lleva a evitar las playas y la ropa de verano y se ve reflejado en las vidas de otros monstruos con su mismo mal.
La piel humana es el órgano más extenso del cuerpo y es también nuestra presentación ante el mundo. La piel delata la raza, la edad, la experiencia y hasta el carácter de cada uno. La piel nos aísla y a la vez nos comunica con los demás.
Muchos nombres conocidos han sufrido una vida condicionada por la mala piel —Stalin y el narco Escobar, los escritores Updike y Nabokov, la cantante Cyndi Lauper y algún personaje de Scorsese desfilan por estas páginas— y sus peripecias, junto a las del narrador, nos hablan de imagen y cosmética, de nuestra sociedad hipermedicalizada, y de racismo o clasismo. En suma, de una experiencia muy humana: el miedo a que nos vean como de verdad somos.
Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar: el amor de Kahlan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar. Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Kahlan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Luz, que afirman ser su única esperanza.
Durante siglos, los Carryx han destruido o esclavizado en toda la galaxia. Pero ahora se enfrentan a un enemigo inmortal, y la clave para su supervivencia está en manos de los humanos del planeta Anjiin.
Las naves Carryx descienden y se llevan a los mejores humanos; entre ellos, a Dafyd Alkhor -asistente de un brillante científico. Todos son abandonados en una lucha contra otras especies con la extinción como precio del fracaso. Solo Dafyd y algunos compañeros comprenden que para sobrevivir deberán comprender (y manipular) a los propios Carryx. Y al hacerlo, Dafyd se convertirá en el hombre más odiado de la historia y el guardián de su pueblo.
El tío Celan era serísimo como los candelabros; sostenía la mirada y saltaba los siglos; sabía que hay edificios umbrosos, terribles, sin estilo resuelto de antemano; estilo alpino, estilo garaje, estilo japonés, sin estilo; por eso no dormía o dormía caminando cuando usaba palabras en el sueño de cuarzo, de ámbar, sin moscas, de granito fragmento de “Capítulo tío Celan”, de Luis Moreno Villamediana Luis Moreno Villamediana (Venezuela, 1966).
Las mejores historias son las que podemos compartir
Como amante de las historias clásicas de crímenes, no es de extrañar que Kaede, una profesora de veintisiete años, se cruce con misterios cotidianos con más frecuencia que la mayoría de las personas. Resolverlos, sin embargo, es otro asunto, y la persona a la que siempre recurre en busca de orientación es su querido abuelo, quien, a pesar de padecer un tipo de demencia, conserva una aguda lucidez mental. Desde asesinatos imposibles en habitaciones cerradas hasta desconcertantes casos de personas desaparecidas, la nieta y el abuelo, cual aprendiz y maestro, forman un equipo que «teje historias» para llegar al fondo de diversos casos. Mientras tanto, una sombra se cierne lentamente sobre Kaede, representando una amenaza más insidiosa...
«Los personajes son maravillosos. ¡Sus conversaciones brillan! Los libros de Masateru Konishi darán de qué hablar durante años.»
Tras el ataque sufrido en 2022, en el que casi pierde la vida y que relató en su anterior libro, Cuchillo, «nuestro Scheherazade» -como lo llamó Ursula K. Le Guin- regresa a la ficción. En estos cinco relatos, la desbordante imaginación de Salman Rushdie adopta un tono crepuscular. Vuelve a sus orígenes, a las calles del Bombay de Hijos de la medianoche, donde se reencuentra con viejos personajes de la novela de 1981, y completa un recorrido por los tres países donde ha vivido: India, Inglaterra y Estados Unidos.
¿Nos dejamos llevar hacia la muerte o nos resistimos a ella? ¿Cómo nos despedimos de los lugares que han sido nuestro hogar? En estas historias donde se dan cita dos ancianos criminales, un infeliz matrimonio cargado de música, dólares y magia, el fantasma de un académico inglés con ansias de venganza, una muerte misteriosa y una preciosa parábola sobre la libertad de expresión, Rushdie se enfrenta a la penúltima hora de la vida y reflexiona sobre la muerte y el legado, la identidad y la pertenencia.