Leer esta magnífica historia es como descorrer un oscuro velo hacia lo desconocido. En esta obra maestra del terror cósmico, H. P. Lovecraft, el arquitecto del miedo ancestral, nos guía hacia un mundo donde las certezas se desmoronan y la cordura se convierte en un frágil espejismo. El relato traza un inquietante descenso hacia las profundidades de lo prohibido, allí donde fuerzas inimaginables aguardan, indiferentes a la insignificancia humana. Con su inconfundible estilo, el autor entrelaza ciencia, mitología y horror, creando una atmósfera tan opresiva como fascinante. La narrativa, cargada de detalles meticulosos, dibuja criaturas imposibles, vastos abismos y secretos olvidados que despiertan tanto la fascinación como el terror. Ese terror que se transforma en más horror, en un horror insoportable, en una exploración de los límites de la percepción, una advertencia sobre la osadía de desafiar lo incognoscible. Con cada palabra, este genio de Providence nos sumerge en un abismo de pesadilla del cual, quizá, no podamos regresar…
La pequeña villa de Dunwich vive aterrorizada por un ser monstruoso y deforme. Pero Wilbur Whateley no sólo tiene un aspecto grotesco, sino que también guarda un oscuro secreto: el Necronomicón, el libro maldito. Si alguien lo descubre y lo usa para invocar las fuerzas del mal que retiene, el mundo conocerá su apocalipsis.
En una España deslumbrada por el Mundial de Fútbol de 1982, un grupo de amigos con un pasado común, la lucha armada, intenta llevar a cabo la última de las operaciones contra el sistema, que se convertirá también en la última de las operaciones contra sí mismos.
El hombre solo, novela de intriga que fue galardonada con el Premio Nacional de la Crítica de narrativa en euskera, nos adentra en la mente de un hombre que todavía no ha aprendido a caminar fuera del territorio del Miedo.
La escritura brillante, precisa y llena de matices de Bernardo Atxaga, ganador del Premio Internacional LiberPress Literatura, el Nacional de las Letras Españolas y el Liber, brilla en este libro que narra los años complejos y desgarrados de nuestra historia reciente.
Para un padre no hay mayor dolor que perder a un hijo. Y Roberto Cusac lo sabe bien: bastaron unos segundos para que Jaime desapareciera de un parque infantil sin dejar rastro. Años más tarde, en un intento por redimir su culpa, entra a trabajar como investigador privado en una fundación de personas desaparecidas junto con Inés Herrera, su esposa, quien se encarga de la parte legal. Tienen otro hijo, que ha crecido a la sombra de un hermano al que nunca conoció, pero que continúa presente en la vida de sus padres. Y más cuando una noche, en un paraje inhóspito, reaparece un niño desaparecido. Desnutrido y con evidentes signos de tortura, el pequeño relata haber estado encerrado por un hombre sin rostro. Desde ese instante, y guiados por el temor de que Jaime haya sufrido la misma suerte, Roberto e Inés iniciarán una investigación paralela para descubrir la verdad.
«El hombre sentimental es una historia de amor en la que el amor no se ve ni se vive, sino que se anuncia y recuerda», dice Javier Marías en su epílogo. Y se pregunta: «¿Puede esto ocurrir?».
Un famoso tenor, conocido como el León de Nápoles, es el encargado de contar esa historia sucedida cuatro años atrás, durante una visita a Madrid para ensayar el Otello de Verdi. Los personajes son la misteriosa y melancólica Natalia Manur; su marido, el banquero Manur, y el imperturbable y obsequioso señor Dato, acompañante de profesión. A su alrededor se mueven otros secundarios: una prostituta apresurada, una vieja gloria de la escena operística, un minucioso viudo, un antiguo amor.
En su clásico estudio del pensamiento rebelde, Albert Camus traza un recorrido que va desde la Ilustración hasta las revoluciones del siglo XX, pasando por movimientos como el anarquismo o el nihilismo. Polémico desde su publicación, el libro explora también el vínculo entre rebeldía política y estética, con análisis de figuras como el marqués de Sade, Marx, Nietzsche y los surrealistas. En fin de cuentas, Camus no solo repasa casi dos siglos de insumisión, sino que ofrece valiosas hipótesis sobre la desmesura de su tiempo y, en buena medida, del nuestro.