Reconocida como la obra más emblemática de Doris Lessing, testimonio clave sobre la condición femenina y crónica de una generación, El cuaderno dorado relata la profunda crisis vital de la escritora y militante comunista Anna Wulf.Anna Wulf es una novelista y madre divorciada que padece estancamiento creativo. Para escapar de la desesperación que la invade empieza a anotar sus vivencias en cuatro cuadernos de colores: «un cuaderno negro, en el que está Anna Wulf, la escritora; un cuaderno rojo, dedicado a la política; uno amarillo, en el que escribo historias que proceden de mi experiencia, y un cuaderno azul que intenta ser un diario».
El cuarto de atrás, Premio Nacional de Narrativa en 1978, es un libro de memorias, un ensayo literario y una novela hilvanada de relatos, nacidos de una larga e íntima conversación de la autora consigo misma.
Durante una noche desapacible de insomnio, C, la escritora protagonista de esta historia (alter ego de la propia Carmen Martín Gaite), recibe la visita de un misterioso desconocido con el que mantendrá una larga conversación en el cuarto de atrás de la vivienda. En ese diálogo, la autora comparte recuerdos de infancia y de juventud, así como personales reflexiones acerca del oficio de escribir, la opresiva condición de ser mujer en la España de posguerra o sus ideas acerca de la memoria, el amor y la búsqueda de la identidad.
Un trasplante de urgencia
Un donante lleno de secretos
¿Qué esconden los latidos de tu corazón?
Nueva York, 2017. Cora Merlo, médico residente de primer año, sufre un infarto fulminante que la obliga a un trasplante de corazón. Aún convaleciente la joven recibe la visita de una extraña mujer con una enigmática oferta: pasar unos días en Steelville, un pequeño pueblo de interior, para conocer la vida de su hijo Charles, el donante de su corazón.
Cora se adentra así en un hogar lleno de secretos, en un misterio que se extiende durante veinte años y en un pueblo hermético en el que, justo el día de su llegada, desaparece un bebé en un parque público.
Amparándose en la coartada del terrorismo, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.
En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela -o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir- le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.
Los peligros inherentes a mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood. Una escritora universal que, con el paso del tiempo, no deja de asombrarnos con la lucidez de sus ideas y la potencia de su prosa.
Amparándose en la coartada del terrorismo, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.
En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela -o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir- le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.
En una tierra sin nombre ni tiempo, un hombre llama a la puerta del rey para pedirle un barco con que zarpar en busca de la isla desconocida. Las trabas burocráticas que le ponen, la dificultad para emprender el viaje, la procedencia de la tripulación, los pertrechos necesarios y hasta el sitio de la presunta isla serán el objeto de esta narración en apariencia sencilla, pero que va ganando hondura con cada página.