La humanidad se enfrenta a una nueva Desolación con el regreso de los Portadores del Vacío, un enemigo tan grande en número como en sed de venganza. La victoria fugaz de los ejércitos alezi de Dalinar Kholin ha tenido consecuencias: el enemigo parshendi ha convocado la violenta tormenta eterna, que arrasa el mundo y hace que los hasta ahora pacíficos parshmenios descubran con horror que llevan un milenio esclavizados por los humanos. Al mismo tiempo, en una desesperada huida para alertar a su familia de la amenaza, Kaladin se pregunta si la repentina ira de los parshmenios está justificada.
Entretanto, en la torre de la ciudad de Urithiru, a salvo de la tormenta, Shallan Davar investiga las maravillas de la antigua fortaleza de los Caballeros Radiantes y desentierra oscuros secretos que acechan en las profundidades. Dalinar descubre entonces que su sagrada misión de unificar su tierra natal de Alezkar era corta de miras. A menos que todas las naciones sean capaces de unirse y dejar de lado el pasado sangriento de Dalinar, ni siquiera la restauración de los Caballeros Radiantes conseguirá impedir el fin de la civilización.
Teodor Merlin es un experimentado diplomático de las Naciones Unidas. Hace cinco años tuvo que hacer frente a lo inimaginable, la muerte de su hija en Oriente Medio. Joanna trabajaba para una ONG y ni las circunstancias de su muerte ni la eventual participación de las autoridades o de su propia organización se llegaron a esclarecer del todo.
En el presente, a través de algunos encuentros imprevistos y casi en contra de su propia voluntad, es arrastrado al descubrimiento de qué ocurrió exactamente hace cinco años, lo que se convierte en una misión devastadora para lograr la justicia donde no hay ninguna solución en el plano legal. Él, que toda su vida ha creído en las palabras para resolver conflictos, se encuentra ahora ante el dilema de decidir si debería tomarse la justicia por su mano, frente al presunto culpable y con un arma en la mano: ¿debería disparar o no?
En Juventud, la segunda parte de las memorias noveladas del premio Nobel de Literatura J.M. Coetzee, el narrador, un estudiante en la Sudáfrica de los años cincuenta, lleva tiempo planeando escapar de su país natal: del sofocante amor de su madre, de un padre cuyos errores lo persiguen y de lo que adre, de un padre cuyos errores lo persiguen y de lo que parece ser una revolución inminente.
Estudiando matemáticas, leyendo poesía y ahorrando dinero intenta asegurarse de que, cuando se enfrente a las vicisitudes del mundo real, sea eso lo que sea, estará preparado para experimentarlas con una intensidad total y para transformarlas en arte verdadero.
Una vez en Londres, sin embargo, lo que se encuentra no es ni poesía ni bohemia. Más bien al contrario: sucumbe a la monotonía de una vida como programador informático, en la cual las aventuras esporádicas y carentes de amor no ofrecen consuelo alguno. Lejos de encontrar la inspiración, deja de escribir.
¿De que hablan las narraciones de Kafka? Despues de haber recibido respuestas innumerables, la pregunta sigue suscitando un sentimiento de aguda incertidumbre. ¿Son sueños? ¿Son alegorías? ¿Son símbolos? ¿Son cosas que suceden día a día? Las mºltiples soluciones que se han ofrecido no consiguen eliminar la sospecha de que el misterio permanece intacto. Este libro no se propone disipar ese misterio sino dejar que surja "iluminado por su propia luz", como escribió una vez Karl Kraus. Por eso intenta mezclarse en el discurrir, en el tortuoso movimiento, en la fisiología de sus historias, encontrando por el camino las cuestiones más elementales. Como, por ejemplo: ¿quien es K.?
«Cuentan que Kairós, el dios del instante feliz, tenía un rizo en la frente y solo así podía uno sujetarlo. Ahora bien, en cuanto alzaba el vuelo con sus pies alados, mostraba la parte posterior del cráneo, pelada, reluciente y sin nada en ella a lo que las manos pudieran agarrarse. ¿Hubo un instante más feliz que aquel en que, siendo una chica de diecinueve años, conoció a Hans?»
Berlín Este, 1986. Un día de noviembre Katharina, de diecinueve años, conoce en un autobús a Hans, un escritor ya entrado en la cincuentena, casado y con un hijo adolescente. Inician una relación amorosa compleja y no necesariamente idílica. Mientras tanto, el bloque comunista empieza a tambalearse, y la RDA acabará colapsando, con la icónica imagen de la caída del Muro.
Se abre un tiempo de esperanzas, pero también de incertidumbres. Un tiempo de zozobra y desconcierto, que cada uno de los personajes vivirá de forma muy distinta por la diferencia de edad que los separa.
Huyendo de arquetipos y clichés, Jenny Erpenbeck construye una historia de amor llena de altibajos y no exenta de manipulaciones y toxicidad. Y al mismo tiempo traza una crónica repleta de aristas y matices sobre un momento crucial de paso, en el que una sociedad represiva pero también protectora se convierte en otra libre pero también agresivamente competitiva.
La joven en cuya cabeza pululan estas palabras vive en un suburbio de París, tiene una hija de diez años y un marido que ha trazado para ellas un plan lleno de fronteras. La joven en cuya cabeza pululan estas palabras ha visto un vestido rojo en un escaparate, ha intentado comprarlo pero no puede. Piensa en que quizás, algún día, su hija pueda ponérselo en su nombre. Desea que, algún día, su hija se lo ponga en su nombre.
La joven madre que desea el vestido rojo no sabe leer. Sin embargo, acaba de llevar a casa un libro que ha encontrado en el descansillo de su piso. Podría ser del vecino, pero lleva varios días ahí y no lo ha recogido. Ella no sabe leer, pero su hija sí. Ese libro no puede estar ahí por casualidad. ¿Quién es ese Kant que habla de atreverse, de conocerse, de la necesidad de ilustrarse, de saber, para ser un individuo completo, una persona? La joven madre no es una joven madre cualquiera. Es francesa, pero no es blanca ni católica. La joven madre de esta novela es un fantasma que se esconde tras un burka.