En una villa a las afueras de Zúrich vive el anciano Dr. Stotz, rodeado de retratos de una mujer joven. Melody fue una vez su prometida, pero poco antes de la boda, hace más de cuarenta años, ella desapareció. Stotz nunca se recuperó de su pérdida y ha dedicado su vida a buscarla. Sabedor de que le quedan pocos meses de vida, y con el fin de poner orden en su patrimonio y su legado, Stotz contrata a un joven que necesita urgentemente un trabajo. Poco a poco, a medida que se adentra en los papeles, Tom empieza a preguntarse si Stotz es realmente quien pretende ser, si su vida ha sido la que él cuenta y si Melody existió. Melody es un thriller contemporáneo en el que la verdad tiene muchas caras. Una historia maravillosamente romántica, una lectura cautivadora, ambientada en Zúrich y Grecia, cuya trama da innumerables giros y vueltas que mantienen a los lectores clavados en el sillón hasta la última página.
Regístrese y archívese, aunque se prefiera no hacerlo: Es la noche del 10 de diciembre de 1831 y Allan Melvill cruza a pie el congelado río Hudson.
A partir de las figuras de Herman Melville y de su padre Allan Melvill —surcando días de infancia junto al lecho de un alucinado y noches de escritor crepuscular que ya no empuña pluma ni arpón Melvill sale a la caza del enigma de la siempre huérfana vocación literaria, del legado del estigma familiar, de los navegantes de la ficción y de los náufragos de la realidad.
La de Bioy Casares es una obra extraordinaria y vigente que, además, ofrece una especie de enigma: esa etapa entre 1929 y 1940 en la que publicó varios libros de los que él mismo prefirió no acordarse. En Memorias, sin embargo, ofrece algunas precisiones al respecto.
En estas páginas habla también de sus primeros perros y caballos, de sus disidencias con el grupo Sur, de su acceso al género fantástico a partir de un espejo veneciano en el cuarto de vestir materno, de su compleja relación con Silvina, de ese folleto sobre el yogur y la leche cuajada que significó el debut de una de las sociedades literarias más destacadas de todos los tiempos con Jorge Luis Borges, de la estancia de los Bioy en Pardo y de un inolvidable hotel que lo motivó a escribir ese particular cóctel que él define con toda naturalidad y terminó por convertirse en uno de los estilos más reconocibles de la literatura argentina: "historias donde conviven animales feroces, que sugieren épocas bárbaras y frívolos turistas de nuestro tiempo".
Teffi fue una escritora extraordinariamente popular en la Rusia prerrevolucionaria, admirada tanto por el zar Nicolás II como por Lenin. Nacida en una prominente familia de San Petersburgo, poco después del estallido de la revolución, en 1918, emprendió un viaje para acudir a unas veladas literarias en Ucrania sin sospechar que su odisea terminaría en París, donde viviría exiliada el resto de sus días. En estas Memorias narra su periplo de Moscú a Constantinopla –ya sea en un vagón de mercancías, en un barco ruinoso o en carreta– mientras se cruza con personajes de lo más diverso que huyen de la guerra civil, «gente sencilla y poco heroica» que, como ella, se vieron arrastrados por el torbellino de la historia.
Considerada la obra cumbre de Teffi, esta narración rebosante de ingenio y humor negro nos habla del caos provocado por la revolución y la guerra y nos invita a reflexionar sobre lo que significa perderlo casi todo. Un libro que nos descubre a una autora cuyo talento para la sátira, su perspicacia y su profunda humanidad la convirtieron en una de las escritoras rusas más queridas del siglo xx.
«Cuando regresé a Francia, tras una ausencia de diez años, me informé a través de las pocas personas susceptibles de darme noticias de los miembros del grupo. No fueron noticias muy buenas, y me hicieron comprender aún mejor que el tiempo había pasado. Yo, que tan a menudo observaba el envejecimiento ajeno, tuve que acostumbrarme, a mi vez, a la idea de que mi juventud tocaba a su fin.»
En la época en que tenía veinte años, el narrador conoció a varias personas con las que compartió complicidades y confidencias. Visitó con ellas lugares que en algunos casos ya no existen: un restaurante en el que comían hombres solitarios, un bar que regentaba una martiniquesa, ciertas calles de París, una casa en la Costa Azul…
Era aquel un mundo elegante y sofisticado, de sastrerías, partidas de bridge, olor de pinares y noches interminables… Pero en el que, bajo el refulgente esplendor, también había recodos sombríos. Un mundo contenido en el estribillo de una canción titulada «Memory Lane».
El encuentro con grandes autores de la literatura latinoamericana. Unas memorias deliciosas repletas de humor y pasión.
Entre la ficción y el testimonio, el ensayo y la memoria, este libro da cuenta de algunas facetas de la vida de varios escritores a quienes Gonzalo Celorio tuvo la oportunidad de conocer y de tratar: Arreola, Cortázar, Rulfo, Fuentes, Monterroso, García Márquez, Loynaz, Eco. Por encima de las indiscreciones, prevalece la admiración crítica que Celorio les profesa; por encima del yo del autor, el protagonismo de los escritores; por encima de la anécdota dolorosa, patética o irrisoria, la valoración de sus obras, las literarias y las de la vida misma, que se funden en este libro cargado de pasión literaria y también de humor y de ironía. Páginas deliciosas que invitan a la relectura.