«Miré cantidad de veces una película que filmó mi padre en la playa de Miramar [...]. Yo sonreía a la cámara y jugaba con una pelota de goma. La mano de mi madre me acariciaba la espalda».
Engarzadas como pequeñas piedras preciosas, las escenas y los momentos de esta novela arman un delicado rompecabezas que va y viene en el tiempo; es 1972, es 1976, es el Mundial de Fútbol de 1978, es hoy. De fondo, la casa en Miramar, la casa en la playa de una familia que se desintegra. Los hijos, una nena de diez años y su hermano menor, asisten a los desencuentros y reconciliaciones de los padres, jóvenes, hermosos, llenos de furia y de amor.
Pero también ocurre la tragedia. El padre enferma, y la niña asimila el dolor de la despedida a través de un juego privado entre ellos. Su libro favorito en ese momento, Mujercitas, se convierte en el escenario privilegiado donde juegan a cuidarse y a contenerse uno al otro.
En Miramar, Gloria Peirano nos entrega una historia de amor filial y de duelo que no se olvida con el tiempo; al contrario, se agranda con el recuerdo. Una novela que emociona y nos vincula con las pérdidas inevitables de la vida.
El origen de Miramientos se encuentra en el apéndice «Artistas perfectos», que cierra el libro Vidas escritas. En él, Javier Marías comentaba los retratos fotográficos de treinta y siete autores, todos extranjeros y todos muertos. La exclusión ahí de escritores en español lo llevó a escribir para la revista Cuadernos Cervantes los comentarios a los retratos de Valle-Inclán, Borges, Aleixandre, Benet, Bioy Casares, García Lorca, Victoria Ocampo, Fernando Savater, Cabrera Infante, Neruda, Mendoza, Martínez Sarrión, Cernuda y Quiroga, y a recogerlos, posteriormente y junto a otros retratos, en este volumen que completa con un «Autorretrato farsante» dedicado a sí mismo, una tentación que, como el propio Javier Marías reconoce, no pudo evitar, pero a la que intentó enfrentarse con el mismo «miramiento».
La cafetería Torunka está escondida en una angosta callejuela de Tokio, un rinconcito del barrio frecuentado tanto por gatos del vecindario como por turistas. Entre sus clientes habituales se encuentran Chinatsu Yukimura, una misteriosa joven que siempre deja una servilleta doblada en forma de bailarina antes de marcharse; Hiroyuki Numata, un hombre de mediana edad que ha vuelto al barrio en busca de la vida feliz que abandonó años atrás, y Shizuku, la hija adolescente del propietario de la cafetería, quien sigue tratando de superar la muerte de su hermana mientras se enamora por primera vez.
Si bien la cafetería Torunka sirve un café ideal, lo que les proporciona a esas almas desdichadas es algo infinitamente más valioso.
En el pequeño café de Tokio, algunos lunes del mes se llenan de un aroma especial: su dueño prepara, sin previo aviso, una cata de matcha y transforma el día de quienes, sin esperalo, entran allí. Ese gesto inesperado da inicio a doce relatos a lo largo del año: una mujer que necesita cambiar, una pareja que se enfrenta a una crisis, una artista que ha perdido su propósito y una joven que lucha por liberarse de las expectativas familiares. Historias íntimas y luminosas unidas por el matcha y por un ritual compartido que, al cruzar sus vidas, les permite recuperar la calma, la claridad y la posibilidad de empezar de nuevo.
A punto de cumplir treinta, Esther tiene éxito en su trabajo y comparte piso con sus dos mejores amigas, pero su vida amorosa es un completo desastre. Harta de citas fallidas, se topa con una revista que habla de los siete arquetipos de pareja que hay que experimentar antes de encontrar a la ideal. Y ella ya ha pasado por todos: el Primer Amor, el Error del Trabajo, el Infiel, el Amigo con Derechos, la Oportunidad Perdida, el Imbécil y el Formalito.
Con esta revelación, decide contactarlos para ver si acaso dejó escapar a su media naranja. Porque, ¿qué podría salir mal? Solo tendrá que enfrentarse a unas cuantas catástrofes emocionales sin resolver... ¡nada complicado!
En un Tokio bullicioso, bajo los cerezos que abrazan uno de los ríos de la ciudad, se esconde un pequeño café con tres mesas de madera donde sus clientes encuentran algo más que un lugar para tomar una bebida:
un refugio.
Cada semana, sus visitantes habituales regresan buscando respuestas a sus problemas: una joven escribe largas cartas en inglés, aferrada al recuerdo de alguien a quien extraña; una publicista brillante intenta complacer a todo el mundo y se pregunta si es posible elegir sin decepcionar a nadie; una profesora atrapada en la rutina sueña con un nuevo proyecto, pero el miedo la frena.
El joven encargado del café, con su presencia tranquila, les ofrece algo más que una cálida bienvenida: un espacio terapéutico donde compartir sus miedos y encontrar el valor para seguir adelante. A veces basta una taza caliente y un gesto amable para iluminar el camino.