Venganza (sustantivo): castigo impartido por un multimillonario arrogante e insoportable empeñado en hacerte sufrir por un errorcito minúsculo y diminuto de setecientos millones de dólares.
No me arrepiento de nada.
Bueno, puede que me arrepienta de algunas cosas.
En mi defensa diré que estaba bastante segura de que no me pillarían.
En mi defensa, también diré que no tenía forma de saber que «el Incidente» se haría viral.
Pero el multimillonario más famoso de Toronto no es lo que se dice conocido por su espíritu generoso y comprensivo, y no quiere ni oír hablar de mis excusas.
No cuando mi escenita pública le ha costado el acuerdo de inversión más importante de toda su carrera.
Lo que quiere es una venganza fría e implacable.
Y así es como me veo arrinconada y obligada a hacer un trato con el rencoroso diablo de ojos verdes.
No me queda más opción que estar a su completa disposición las veinticuatro horas del día, cediendo a cada uno de sus caprichos tiránicos.
Pero a medida que sus peticiones, y la tensión extrema, no dejan de ser cada vez más insoportables, no puedo evitar empezar a contraatacar.
Pero no conviene enfadar a un hombre como Adrien Cloutier.
Y como se suele decir, las chicas malas merecen ser castigadas.
Si al morir pudieras transformarte en cualquier cosa y permanecer cerca de tus seres queridos, ¿en qué te convertirías?
En el umbral entre la vida y la muerte, el guardián de almas hace una última pregunta a cada recién llegado: «¿Tienes algo por resolver en este mundo antes de partir? Si la respuesta es sí, puedes regresar convertido en lo que desees».
Esta novela, rebosante de sensibilidad y emoción, reúne once historias protagonizadas por personajes que anhelan despedirse de sus seres queridos: una madre convertida en resina de béisbol para observar por última vez el partido de su hijo, una esposa que se convierte en la taza favorita de su marido para volver a sentir el calor de su mano, un niño transformado en un columpio del parque porque echa de menos a su familia, una chica que se convierte en el bálsamo labial de la novia de su admirado compañero, a quien nunca llegó a confesar su amor. Todos ellos relatos llenos de melancolía, ternura, y un delicado toque de humor.
Cuando tenía diecisiete años, Alice pasó un verano en una casa en el lago con su abuela Nan. Fue allí donde tomó la foto de tres adolescentes sonrientes en una lancha motora amarilla, la imagen que le cambió la vida.
Ahora, como fotógrafa, se siente más cómoda dejando que otros brillen. Sin embargo, últimamente le apetece un cambio, así que idea un plan para Nan y para ella: otro verano en ese lugar mágico, Barry’s Bay.
Sin embargo, tan pronto como se instalan, su paz se ve interrumpida por el rugido de una conocida lancha amarilla, y el hombre que la conduce.
Charlie Florek tenía diecinueve años cuando Alice lo fotografió. Ahora ha crecido y es un sinvergüenza encantador, y los días soleados y las cálidas noches en el lago con él son un bálsamo para su alma. Pero cuando Alice levanta la vista y ve su penetrante mirada verde clavada directamente en ella, empieza a preocuparse…
Porque a ella se le da bien ver a la gente, pero nunca ha conocido a alguien que le devuelva la mirada.
Él nunca dejó de amarla. Ella nunca consiguió olvidarlo.
Jasmine, una romántica empedernida, se dedica a organizar bodas mientras intenta olvidar al amor de su vida: Andréa Moretti. Tras una dolorosa ruptura cuyas razones nadie conoce, intenta seguir adelante. Pero cuando sus mejores amigos se casan, sabe que él será uno de los invitados a la boda.
Andréa se niega a vivir con remordimientos, aunque hay uno que lo persigue día y noche: haber dejado escapar a la única mujer a la que ha amado de verdad.
Obligados a pasar tiempo juntos en la Toscana, entre recuerdos, heridas que nunca llegaron a cerrarse y sentimientos imposibles de ignorar, Jasmine y Andréa descubrirán que algunas historias de amor merecen una segunda oportunidad…
La aventura de la ciencia convertida en literatura. Un libro inclasificable y poderosamente seductor.
Las narraciones incluidas en este libro singular y fascinante tienen un hilo conductor que las entrelaza: la ciencia, con sus búsquedas, tentativas, experimentos e hipótesis, y los cambios que –para bien y para mal– introduce en el mundo y en nuestra visión de él.
Por estas páginas desfilan descubrimientos reales que forman una larga cadena perturbadora: el primer pigmento sintético moderno, el azul de Prusia, creado en el siglo XVIII gracias a un alquimista que buscaba el Elixir de la Vida mediante crueles experimentos con animales vivos, se convierte en el origen del cianuro de hidrógeno, gas mortal que el químico judío alemán Fritz Haber, padre de la guerra química, empleó para elaborar el pesticida Zyklon, sin saber que los nazis acabarían utilizándolo en los campos de exterminio para asesinar a miembros de su propia familia. También asistimos a las exploraciones matemáticas de Alexander Grothendieck, que le llevaron al delirio místico, el aislamiento social y la locura; a la carta enviada a Einstein por un amigo moribundo desde las trincheras de la Primera Guerra Mundial, con la solución de las ecuaciones de la relatividad y el primer augurio de los agujeros negros; y a la lucha entre los dos fundadores de la mecánica cuántica –Erwin Schrödinger y Werner Heisenberg– que generó el principio de incertidumbre y la famosa respuesta que Einstein le gritó a Niels Bohr: «¡Dios no juega a los dados con el universo!»
La literatura explora la ciencia, la ciencia se convierte en literatura. Benjamín Labatut ha escrito un libro inclasificable y poderosamente seductor, que habla de descubrimientos fruto del azar, teorías que bordean la locura, búsquedas alquímicas del conocimiento y la exploración de los límites de lo desconocido.
Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar; con ellos aprendió a conocer la selva y a respetar a los animales y a los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo. Un día decidió leer las novelas de amor que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín. Con ellas se aleja de la estupidez de esos forasteros que creen dominar la selva porque van armados pero que no saben cómo enfrentarse a una fiera enloquecida: de eso se ocupará el viejo Bolívar Proaño.