DOS ESCRITORES, UNAS VACACIONES Y UNA APUESTA. TODO PUEDE SUCEDER EN UN VERANO.
January Andrews es escritora de novelas románticas y una soñadora empedernida.
Augustus Everett escribe novelas serias y cree que el amor verdadero es solo un cuento chino.
Pero January y Gus tienen mucho más en común de lo que creen:
LOS DOS ESTÁN ARRUINADOS. LOS DOS ESTÁN BLOQUEADOS. Y LOS DOS NECESITAN ESCRIBIR UN BESTSELLER ANTES DE QUE TERMINE EL VERANO.
A veces el primer amor solo necesita una segunda oportunidad.
Callahan es el hermano Kane al que todos critican. Para muchos, Cal es un heredero mimado, un atleta fracasado y un alcohólico funcional. Quizá por eso siente que nadie lo conoce de verdad salvo Alana, la chica a la que le rompió el corazón. Después de aquello, Cal prometió no regresar jamás a Lake Wisteria…, hasta que la herencia de su abuelo lo ha obligado a volver. El único requisito, y a priori sencillo, es que debe pasar un verano entero en la casa del lago de la familia antes de venderla. Sin embargo, todo se tuerce cuando descubre que Lana no solo vive en la casa, sino que también asegura ser la dueña.
Alana no debería haberse enamorado nunca de Cal. Él mismo se lo dijo justo antes de destrozar su corazón y su amistad hace casi seis veranos, tras lo que prometió marcharse para siempre. Y seguramente tampoco debería habérselo creído, porque ahora Cal ha regresado con la intención de vender la casa del lago. Sin embargo, hay un inconveniente: la casa también está a nombre de Lana.
Una adivina le dijo a Mila que encontraría a un hombre que la dejaría sin aliento... Se calló la parte en la que literalmente Mila corría por su vida.
Habiendo hecho siempre lo que se esperaba de ella, Mila se viste como corresponde, solo sale con universitarios ejemplares y no hace preguntas. Ni sobre las ausencias de su padre ni por qué no le deja poner un pie en su lugar de nacimiento: Rusia.
Asfixiada por las reglas y la falta de respuestas, Mila hace lo que siempre quiso. Sube a un avión con destino a Moscú.
Nunca esperó enamorarse de un hombre en el camino. Uno con tatuajes en las manos y secretos en los ojos.
Pero la venganza es un plato que se sirve mejor frío, y no pasa mucho tiempo hasta que la hace su prisionera. Desafortunadamente, el invierno ruso es el más frío de todos, y Mila pronto descubre que la única forma de escapar intacta es lograr lo imposible: descongelar el corazón de su captor.
Nora Roberts se pone en la piel de una peligrosa fugitiva con corazón de hierro.
Hace doce años que Liz responde al nombre de Abigail Lowery. Vive sola, acompañada de su perro guardián en una casa a las afueras de un pueblo en Arkansas, permanentemente en alerta. Si la encuentran, esta vez estará preparada.
En una pequeña población donde todos sus habitantes se conocen, las personas reservadas y celosas de su intimidad suelen levantar muchas sospechas, sobre todo si van armadas incluso cuando hacen la compra. Esta actitud de Abigail despertará la desconfianza del apuesto jefe de policía de la zona, que pronto quedará fascinado por su carácter indómito y por la vulnerabilidad que cree entrever en sus ojos.
Cuando la presencia del atractivo agente comienza a ser difícil de eludir, Abigail debe tomar una decisión: huir de allí o enfrentarse de una vez a los Volkov, la familia rusa que años atrás puso precio a su cabeza.
Tristan Caine, el Cazador, no estaba preparado para la llegada de Morana Vitalio. Tras romper una promesa que llevaba defendiendo años, dentro de él se origina una batalla encarnizada entre su futuro y su pasado. La única certeza que tiene es que la vida de Morana aún le pertenece.
A Morana Vitalio, la línea entre enemigos y aliados cada vez le parece más difusa. Su mundo se ha desintegrado ante sus ojos y, ahora, se enfrenta al vacío de lo desconocido en territorio hostil. La única certeza que tiene es que ella es la dueña de su propia vida.
Unidos por un enigma de hace más de veinte años, Tristan y Morana buscan juntos la verdad. Sin embargo, el misterio de las niñas desaparecidas es solo la punta de un gran iceberg.
Quedan muchos esqueletos por desenterrar.
Y se acerca la tormenta.
Si estás leyendo esto ya sabes cómo va eso de la última carta. Lo conseguiste, yo no tuve la misma suerte. No te sientas culpable porque sé que si hubiera habido la mínima posibilidad de que me salvaras lo habrías hecho.
Necesito una última cosa de ti: deja el ejército y ve a Telluride. Mi hermana pequeña está criando a sus gemnelos sola. Es demasiado independiente y no aceptará ayuda fácilmente, pero ha perdido a nuestra abuela, a nuestros padres y ahora a mi. Es demasiado para una sola persona. No es justo. Y además hay algo más que no sabes que está rompiendo a la familia, así que necesitará más ayuda que nunca. Si yo no estoy significa que no puedo estar por Ella, no puedo ayudarles, pero tú si que puedes, así que te ruego, como mi mejor amigo, que cuides de mi hermana, de mi familia. Por favor no dejes que lo afronte sola.
Hace seis años, Camden Daniels regresó de la guerra sin su hermano menor. Desde entonces, nadie en el pequeño pueblo de Alba, Colorado, ha podido perdonarlo —mucho menos su padre. Dolido y marcado por la culpa, Camden se marchó, prometiéndose no volver jamás. Pero un mensaje desesperado lo obliga a regresar. Y con el regreso, también vuelven la traición, el dolor… y la certeza de que algunos fantasmas del pasado no se quedan atrás. Allí, en medio de recuerdos que arden, lo espera la única persona que aún ama: Willow. La mujer que jamás podrá tener, porque en este pequeño pueblo descansan secretos que nunca debieron ver la luz y que hacen su amor imposible.
Una emotiva historia de amor prohibido, traición familiar y redención. Una novela que nos confronta con la pregunta más difícil: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por aquellos a quienes amamos… y que más nos necesitan?
Bree Camden está perdida y secretamente enamorada de su mejor amigo (y también estrella de fútbol americano) Nathan Donelson. Pero ese no es el único problema que tiene. Después de un accidente que pone fin a su sueño de ser bailarina, Bree se dedica a llevar su propia escuela de danza... mientras pueda pagar el alquiler, claro.
Cuando Nathan acude al rescate y compra el edificio en el que se encuentra su negocio, la orgullosa Bree no se lo toma del todo bien. Tras un par (bueno, quizá más) de chupitos de tequila, se va de la lengua delante de una periodista y el mundo entero termina creyendo que ella y Nathan están destinados. Con la superbowl a la vuelta de la esquina, estos dos «nada más que amigos» se ven obligados a fingir una relación ante las cámaras durante tres semanas. Tres semanas enteras.
EN CUESTIONES DE PASIÓN NO HAY AMIGOS NI ALIANZAS... NI COMPROMISOS.
Tras las vacaciones, Rachel James debe volver a su puesto como teniente en el ejército de la FEMF y se encuentra con que la central de Londres no es la misma, ya que los cimientos de su vida perfecta tiemblan con la llegada de un nuevo coronel, soberbio y con una belleza inhumana, que ha tomado el comando.
Christopher Morgan está al mando y cree tenerlo todo claro, pero las tentaciones desencadenarán un torbellino de pasiones soltando el tipo de llama que hace arder a aquellos que se hacen llamar amantes.
Este complicado juego empieza con Lascivia, una historia +21 ambientada en el mundo de la milicia y la mafia, cargada de traiciones, infidelidades, engaños y amores letalmente tóxicos.
Hay amores que hieren, patean y traicionan.
El capitán Bratt Lewis está de nuevo en el comando, con una nueva vida planeada y queriendo retomar el tiempo perdido. Pero las personas que dejó no son las mismas: Rachel James falló, el coronel ha jugado sucio y una nueva ficha ha entrado en el tablero.
Antoni Mascherano quien no es solo un bioquímico, sino también el líder de la mafia, ha puesto los ojos en la teniente James y su objetivo es tomarla como suya. El panorama se complica en esta segunda entrega donde los rencores empiezan a surgir, las relaciones, a agrietarse y los miedos, a avivarse.
Bien dicen que las verdades siempre salen a la luz, y el saber que tan cierto es se comprobará en esta nueva parte donde las pasiones no pueden ocultarse ni los sentimientos disimularse.