«También en el ajedrez y en el amor hay esos instantes en que la niebla se triza y es entonces que se cumplen las jugadas o los actos que un segundo antes hubieran sido inconcebibles».
Alguien que anda por ahí (1977) reúne once cuentos en los que Cortázar vuelve a superarse a sí mismo. Se abre con la inquietante melancolía de «Cambio de luces» y culmina con la violencia policial de «La noche de Mantequilla». Cortázar no sólo crea climas y situaciones irrepetibles, también es capaz de sorprender con proezas estilísticas como «Usted se tendió a tu lado», donde la historia se narra simultáneamente en dos registros distintos; o de rescatar un cuento escrito en los años cincuenta —«La barca o nueva visita a Venecia»—, intercalando comentarios que lo cargan de ironía y matices infinitos.
Nos enseñaron que la felicidad estaba al final de ciertos caminos y que sería feliz una vez alcanzado el éxito, obtenido reconocimiento, conseguido ciertas metas... Yo seguí estos caminos, y logré muchas cosas, pero también caí, y después de todo eso, todavía quería más. Sin embargo, cuanto más avanzaba, más vacío me sentía.
Gafas rotas es el libro en el que me muestro sin máscaras, enseño mis heridas más profundas, cuento mis derrotas y revelo mis miedos, pero no para dar lecciones, sino para que te veas a ti mismo como en un espejo. Porque tú también puedes crear una vida extraordinaria, basándote no en lo que te enseñaron a ser, sino en lo que verdaderamente eres: luz, verdad, autenticidad.
Irak es una herida abierta. Jon Sistiaga, reportero de guerra, narra los pormenores del conflicto y la muerte de su compañero, el cámara de Telecinco José Couso.
Testigo de la guerra de Irak, Jon Sistiaga relata su experiencia, incidiendo especialmente en la crónica de la muerte de su compañero y amigo José Couso, a quien asistió hasta el último momento.
Con pulso ágil, espíritu sincero y voluntad de independencia, profundiza en la peculiaridad de la guerra irakí, en la vida cotidiana de sus habitantes y en el influjo que sobre ello sigue ejerciendo la dictadura de Sadam, al tiempo que desmitifca el oficio de periodista de guerra. La muerte de Couso ocupa un lugar central en la obra, y desde él se nos cuenta con emotividad y precisión la secuencia de hechos, el traslado, la hospitalización, el fatal desenlace y la reacción de las autoridades españoles ante una asesinato que aún no se ha esclarecido.