Cocinar los mejores arroces en casa.
De fiesta y en el día a día. En el campo y en la ciudad. El arroz tiene una enorme capacidad de absorber sabores y aromas, y posee una textura maravillosa. Es patrimonio gastronómico, de cocina de toda la vida y tiene el gran poder de quitar el hambre en el mundo. Llamémosle arroz, arròs, rice, riz, riso, es el ingrediente principal para más de la mitad de la población mundial.
Y es que somos capaces de confeccionar un menú solo de arroz: una ensalada, una sopa, un arròs a la cassola o una paella dominical. Hasta los postres, bebiendo saque y terminando con un licor de arroz, los arroces están siempre presentes en el recetario clásico de nuestra cocina casera, tanto diaria como festiva.
Pertenecemos a una gran cultura arrocera, en el almuerzo del jueves y la paella de los domingos. Es la comida en familia en mayúsculas, el gran plato para compartir. Para tomar entre semana, los findes de semana y en ocasiones especiales. Siempre es buen momento para comer un buen plato de arroz.
La cocina tradicional tiene un montón de recetas de arroz, el recetario puede ser infinito. Y para demostrarlo, aquí tienes en tus manos el gran libro de arroces de Paco Pérez, uno de los mejores maestros arroceros de nuestro país. Algunas recetas son su versión personal de la tradición y otras son de nueva creación, como sus arroces contemporáneos, ya legendarios.
Gengis Kan construyó un imperio terrestre formidable, pero jamás cruzó el mar. Sin embargo, cuando su nieto Kublai Kan conquistó la totalidad de China y fundó la dinastía Yuan, hizo lo que nadie esperaba: lanzó su imperio al océano, creó la armada más poderosa del mundo y transformó China en una potencia marítima global.
Kublai Kan es uno de los personajes más fascinantes de la historia. Llevó a matemáticos islámicos a su corte, donde inventaron la cartografía moderna y aprendieron a medir los astros. Transformó la mayor masa continental del mundo en un imperio unificado y económicamente próspero gracias a la invención del papel moneda. Lanzó una invasión contra Japón, fundó la ciudad de Xanadú e hizo de China el centro político de Asia al convertirla en un imperio marítimo. Sus barcos, de un tamaño y una tecnología que Europa tardaría siglos en igualar, prefiguraron las grandes expediciones de Zheng He en el siglo XV.
Stefan Zweig convierte la vida de Friedrich Nietzsche en un apasionante relato, en la odisea de un espíritu acosado por formidables demonios. Nietzsche aparece aquí como un «don Juan del conocimiento» que se aproxima con galantería —y sentido trágico— a las verdades que ejercen de soporte del consenso moral de occidente, para detectar sus debilidades y forzar después su caída.
Más que una biografía, Zweig ofrece una narración literaria y vibrante: la de un hombre que eligió vivir peligrosamente, un mártir de la sinceridad absoluta, que sacrificó amistades, salud y cordura en su empeño de no traicionarse jamás.