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HELADOS (MESA Y MANTEL)

Un paseo por el campo en el que encontrar ricos e inesperados sabores para los helados. En otoño, piñones y moras; en invierno, almendras y cabello de ángel; en primavera, violetas, cerezas, fresas y albaricoques; y en verano, plátano, algarroba y lima. Helados es un paseo por la naturaleza con los ojos bien abiertos.
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HERMANN G.

La sola mención de su nombre ya provoca un estremecimiento: Hermann Göring. El segundo hombre del Tercer Reich, jefe de la Luftwaffe, combatió junto al Barón Rojo en la Primera Guerra Mundial, creó la Gestapo, firmó la Solución Final, fue el mayor ladrón de arte del siglo xx... Y, sin embargo, Göring es mucho más que eso: morfinómano, devoto esposo, patriota, golpista, dandi, empresario, asesino, cazador, bufón, ecologista, diplomático... Este Hermann G. es, así, una biografía novelada del personaje, tan anárquica como lúcida, en la que Ignacio del Valle nos presenta, además, una profunda reflexión sobre el nacionalsocialismo y la Segunda Guerra Mundial. Porque hablamos de una época, de una cosmovisión; incluso de una profunda historia de amor: la de la del protagonista con Carin, que no es sino una vida de amor por un fantasma. Y es que, igual que la Ilíada o la guerra del Peloponeso, este relato perdurará para siempre: el ascenso de un?nazismo que, sin freno inhibitorio, se impulsa siempre hacia delante, y, una vez superados los límites convencionales, es difícil fijar otros suficientemente gloriosos o monstruosos, hasta cristalizar en los juicios de Núremberg. En palabras del propio Göring: «Yo no tengo conciencia, mi conciencia se llama Adolf Hitler». Una obra que nos refrescará la memoria a todos, ahora que van a cumplirse los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial.
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HEROES MILITARES QUE NADIE CONOCIO

El pináculo de la gloria corresponde a aquellos hombres excepcionales que, aun teniendo la principalía en hechos trascendentales, les adorna la virtud de la modestia y nunca reclaman el supremo sitial que se merecen. Este es el lugar que corresponde a todos esos oficiales de las Fuerzas Armadas que el 18 de enero de 1962 detuvieron las aspiraciones autoritarias del general Rodríguez Echavarría y colocaron en el Palacio Nacional al gobierno legítimo que tenía el encargo de conducir el destino de la nación por la senda democrática. Ninguno de estos oficiales demandó ser reconocido como héroe ni principalía en la acción que realizaron. Esa actitud la confirmaron cuando, en conjunto, y sin mencionar nombres, prepararon un comunicado a la opinión pública donde declaraban que su acción había sido producto de una labor unificada de todas las Fuerzas Armadas dominicanas. “Señalamos que todos participamos en el mismo grado en este acto heroico y que, por eso mismo, no queremos héroes. Teníamos conocimiento de que los miembros del Consejo de Estado estaban detenidos en el Club Cine de la Base Aérea y un grupo de oficiales de la Aviación Militar, secundados por otros del Ejército, la Marina y la Policía, se acercaron al presidente Bonnelly y le dijeron que les precisara su estado y el de los demás miembros.
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