El orientalismo fue y sigue siendo un ambiguo concepto añorante, dramático, a veces perverso, sobre un mundo mágico y elitista, siempre al borde de su destrucción. Nació en un carmen granadino, se extendió por la Europa femenina de los salones y se remodeló con los cuentos de las "mil y una noches". Después del "shock" de la invasión napoleónica de Egipto, el orientalismo impuso la perspectiva de cartógrafos y académicos que acompañó al imperialismo colonial, lo justificó tanto como canalizó la rebelión personal y colectiva contra la imposición de las normas morales hipócritas occidentales. El orientalismo es, en fin, un caleidoscopio de poder, sueños, pesadillas y subversión.
Faye Johnson es la bruja perfecta durante el día, pero cuando cae la noche, se vuelve una maestra en desafiar las normas. En la clandestinidad, acepta todos los trabajos que los demás consideran inmorales, desde vender pociones a vampiros hasta lidiar con licántropos problemáticos. Todo parece funcionar hasta que entra en su vida Reese Marlasis.
El Esencialismo es más que una estrategia de gestión del tiempo o una técnica de productividad. Es un enfoque disciplinado y sistemático para discernir lo que es absolutamente esencial, eliminar todo lo que no lo es y enfocarnos en las cosas que de verdad importan. En vez de tomar decisiones como reacción, el esencialista distingue deliberadamente las pocas cosas vitales de las muchas triviales, elimina lo que no es esencial para determinar en qué cosas puede rendir al máximo y luego quita los obstáculos para que las cosas esenciales fluyan de manera clara y ágil.
La búsqueda disciplinada de lo esencial no consiste en hacer más en menos tiempo. Consiste en invertir de la manera más inteligente posible el tiempo y la energía para rendir al máximo haciendo solo lo esencial. En definitiva, el Esencialismo es una actitud emprendedora, audaz y exitosa.