La brontofobia, o el miedo patológico a las tormentas, se considera un terror infantil, pero son muchos más los adultos afectados. La erotomanía, u obsesión amorosa es tanto la angustia incontrolable por el amor no correspondido como el autoengaño de sentirnos deseados por alguien. La gerascofobia, emparentada con el conocido como síndrome de Peter Pan, describe la aversión ante la vejez o el envejecimiento de los que amamos. La coreomanía es la necesidad imperante de bailar sin tregua hasta caer rendido. Más de la mitad de la población mundial padece nomofobia, el pánico desmedido a no tener el teléfono móvil a mano. A todos, sin excepción, nos obsesiona algo. Mientras la sociedad considera defectos imperdonables las fobias y manías de sus individuos, tan solo entenderlas puede ayudarnos a comprendernos y comprender a quienes nos rodean. Para reconciliarnos con nosotros mismos. Para sentirnos un poco menos solos.
Cuanto más solemne y alta sea la cumbre que se quiere alcanzar, más divertidas y duras serán las caídas. Sobre todo si los alpinistas que quieren completar los 40.000 metros de la montaña más elevada del planeta son:
- Un médico que siempre está enfermo.
- Un guía experto en orientarse que siempre se pierde.
- Un lingüista que jamás entiende qué le dicen.
- Un animador desanimado. Un jefe a quien nadie (menos mal) hace caso. Y decenas de botellas de champán (con fines medicinales).
Este libro reúne por primera vez una selección de sus viñetas más icónicas y entrañables, publicadas en sus títulos anteriores:
Las vidas que dibujamos, El mundo es un regalo, Las cosas que importan, Un libro contigo, Gracias, El pequeño libro del amor y El pequeño libro de las madres.
Además, esta recopilación guarda una sorpresa: ilustraciones inéditas que solo podrás descubrir entre sus páginas.
72 kilos dibuja lo que todos vivimos: el amor, la pérdida, la esperanza, el agradecimiento, la soledad, la alegría de las pequeñas cosas... Un recorrido visual y emocional que funciona como espejo, porque cada página puede ser un refugio, una caricia o un empujón para seguir adelante.