En las calles del Brooklyn de principios de los setenta, donde todavía no se perciben indicios de gentrificación, tiene lugar un ritual diario: lo llaman la danza. El dinero cambia de manos, se entregan pertenencias, el poder prevalece. La violencia está en todas partes, es una moneda de cambio. Para cualquier chaval –ya sea mulato, negro o blanco– la calle es el escenario donde exhibir su fuerza, sus debilidades y sus vergüenzas, mientras los demás actores se esconden entre bastidores: padres, policías, obreros, libreros, propietarios de viviendas; los que escriben los titulares, las historias y las leyes; los que dan nombre al barrio. A simple vista, las reglas se adivinan obvias, pero bajo el prisma de la memoria no está claro quién es víctima y quién delincuente. Las puertas de un vecindario, convertido hoy en oasis para ricos, se abren para mostrar, bajo la resplandeciente fachada de sus edificios, historias pasadas y presentes.
Thiago, Pilar y Bruno cruzan el borde inestable que va de la adolescencia a la adultez entre un verano que quema y un invierno que aísla, con Buenos Aires de fondo como un laberinto que empiezan a descifrar. ¿Cómo crecer cuando los adultos parecen enemigos? ¿Cómo enfrentarse a la exigencia de ser algo que no se eligió? ¿Cuántas formas pueden tener el amor y el deseo?
Marcado por la pérdida de su madre, Thiago busca hacer pie en un mundo del que se siente expulsado. Desde una universidad en Estados Unidos, Bruno trata de hallar un lenguaje que lo identifique en medio de una geografía y un idioma ajenos. Pilar, que siempre actuó como centro de gravedad del grupo, es la encargada de sostener lo que queda de esa familia sustituta mientras la suya se desmorona.
Japón, años sesenta. Poco antes del amanecer, el cuerpo de un alto empresario de una fábrica textil aparece junto a las vías del tren, cerca de la estación de Kuki, con un disparo en el pecho. Las sospechas pronto recaen sobre los miembros de su propia empresa, inmersa en un conflicto sindical marcado por luchas de poder soterradas. Pero la investigación no avanza: las coartadas se sostienen, las pruebas no encajan y los pasos finales de la víctima parecen carecer de sentido.
Cuando el caso se estanca, el inspector Onitsura toma el relevo. Con la ayuda de su joven asistente Tanna, sigue las pistas que otros han pasado por alto y la investigación los lleva a recorrer Japón, de Tokio a Kioto, y de Osaka a la isla de Kyushu, tras los pasos de un asesino que no ha terminado su trabajo. ¿Serán capaces de anticiparse a su lógica antes de que vuelva a matar?
Galardonada con el Premio de la Asociación de Escritores de Misterio de Japón, esta novela es una joya clásica del honkaku, un puzle narrativo con mapas, gráficos y pruebas ocultas a plena vista, donde cada detalle cuenta y donde el lector atento dispone de todas las pistas para resolver el caso.