Los animalitos de marinos tienen muchos secretos. ¡Tira de las solapas y los habrás descubierto! Descubre los animales más característicos de los océanos en este libro donde las pestañas proporcionan una experiencia muy sorpresiva para el pequeño lector.
Los dinosaurios tienen muchos secretos. ¡Tira de las solapas y los habrás descubierto! Descubre los animales más característicos del Jurásico en este libro donde las pestañas proporcionan una experiencia muy sorpresiva para el pequeño lector.
Walter doesn't know what the big deal is—sure, it might be nice to have a green eggs and ham picnic on a hike, but doesn't Sam-I-Am know about all of the bugs? And the flowers that make you sneeze? Or the rivers that block your way? No, Walter is not a fan of the outdoors, he certainly is not. And nothing Sam-I-Am will do or say will change his mind. Too bad for Walter, Sam-I-Am is always up for a challenge!
Varela de Mar es un pueblo pequeño y tranquilo. Doscientos treinta y tres habitantes. Una playa que desaparece cuando sube la marea. Un faro abandonado.
Por eso Alba no lo visita desde hace cinco años. Bueno, por eso y porque allí fue donde aprendió lo que duele el amor, y la herida aún escuece.
Sin embargo, en Varela vive Pelayo, su abuelo, quien ha comenzado a olvidar y ahora la necesita. También están los recuerdos que dejó en sus calles cuando se marchó sin mirar atrás. Y Enol, el chico de las conversaciones raras, la obsesión por las mareas y que parece haber nacido en la época equivocada.
Un regreso inesperado, un faro lleno de secretos y dos historias inacabadas que, quizá, se merecen la oportunidad de un nuevo final.
«Alba, vive el presente. Porque un día será pasado y te atormentará no haberte dado cuenta antes de que todo acaba, incluso lo que creías que era para siempre».
Como ya hiciera en Profanaciones, Agamben recoge aquí, en una serie de ensayos breves, algunos de los temas centrales de su pensamiento: desde la fiesta, vista en inesperada relación con la bulimia contemporánea, a la desnudez, que alberga escondidas implicaciones teológicas; del problema del cuerpo glorioso de los beatos, que tienen estómago y órganos sexuales y sin embargo no comen ni hacen el amor, al de la nueva figura de la identidad impersonal que los dispositivos biométricos están imponiendo a la humanidad.
El punto de fuga hacia el que convergen todos estos temas es la inactividad, entendida no como ocio o inercia sino como el paradigma de la acción humana y de una nueva política. Esa misma acción ociosa define la tierra de nadie en la que se mueve una escritura que ha quemado sus cartas de identidad y que es, a la vez, pensamiento y literatura, divagación y ficha filológica, tratado de metafísica y artículo de costumbres.