Una magus marcada por la guerra. Una fragata consciente. Un secreto que podría hundir imperios.
Cuando rescatan a la Subteniente Azumagus Honor Renn de entre los restos de su primer puesto naval, solo espera la muerte o la desgracia. Sin embargo, se despierta a bordo de la Piedra Angular, una embarcación legendaria de la que se habla en las baladas portuarias y en las salas de guerra reales por igual. Una tripulación de inadaptados. Un capitán élfico y misterioso. Y una misión ligada a la Gran Barrera del Terror, el muro de agua agrietado que impide que Supramar e Inframar estallen en una guerra sin cuartel desde hace cientos de años.
Pero la tragedia que hundió su último barco no solo se cobró vidas, sino que además dejó algo a su paso.
Ahora Renn carga con un secreto que todo el mundo anhela. Una maxia quimérica, arcana… y que poco a poco está quitándole la vida. Puede que la misión del capitán sea su única oportunidad para sobrevivir, incluso si él aún no confía en ella.
Atrapada entre corsarios, príncipes y espías, Renn sabe que cada decisión que tome podría hundir su futuro o incendiar el mar.
El amor puede ser salvación y condena.
Alexandra guarda un secreto por el que podría perder su gloria.
Varinka está decidida a guardarlo por ella.
PETROGRADO, 1917.
Alexandra se ha convertido en la heroína del pueblo; ocurrió casi sin que se diera cuenta, pues es el ejemplo de todo lo que representa el Primer Batallón de Mujeres de la Muerte: valentía, fuerza y devoción ciega.
Varinka ha escapado del control de un hermanastro al que teme profundamente y, para lograrlo, solo tiene una opción: servir en el cuerpo de sanitarios del ejército.
Será en un hospital de Petrogrado, en las circunstancias menos esperadas, donde enfermera y soldado se encuentren. Y a partir de ese momento, a pesar de que el destino esté empeñado en separarlas, buscarán la forma de que sus caminos se crucen una y otra vez...
Pero en tiempos de guerra, nadie tiene la vida asegurada, y tanto Varinka como Alexandra tendrán que tomar decisiones, hacer sacrificios y descubrir hasta dónde están dispuestas a llegar para escribir el final de su historia.
Época de la Regencia, Inglaterra. La señorita Beatrice Hyde-Clare tiene veintiséis años, es huérfana, vive de la caridad de sus parientes y no tiene muchas esperanzas de casarse. Su papel en la vida parece claro: coser, sonreír y no molestar.
Pero cuando recibe una invitación para una elegante fiesta campestre decide que, esta vez, disfrutará. Ni siquiera la presencia del duque de Kesgrave (arrogante, apuesto y absolutamente irritante) le arruinará el momento. Aunque fantasear con verterle la sopa de tortuga sobre la cabeza, eso sí, es tentador.
Lo que Bea no espera es tropezarse con un cadáver. Y menos aún que el juez lo declare suicidio cuando ella sabe que no lo es. Así que, por mucho que le digan que se comporte como una dama… Bea tiene otros planes.
Cash sigue viviendo en la casa que heredó de su madre, la misma que su padre abandonó tiempo atrás, y se dedica a pintar y trabajar en la obra. No es que haya conocido nada más, nunca ha salido de los campos de Johnston, Wisconsin, y nunca le ha interesado demasiado hacerlo. ¿Para qué, cuando sus amigos, su trabajo y toda su vida está allí? Johnston es su hogar y lo adora en toda su escala de grises.
Pero entonces Rose, una extraña de hermosos ojos esmeralda, aparece en el bar de siempre como un soplo de aire fresco en una noche de verano. Y todo cambia. El mundo parece detenerse por un instante y al volver a girar lo hace en torno a ella. Es un flechazo. Al menos para Cash…
En una de las prisiones más infames de Escocia, un convicto es brutalmente asesinado en su celda. Al lado duerme John Rebus, que ha sido condenado y encerrado y ahora vive al otro lado del muro de la justicia.
Pero, como bien dicen, las viejas costumbres son difíciles de eliminar, y es imposible para un detective no caer en la tentación de investigar un misterio. Así que Rebus activa su instinto natural y se involucra en una trama de conspiración, corrupción y muerte en la que incluso a esta figura legendaria le costará mantener la calma.
Sin placa, sin autoridad y sin red de seguridad, caminará por la cuerda floja, con su vida en peligro a cada momento.
Mientras todos duermen, el inspector Almanzor se dedica a redactar un último atestado, cuando recibe una llamada. Al otro lado, Juan, un amigo y camarero del bar Los Gallegos, agoniza. Cuando Almanzor llega precipitadamente al bar ya es demasiado tarde. En el suelo, un cigarrillo con la ceniza intacta; en la barra, un cubata a medio consumir, restos de cocaína y unos cubiletes de dados. Juan no llevaba ejemplar, pero Almanzor lo apreciaba a su manera. Para el, encontrar al asesino es algo que va a ir mucho más allá del compromiso profesional.