“Machete amola’o” es una obra que, desde la experiencia cuasi biográfica del autor, nos encanta con el paisaje histórico de La República Dominicana del siglo XX. La autoctonía reflejada en esta obra, desde un incipiente poblado, de nombre “Navarrete” hasta las aceras “postmodernas” de Los Estados Unidos, pone de manifiesto una vorágine de elementos dignos de ser consumidos desde la voraz lectura acompañada de los ojos de la imaginación recreativa y contemplativa.
Sin dudas, no debe haber un dominicano que, al enfrascarse en la tarea de leer estas páginas salpicadas de una tinta cónsona, desde la pluma de su autor, el Ing. Ramón Núñez Almonte que, con sobrado conocimiento de causa, nos enrostra la realidad de una patria convulsa, particular y heroica. No solo desde la sociedad dominicana macro, sino con impresionantes y vivaces peripecias personales desde su micro mundo.
Después de la última batalla, no llega el vacío, sino un tipo
de silencio diferente. Es la calma que se instala cuando
has decidido rendir las armas de la culpa y la reacción. Durante
años creí que mi historia era un eco de lo que me hicieron; que mi
vida estaría siempre condicionada por lo que me fue negado en esa
infancia que debió haber sido sagrada. Hoy, mientras escribo esta
última palabra, comprendo que la paz no se encuentra al cerrar el
capítulo, sino al reescribir la conclusión.
La fe, aquella conexión que me sostuvo cuando todo lo humano
se desmoronó, no me prometió una vida sin tormentas, me dio
algo más valioso: la certeza de un ancla que no se mueve. Aprendí
que la fortaleza no está en la habilidad de evitar el dolor, sino en
la capacidad sobrenatural de levantarse y no mirar hacia atrás.
Descubrirse es el trabajo más arduo, pero es el único que vale la
pena.
Aquí no hay capas ni escudos indestructibles: solo un sillón ortopédico,
una carpeta Montblanc y la convicción de que el poder
sirve, ante todo, para servirse.
El Procurador es una novela breve que se lee como un expediente
de la realidad de un país cualquiera en El Caribe: ministros todopoderosos,
presidentes bizcos de ambición, jueces usados como
chas de ajedrez y una sociedad atrapada entre la indignación y el
morbo de las redes sociales.
En el centro del escenario, un hombre convencido de ser intocable
planea su gran venganza contra La Jueza, símbolo de integridad y
de esos raros personajes que todavía creen en la justicia. Lo que
empieza como un montaje político se convierte en un espectáculo
nacional de manipulación, descrédito y circo mediático.
Este libro de autoayuda y superación personal como "De los sueños a la acción" es inspirar y guiar a los lectores a transformar sus aspiraciones en realidad mediante estrategias prácticas y herramientas emocionales. Busca empoderar a las personas para superar obstáculos, crear hábitos positivos y tomar decisiones que les acerquen a sus metas.
María siempre soñó con ser profesora de cosmetología, pero sentía miedo al fracaso y no sabía por dónde empezar. Un día decidió leer un libro de superación personal que le ayudó a identificar sus metas específicas y a trazar un plan de acción. Aplicó consejos prácticos, como establecer objetivos pequeños, rodearse de mentores y perseverar ante los contratiempos.
Después de TIEMPO de esfuerzo, María logro sus sueños y, aunque enfrentó desafíos, aprendió que el éxito no se trata solo de llegar a la meta, sino de disfrutar el proceso y crecer como persona. Su historia muestra cómo pasar de soñar a actuar transforma vidas. Por medio a la acción.
En esta Ecos de sangre su autor es cuidadoso al convertir el suceso taíno en argumento teatral. Evita la trampa del localismo, el simplismo y lo folclórico. Cruz parte de un acontecimiento insular para proyectar la trama hacia lo universal.
La princesa Iguanamá, la soberbia Xucaba, el behique Guaguyona y el cacique Ananorex (únicos personajes de la obra) trascienden lo anecdótico para elevar sus acciones hacia un teatro dramático y profundo.
En esta Ecos de sangre, como ya hizo en su poemario Areytos: cantos entre el cielo y la tierra, su creador incorpora parte del encantador idioma de nuestros taínos. Lo que constituye, por demás, un aporte inigualable.
No ahondaremos en estas premisas en la historia que este dramaturgo dominicano nos plantea en su pieza teatral. Dejemos que ella misma abra para todos nosotros el siempre intenso telón de Giovanny Cruz Durán.
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