El nacionalsocialismo convirtió el cuerpo en un elemento central de su proyecto político y social. Durante aquel periodo, la imagen y muy especialmente el cine actuó como un instrumento decisivo para moldear identidades individuales y colectivas. En el encuentro entre estética y poder surge la noción de «cuerpo contenido» como clave interpretativa de la simbología nacionalsocialista: un cuerpo disciplinado y ajustado a los principios del régimen.
La visión del cuerpo promovida por el nacionalsocialismo alcanzó su expresión más influyente en la obra cinematográfica de Leni Riefenstahl, en particular en sus películas El triunfo de la voluntad y Olimpiada. Sus innovaciones formales y narrativas contribuyeron a consolidar un «realismo idealista» que no solo dio soporte al imaginario nazi, sino que ha seguido proyectándose, de manera sutil pero persistente, en la estética contemporánea.
«El cine de Leni Riefenstahl no solo documentó un régimen: creó una estética del cuerpo que contribuyó a convertir la ideología en espectáculo». (Nayra Sanz)
¿Cómo fue posible la expansión de un pequeño movimiento mesiánico nacido en los confines del Imperio romano, hasta llegar a convertirse en la religión dominante de la civilización occidental? En contra de una visión arraigada, la perspectiva sociológica es capaz de mostrar que el cristianismo no surgió como un movimiento clandestino de los desposeídos del Imperio y que su notable crecimiento no fue debido a súbitas conversiones masivas.
A partir de los conocimientos sociológicos sobre la conversión y la manera en que los grupos religiosos reclutan a sus miembros, este libro trata todos los temas relevantes para explicar la expansión del cristianismo: el trasfondo social de los conversos, la misión a los judíos, el estatus de la mujer en la Iglesia, la función del martirio y de la caridad, y el papel de la fertilidad y las enfermedades, sin olvidar la importancia central de la enseñanza, la moralidad y la fe en las comunidades cristianas.
«Cada persona tiene un tesoro, y tú eres el mío.» Nash Anderson es un chico solitario y muy peculiar. Su día a día en el instituto es un infierno… hasta que conoce a Eleonor, una chica risueña dispuesta a todo para enseñar a Nash a disfrutar de la vida. Eleonor tratará de demostrarle que tienen muchas cosas en común, pero cuando su amistad se convierta en algo más, ambos deberán enfrentarse a sus peores miedos
Romper las normas nunca sentó tan bien
A Diana Dixon se le presenta un verano movidito: es una animadora que está ensayando para un concurso de bailes de salón, hace malabarismos con dos trabajos y lidia con un exnovio que no entiende que ya no son pareja. Desde luego, no tiene tiempo que perder con Shane Lindley, su nuevo vecino, un jugador de hockey prepotente y con fama de rompecorazones. Para que la convivencia sea pacífica, habrá que instaurar algunas normas: nada de fiestas y, sobre todo, ningún contacto entre ellos.
Pero cuando Shane decide fingir que tiene novia para poner celosa a su ex, ¿quién mejor que su vecina descarada para interpretar el papel? Diana se muestra reticente, eso implicaría romper sus propias normas, pero al final accede. Aunque, claro, no esperaban la chispa que empieza a arder entre ellos… ¿Tendrán el valor de convertir su farsa en algo real?
¿Charlotte vive una doble vida. De día es la chica perfecta de la hermandad, estudiante de ingeniería biomédica e hija adoptiva de una familia de superdotados. Por la noche, es Charlie: una temeraria amante en busca de diversión que chatea con dos tíos buenos en una app de citas.
Will Larsen puede parecer un chico despreocupado, pero su padre congresista es un auténtico dolor de cabeza, y lo último que quiere Will es que se entere de que él y su mejor amigo Beckett Dunne, un australiano relajado pero con el corazón roto a causa de una relación anterior, a veces comparten chicas.
Cuando Charlie por fin los conoce en persona las cosas se ponen calientes… Pero la vida real amenaza con romper su fantasía, y si quieren protegerla, tendrán que tomar decisiones difíciles.
Escribiría todas mis canciones sobre ti.
Holland es una de las chicas más populares e inteligentes del instituto y su vida parece perfecta. Alex es un chico tímido y solitario que ama la música, pero renunció a su pasión hace tiempo tras sufrir una trágica pérdida. Cuando ambos coinciden por casualidad en el cuarto del conserje, no saben que sus vidas están a punto de cambiar.
Acompañado de un variopinto y divertido grupo de amigos, Alex forma una banda de pop rock en la que cada miembro brilla con luz propia y con la que, junto a Holland, aprenderá que la música y la confianza en uno mismo pueden sanar incluso los corazones más rotos.
Mi corazón todavía late al ritmo de tu voz.
Tras romper con su pasado, Holland comienza una nueva vida en la Universidad de Bellas Artes de Londres, pero su camino no tardará en cruzarse con el de sus viejos amigos, y, entre ellos, con el de su exnovio, Alex, que está pasando por una mala racha: no es capaz de componer ninguna canción y, por si fuera poco, la tensión en su grupo, 3 A. M., está a flor de piel.
Además, Holland tiene que lidiar con las duras críticas de sus padres, que no aceptan que quiera hacer realidad sus sueños. Sin embargo, esta vez quiere ser valiente. Está decidida a tomar las riendas de su vida y volver a escuchar la música de su corazón.
«Tú deseas rosas y corazones, pero él solo posee espinas y oscuridad».
Vanessa es una estudiante universitaria que adora los libros y la lluvia. Marcada por el difícil divorcio de sus padres, ha encontrado consuelo en Travis, el novio que todas las madres ―incluida la suya― querrían para sus hijas. A su lado, espera construir una felicidad que echa en falta desde hace demasiado tiempo. Pero, después de dos años, parece que su relación se ha enfriado y el corazón de Vanessa no late como antes. Al menos hasta el primer día del segundo curso. En clase, la joven se cruza por primera vez con un nuevo compañero: tiene el cuerpo cubierto de tatuajes y dos ojos verdes en los que resulta demasiado fácil perderse. Thomas es una mezcla explosiva de fascinación y arrogancia, víctima y verdugo con un pasado atormentado. Él y Vanessa, tan distintos y a la vez tan parecidos, encajan como las piezas de un rompecabezas y entre ellos nace una relación tempestuosa, hecha de momentos de pasión y ternura, discusiones furiosas y reconciliaciones. Pero Vanessa quiere más, sueña con un amor de verdad, romántico y absoluto, ese tipo de amor que lee en sus novelas preferidas. Thomas, en cambio, rehúye cualquier vínculo, y es que una perpetua maraña de espinas no deja de atormentarlo. Sin embargo, si para ellos es difícil entenderse, separarse resulta imposible.
«Quien ama, tarde o temprano sufre.»
Para Vanessa y Thomas, amarse nunca ha sido fácil. Su relación está condenada a un equilibrio inestable entre el éxtasis y la perdición. No basta con contemplar un cielo lleno de estrellas o una casita en un árbol donde refugiarse; el sentimiento que los une está hecho de noches ardientes y unos celos feroces, destellos de romanticismo y faltas de comprensión que parecen irresolubles. Tras haber estado a punto de perderse, por fin las cosas entre ellos parecen funcionar mejor. Por primera vez, Thomas se muestra vulnerable ante Vanessa y le habla de los fantasmas que lo acechan. En su pasado, se produjo una trágica pérdida que lo convirtió en el chico iracundo y melancólico que es hoy, un alma rota que rechaza cualquier vínculo humano. Pero ni siquiera esta nueva cercanía parece bastar, porque el sufrimiento que lo atenaza es demasiado profundo. Mientras Thomas se sume en una espiral de autodestrucción, Vanessa vuelve a pasar tiempo con Logan, el amable —¿tal vez demasiado amable?— compañero de la universidad que está enamorado de ella. Logan parece ser el único que entiende a Vanessa y que está dispuesto a darle el apoyo que necesita. ¿Servirá eso para que Thomas reaccione? ¿Puede haber un final feliz para dos corazones en colisión?