Hay conceptos que se dejan
domesticar por la filósofa y otros
que resisten toda captura
La fealdad pertenece a esta segunda estirpe.
No es una noción dócil ni un objeto de contemplación
serena: es una experiencia que hiere, que incomoda, que
interrumpe. Atraviesa el cuerpo antes de llegar al
pensamiento. Aparece antes que la palabra. No se
presenta como idea, sino como sobresalto. Por eso, hablar
de la fealdad es siempre hablar desde una zona inestable:
un territorio donde la estética se cruza con la biología,
donde la cultura se mezcla con el miedo, donde la forma
se ve forzada a dialogar con su propia disolución.
El domingo y días feriados son ocasiones propicias para ir al pueblo y hacer acopio de provisiones de boca y ajuar
entonces hay oportunidad para darse el gusto de colarse en la gallera, y desatar el apretado nudo que echo en el
pañuelo a cuadro, y donde se esconden los chavos sobrantes. Allí encuentran todo lo que puede halagar sus vicios y
apetitos mal contenidos: peleas de gallos, golosinas y ron, pero lo que más le encanta y atrae es la fiesta (si es de
acordeón), o la bachata si es de guitarras y cantos o boleros. Allí se está largas horas, entre trago y trago, sin que le
preocupe para nada la heterogeneidad social del conjunto ni el hábito asfixiante con que el polvo y el sudor enrarecen el ambiente, ni la forma incivil con que se arrebatan unos a otros las bailadoras, hasta que entrada la noche vuelve achispado al hogar"
Las historias de La trayectoria de un loquero. De Madrid a la Florida nacen de una necesidad de narrar las cuitas y esfuerzos de un aprendizaje no exento del toque de la suerte para complementar la tenacidad de quien ha encontrado su destino, y donde la buena voluntad del universo atrae a las buenas personas prestas a echar una mano oportuna.
Segundo Imbert Brugal brinda lecciones de vida y oficio; experiencias vividas y reflexiones acerca de un ejercicio profesional de cinco décadas, en un oficio que ha cobrado la mayor importancia, abriendo paso a la conciencia sobre el cuidado de la salud mental. Estas son las vivencias de un psiquiatra que estudió y ejerció entre cocidos madrileños, huracanes tropicales, nieves canadienses y naranjas de la Florida... sin desprenderse de los afectos y vivencias en su tierra.
Tal como dice el autor: “Sobrado de pasado, intensificando el presente y escaso de futuro, alejado de rivalidades profesionales y del afán por hacerme de una clientela, estas memorias se escribieron con veracidad y ajustadas a lo vivido”.