Tendemos a pensar que las normas y las leyes existen para protegernos. Sin ellas, ¿cómo podríamos diferenciar el bien del mal, convivir en armonía y ser buenos vecinos?
C. L. Skach también creyó en la omnipotencia de la ley, y pasó su carrera recorriendo algunos de los lugares más fracturados y castigados por la guerra, leyendo y escribiendo constituciones para intentar reconstruir sociedades. Pero un día, sentada sola en una caravana reforzada en Bagdad tras un ataque con misiles, tuvo que admitir lo que llevaba años resistiéndose a aceptar: una buena sociedad no se impone desde arriba, se construye confiando menos en las normas formales y más en las personas.
En Cómo ser un ciudadano, Skach nos presenta seis ideas inspiradas en experiencias de todo tipo —desde guerras civiles hasta movimientos por los derechos civiles, pasando por la responsabilidad individual ante la injusticia y la ayuda mutua durante la pandemia— para ayudarnos a construir nuestras pequeñas sociedades. A veces, estas ideas pueden parecer simples —compartir las verduras del huerto, sentarse a conversar en un banco del parque—pero, en conjunto, tienen el potencial de transformar la sociedad desde abajo.
A medio camino entre lo personal, lo filosófico y lo práctico, Cómo ser ciudadano es un esperanzador manual para construir un mundo mejor entre todos.
Lysa TerKeurst, el Dr. Joel Muddamalle y el consejero profesional Jim Cress, presentadores del podcast Therapy and Theology, [Terapia y teología], ayudan a los lectores a entender lo que dice la Biblia sobre cómo sobrevivir a la muerte de un matrimonio mientras se busca la integridad y la sanación.
En la era digital, la reputación puede construirse o destruirse en segundos. Este manual ofrece una guía práctica, sistémica, estratégica y emocionalmente inteligente para gestionar con éxito, claridad y determinación las campañas de difamación o ataques en redes sociales y otros medios de comunicación masiva.
Desde la aparición de Facebook en 2004, seguida por el auge de YouTube en 2005 e Instagram en 2010, el ecosistema digital se ha convertido en el principal escenario de interacción pública. Millones de personas publican, comparten y comentan información en tiempo real. Con el tiempo, herramientas como los grupos de WhatsApp y los canales de difusión ampliaron el alcance personal y comunitario de los mensajes, convirtiendo a cada usuario en un potencial emisor de contenido masivo.