En el 58 a. C., Roma, la Galia y Egipto eran tres mundos distintos que, sin saberlo, iban camino de un único destino…
Si en Roma soy yo conocíamos los orígenes de Julio César y enMaldita Roma asistíamos a su ascenso político, ahora César se enfrenta a uno de los mayores desafíos históricos de todos los tiempos: la conquista de las Galias, un territorio siempre hostil a Roma, vasto, inmenso y, a ojos de los enemigos de César, un lugar inconquistable destinado a ser su tumba.
Con una rigurosa documentación y un ritmo soberbio vivimos el sufrimiento y la épica de la guerra de las Galias, pero también presenciamos la lucha política fratricida en Roma y viajamos al exilio con el faraón Tolomeo XII, expulsado de Egipto en compañía de su hija, la joven y mítica Cleopatra.
La Galia, Roma y Egipto, una colisión inexorable de tres mundos legendarios en la que culmina la Trilogía del Ascenso, el primer ciclo de la serie sobre Julio César.
Agosto de 1944. Treinta y siete oficiales de inteligencia aliados, condenados a muerte, entran en el Bloque 17 del campo de concentración de Buchenwald. Entre ellos, el comandante Forest Yeo-Thomas, enviado especial de Churchill como enlace con los líderes de la Resistencia; el capitán Harry Peulevé, responsable de la SOE (red creada para sabotear y espiar a los nazis), y el teniente Stéphane Hessel, agente de los servicios secretos de la Francia Libre (y posteriormente célebre autor de ¡Indignaos!). Tres semanas después de su llegada, el jefe del bloque recibe una primera lista de hombres que van a ser ejecutados. Pronto les tocará a esos tres oficiales. Con la complicidad de la resistencia clandestina del campo, los tres trazarán un plan arriesgado: entrar en los mortíferos barracones donde se experimenta con una vacuna contra el tifus. Una carrera contrarreloj que dejará sin aliento a los lectores mientras viven los días de coraje, angustia y esperanza de un puñado de hombres atrapados en las luchas de poder de Buchenwald.
La desaparecida localidad de Atlas, a pocos kilómetros del puerto más importante del Pacífico, acogió hasta 1892 a una población flotante de casi tres mil inmigrantes de doce nacionalidades, sirviendo de residencia temporal y epicentro de trámites aduaneros. Como una pequeña república, poseía su propia divisa y banco universal, una capilla ecuménica, diversas oficinas consulares, su propia estación de tren y, en los días de auge de la fotografía post mortem, su propia médium: la joven Abigail Clayton, quien, a través de su cámara de fuelle y la técnica del ambrotipo, recibía mensajes de los cadáveres que retrataba. Aristócratas y diplomáticos de todo el mundo viajaron a conocerla, fue amada y temida, hasta que una acusación de demencia y un juicio por homicidio terminaron con su corta carrera.
Dicen que estuvo encerrada en un manicomio casi veinte años antes de que la tuberculosis la matara. Eso dicen. A veces, la verdadera historia solo la conoce la misma Muerte. O se revela en sus fotos.